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Aduanas, a la báscula

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José C. Serrano.

Don Guillermo Colín Sánchez es el autor del libro Así habla la delincuencia y otros más… En tiempos ya remotos fue jefe del grupo de aprehensiones de la policía judicial; el cargo le brindó suficientes oportunidades para percatarse de la forma de hablar de los transgresores del orden jurídico.

La diversidad de cargos que con el tiempo hubo de asumir, casi siempre relacionados con la cuestión penal, acrecentaron en él la idea de llevar a cabo una recopilación, lo más completa posible, del léxico usado por la delincuencia y de otros más que, aunque eran transeúntes fugaces de oficinas del Ministerio Público, al igual que juzgados y reclusorios, hicieron sus aportes a dicha recopilación. En la página 209 de la citada obra el jurista Colín Sánchez expresa: Pasar a la báscula es cachear, registrar los bolsillos, esculcar.

Y eso es lo que se propone llevar a cabo Ricardo Peralta Saucedo, administrador general de Aduanas, luego de reconocer que tanto servidores públicos como particulares vieron en ellas un negocio propicio para enriquecerse.

Tras revisar y analizar la información acumulada por décadas se percató de que las organizaciones delictivas que trafican con drogas siguen adquiriendo armamento de alto poder y, continúan moviendo cuantiosos cargamentos de estupefacientes. Todo este trasiego se realiza a través de las 49 aduanas del país, en una abierta complicidad entre altos funcionarios del Servicio de Administración Tributaria (SAT) y el crimen organizado.

El movimiento del cotrabando de textiles, juguetes chinos, cigarros y otras mercaderías, cuya introducción es ilegal se paga en efectivo a los funcionarios y luego los cargamentos pueden ser trasladados, en fletes privados, a ciudades importantes del país; en la capital de la República se comercializan, principalmente en el barrio de Tepito. Y detrás de las mercancías el administrador de cada aduana envía por carretera los maletines de dinero para “salpicar” a la red de cómplices. Es la mafia oficial.

Los cobros son cuantiosos: 35 mil dólares, aproximadamente, por cruce. Cuando las sumas alcanzan varios millones de pesos el dinero es trasladado a la Ciudad de México, donde empieza el reparto y éste llega hasta la cúspide, pues las operaciones, en su mayoría ilegales, deben llevar el visto bueno del adminsitrador general de Aduanas.

El nuevo titular del organismo recurrió a la consulta de informes de inteligencia. Se enteró de que la mayoría de los administradores de las aduanas del país ya tienen acuerdos establecidos con las mafias del contrabando, del narcotráfico y del tráfico de armamento. Desde las administraciones aduaneras les indican qué aduana utilizar, qué ruta marítima tomar, dónde descargar la mercancía.

Todo esto ocurre, porque mientras los cargamentos están en trayecto, la red mafiosa opera en tierra la corrupción para que las mercancías ilegales ingresen al país sin mayores contratiempos.

En la estructura orgánica de cualquiera de las 49 aduanas del país figura el puesto de vista aduanal. Este personaje tiene el carácter de autoridad, cuya función es de carácter adminsitrativo, consistente en el reconocimiento de la mercancía importada o exportada para verificar si lo declarado por el particular y su agente aduanal, en el pedimento respectivo, concuerda realmente con la mercancía objeto de la importación o exportación, determinando los impuestos correspondientes.

Si el de vista aduanal es un cargo administrativo y, para llegar a esa posición sólo se exigen estudios de preparatoria y una capacitación de tres meses, lo esperado es que la remuneración sea modesta. Pero no en todos los casos ocurre tal suposición. Hay algunos vistas aduanales que acumulan fortunas cuantiosas, que les permiten edificar mansiones de lujo en sitios tan exclusivos como Paseos del Pedregal de la Ciudad de México, tripular autos deportivos, usar relojes de manufactura suiza, vestir trajes y calzado costosos.

Ricardo Peralta advierte que ninguna de las 49 aduanas del país, terrestres, marítimas y aéreas se salva, pues se han convertido en la “catedral de la corrupción”. Reconoce que el reto para el gobierno federal en materia de aduanas es enorme, “tanto en el ingreso de mercancías lícitas que en contubernio con los empelados de las aduanas pagan menos impuestos de los que corresponde, como en el ingreso de lo ilícito, como armas, droga y dinero”.

Peralta Saucedo comenta que tradicionalmente la aduana ha sido una institución de mucha importancia en el país, “y eso se refleja en los 845 mil millones de pesos que contribuye por pago de derecho e impuesto al valor agregado (IVA), y por ello se ponía a personas cercanas al poder político como un favor, ya que estar ahí era un sinónimo de riqueza ilimitada”.

El nuevo administrador general de Aduanas, debe registrar y esculcar sin distingos ni miramientos los bolsillos de quienes por años han medrado con los recursos de la nación. Pasarlos a la báscula es ineludible.