Presupuesto para achaparrar económicamente al mexicano

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Imposible sustraerse al análisis de la propuesta del presupuesto que Hacienda presentó en la Cámara de Diputados, porque es algo verdaderamente digno de tomarse en cuenta. En el pasado a casi a nadie le interesaba. Los diputados, y no se diga los senadores, se han sometido de entrada a lo que Hacienda les presenta. En términos generales no conocen el tema.

Recuerdo que hablando con un personaje encumbrado del régimen de Salinas, me comentó, en buena onda, que nadie podía con Hacienda, me dibujó un trabuco imparable. Un oráculo con sus propias reglas a las que sometía a todos. Nunca lo he creído, más bien he constatado que los diputados lo que quieren es recuperar parte de lo que les dieron los gobernadores para ganar la elección. Lo que quieren la mayoría es una carrera política, en pocas palabras, apropiarse de presidencias municipales importantes y eventualmente hasta obtener gubernaturas. Y en ese contexto no le han visto caso contender con Hacienda, al fin de ahí partió la idea de los moches.

Hacienda es un mito. No es invencible, sencillamente parte de la idea de que el que tiene el dinero, tiene el poder. Y los presidentes se han dejado llevar por esa tradición, y asumen que deben pedirle a esa burocracia dorada que no se olviden de sus intereses y de sus proyectos. Lo demás, como se dice, son ajustes.

En este caso las cosas han cambiado. López Obrador está apretando, aunque después, como todos, se arrepienta; los ajustes de hoy, cimbran estructuras con intereses burocráticos que pensaban jamás serían tocados; temas de escaparate que apantallan: las universidades públicas, el CONACYT, los agricultores con solvencia y, para no ser exhaustivos, mencionó algunos como aquéllos que están en tres o cuatro programas sociales, alegando vocación profesional de pobres; así como muchos beneficiados imaginarios de los programas de emprendedores y de otros proyectos, que se atreven en llamarles “productivos”, que son un fiasco.

De pronto les quitan dinero a los intocables, se rasgan las vestiduras y el remedo de oposición, que nunca ha surcado por las causas de la justicia, se presta a defender los altos sueldos de los rectores, las canonjías de sus subalternos; los cursos improductivos en el extranjero, el dinero para la onda esa del género, y los apoyos a los agricultores y ganaderos que no los necesitan. Ya tienen mucho y siguen siendo mezquinos y antisolidarios. Gachos, pues.

Hablan los que se oponen de lo que desconocen, de lo que han oído de lejos y se imaginan lo que ni idea tienen.

Como si las universidades no fueran simples escalones para formar clientelas políticas, con una productividad e innovación de quinta; tienen dinero para todo, menos para mejorar la enseñanza que sigue por los suelos. Sus rectores andan en la ruta de ser gobernadores, senadores, diputados y todos los de la UNAM tienen la impronta de querer ser hasta presidentes. No voy a dar nombres porque se me acaba el espacio. ¿Y las innovaciones en la ciencia? Bien gracias.

No se le vaya a ocurrir a usted querer dar clases y no ser de la mafia consolidada de los comunistas de opereta y tertulia, cuates del chupe de los líderes sindicales, porque se la hacen cansada, imposible. Para ellos, los que tienen prioridad son los que han sido funcionarios priístas o perredistas y maestros a la vez, de tiempo completo, aunque vayan a clases ni la tercera parte del tiempo que cobran. ¿Miento?

Años sabáticos, vacaciones de todo, estafas maestras en las que los directores de las escuelas y facultades son verdaderamente maestros; son las características de las universidades públicas y no se le vaya a ocurrir querer una audiencia con un rector, porque si la logra es para que no lo escuche y lo vea con desprecio. Hoy les quitan una piscacha y a llorar. Soñaban con un Peje a modo. Es patético.

Muy bien, es justo que ya no se tire por la borda el dinero de esa manera. Pero lo que parece es desalentador es que los recortes de los que esbocé sólo uno, sirvan para lo mismo y otro tanto.

Porque se fortalece en la visión presupuestaria de Hacienda, la carrera de pedinche, la vocación de “Pepe el Toro”, la de hacer profesión de fe de pobre consuetudinario y adicto permanente de las causas perdidas. Porque hay dinero para los perfiles que aleguen y se comprometan a ser infelices, amargados que conserven el odio de clase y si se puede, que demuestren que son elocuentemente envidiosos.

Como dice la Eréndira Sandoval de esa cosa que es la Función Pública, bájenle el sueldo a todo mundo, hasta los del sector privado; porque nada más ella puede usar un Cartier de reloj, los demás, no. Faltaba más.

Y le ponen mucho dinero para los que hagan colas denigrantes, para los jóvenes que no quieren ser despachadores de gasolineras, como yo he sido; para los que no quieren servir mesas, como muchos lo hemos hecho; para los que quieren una vida muelle y que el bono o el apoyo les llegue a tiempo para pagar la mota que se debe y no los vayan a levantar porque el Estado debe cuidarlos porque al fin que ya es legal.

Proyecto achaparrador que premia al que insiste en vivir en el desaliento y castiga al que se esfuerza. Ese fue el error de los fallidos y hoy muertos PRI y PAN. La tendencia nacional sigue en el absurdo de la filosofía barata de un Gutiérrez Barrios, que decía agotándosele el cerebro que: “cuando el pueblo dice que es de noche aunque la luz sea plena, hay que encender las farolas”.

El presupuesto no lo explica pero es un proyecto para regresar a la tradición, a la conseja de viejas, a la delación como método de control como lo dijo también la contralora, es algo folclórico para volcarse en un ayatolismo anacrónico, amalgamar en uno la fe política como prolongación de la fe chamánica. Rectificar el futuro en el pasado, para acabar sacrificando doncellas en los cenotes para que venga la inversión y se termine el Tren Maya.