El secreto geopolítico en el discurso de AMLO

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Los proyectos geopolíticos de López Obrador son tres nuevas fronteras internas. Alguien las diseñó y no parece que la manufactura sea local, porque los tres representan zonas que conforman realmente un solo sistema geopolítico enmarcado en el interés del perímetro de seguridad hemisférica. Así de sencillo.

Desde Porfirio Díaz nadie se había atrevido en abierto, y menos en el discurso de inicio de un nuevo gobierno ante las cámaras, a centrar el esquema de un régimen nacional ligado a una alta prioridad internacional. Porque así si se entiende todo lo que parece inconexo.

En la época de Díaz se planeaba un paso terrestre de este a oeste que compitiera con el Canal de Panamá. El proyecto original estaba inmerso en el polémico Tratado MacLane-Ocampo, que surgió para beneficio de Estados Unidos; con la aquiescencia de Juárez, como parte del propósito para que los europeos no pudiera hacerse de un codiciado tránsito, del que ya habían preparado en el imperio de Maximiliano, la unificación de un Departamento de Tehuantepec, quitándole a Veracruz y Oaxaca ese territorio, como se puede ver en la Historia de las Divisiones Territoriales de México de Edmundo O’Gorman, lectura obligada para saber de los antecedentes de organización espacial de nuestro país.

Pero como a Estados Unidos le salió mas fácil dividir Colombia e inventar Panamá, el Istmo mexicano quedó para esa nación relegado a un segundo plano; es decir, cuando lo quiso revivir Díaz, lógicamente era para otros. Tal vez por eso cayó Porfirio Díaz con la facilidad que sucedió, porque él mismo vio su osadía de actuar sin línea hemisférica, pero era tarde, para lo que ya se había desatado.

Pocos años más adelante surgió el telegrama Zimmermann, donde los alemanes, en voz del Ministro de Asuntos Exteriores del Imperio Alemán, Arthur Zimmermann, ofrecían a México devolverle los territorios perdidos en 1847 si Carranza le declaraba la guerra a Estados Unidos. Ese telegrama, como se ha analizado por expertos, no puede tomarse como suceso aislado, ni como ocurrencia.

El maestro de geopolítica Alberto Escalona, a mediados del siglo pasado, incluso denominó al Istmo de Tehuantepec como el heartland mexicano en analogía a la teoría mackinderiana, por cierto, ésta, como centro gravitacional de las decisiones estratégicas de los aliados durante estos dos últimos siglos. Hasta Roberto Barrios, quien fue Jefe del Departamento Agrario y Colonización con López Mateos, escribió un libro que tituló México ante el istmo de Tehuantepec.

Hoy, el compromiso de López Obrador, por primera vez desde hace más de cien años, se sustenta en una lógica que puede parecer lo menos complicada, para los que conocen algo del tema y por supuesto para sus huestes, les resulta absolutamente incomprensible.

Las nuevas “fronteras” son tres: la del Caribe con el proyecto del cuál el eje es el Tren Maya; la centroamericana con el nuevo Tren Transístmico como referente toral; y la frontera de “Las Américas” en el sentido geopolítico como lo explicó Spykman; en este caso, para impedir la hispanoamericanización de Estados Unidos. Esta “frontera” es un territorio tapón, en principio de una franja de 25 kilómetros a lo largo de la frontera formal con los Estados Unidos. Es un intento por crear una zona con desarrollo intermedio para los que logren trasponer las dos fronteras anteriores. Tiene un problema mayor en ambos lados de la frontera formal: el agua.

Hay interpretaciones menores que se suman a la idea geopolítica mayor: por ejemplo, el médico Jalife con inclinaciones echeverristas, que maneja información de negocios de la cúpula libanesa en México, léase del magnate Slim, dice por ejemplo que los chinos serán los usuarios del Tren Maya, como turistas. Jamás los chinos son eso, ni lo serán, la cultura maya les importa un bledo, como se quiere vender.

Si el plan para su grupo, el de Slim, contra el de Emilio Gamboa, como dice Jalife, es ese en la zona maya, se reafirma una invasión china, no sólo de capital y tecnología, sino de mano de obra: millones de chinos van a ocupar la zona. Son, desde su perspectiva unos cuantos, para repoblar las zonas inhabitadas del sureste y crear la primera frontera sinomexicana de la historia.

En términos de violencia las triadas contra los maras.

Del istmo es crear el corredor que ya necesita aliviar la saturación del Canal de Panamá; a la vez, reconocer el carácter sociológico de la diferenciación con Centroamérica. Chiapas, gregariamente, en lo social se inscribiría de donde ha sido culturalmente, para orientar a ese estado hacia lo maya, muy aparte de la industrialización salvaje que se va a catapultar en la región ístmica.

Por último, se van a empezar los cimientos de una región -en el caso de resolver lo del agua- que pudiera significar hasta una megalópolis horizontal global e internacional, en ambos lados de la frontera, con un muro impresionante en medio; donde la etnia mexicana ha crecido asombrosamente en los últimos cincuenta años. Bajo reglas similares a los dos lados del muro, que permitan estrictos controles a fuerzas binacionales. De entrada, todos los negocios medianos y grandes se van a trasladar a esa zona en un año, porque la amnistía fiscal los va a empujar.

Es un proyecto que México no tuvo, el del PRI fue de guerra fría en contención a Rusia, por eso se sostuvieron y por eso estuvo encabezando el poder una élite consanguínea, como los merovingios, con las consecuencias biológicas similares. La transición de los mayordomos de palacio como Pipino el Breve, fue de usufructuar solamente lo de los merovingios, así estuvieron Martha Sahagún y Calderón sedado, apuntalando la globalización básica sin éxito. La que dice Gurría desde la OCDE, aún con lo que reformó Peña, que no es suficiente.

Ahora falta ver si López Obrador le entiende a su proyecto o se lo propusieron. Porque aunque vinieron 13 jefes de estado y/o gobierno a la ceremonia de toma de protesta, faltaron los de Costa Rica, Panamá, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Francia, Canadá, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Alemania, República Checa, Grecia, Italia, Israel, Arabia Saudita, Egipto etc. Vinieron los de la República Sarahuí, en África, una que muy pocos reconocen; y también un embajador de la canción y la poesía. Es decir o muchos saben qué onda o muchos desconfían.

Lo que es cierto es que, de entrada, la izquierda latinoamericana -que no tiene proyecto- ya tiene un interlocutor que medie, quieran o no.