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¡Abrazos, no balazos!

Raúl Flores Martínez.

La orden del Presidente Andrés Manuel López Obrador a los integrantes de más Fuerzas Armadas fue precisa, no “atacar” al pueblo, una orden que debe de cumplirse por arriba de las vidas de marinos y militares.

El ejemplo claro de una orden que está de más en el caso de las organizaciones criminales. Pondré un ejemplo por demás crudo, pero real.

El 4 de diciembre, en el municipio de San José Carpinteiro, Estado de Puebla, un grupo de pobladores rodeó a una célula del Ejército que resguardaba una pipa con combustible robado.

Para recuperar esa unidad, los huachicoleros llamaron a los vecinos del lugar para confrontar a los militares que recibieron de todo.

A esto se arriesgan los integrantes de las Fuerzas Armadas que pueden ser golpeados, ejecutados o humillados bajo el concepto de “no atacar al pueblo”.

¿Qué va a pasar en el caso de un ataque de estos pobladores, que reciben pagos que oscilan de los mil a 5 mil pesos, para confrontar a las autoridades?

Ahora los delincuentes ya no son protegidos nada más por el cártel de la CNDH y sus sicarios; sino también por una decisión personal que tomó el Presidente de México.

Una decisión que costará vidas al tener amarrados de las manos a los militares. Ya se dio el primer enfrentamiento en la administración lopezobradorista entre pobladores y soldados.

Un enfrentamiento donde aguantaron los militares. ¿Cuántas veces debe pasar este tipo de situaciones para comenzar a poner orden?

Quizá los asesores o el propio Presidente no sepa que los delincuentes no se tentarán el corazón para golpear, matar o rebajar a los integrantes de una de las instituciones más queridas del país.

El concepto de “abrazos, no balazos”, no se aplica a cualquier persona, menos cuando se trata de disminuir y castigar un delito que ha golpeado el erario público.