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La relación con Caracas

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Rubén Cortés.

México se negó a sumarse a 13 naciones del Grupo de Lima para rechazar al nuevo gobierno en Venezuela, por un principio básico: nunca se debe estar contra los amigos. Y México y Venezuela, hoy, son amigos.

Las simpatías del obradorismo con Venezuela son patentes y notorias desde 2006, cuando el actual presidente de México tuvo la primera oportunidad de llegar al poder. Fue ese año en que se empezó a tejer con finura desde La Habana, la posibilidad de un eje Cuba-Venezuela-México.

Como todo lo que idea La Habana desde hace 60 años para América Latina, el eje por fin cristalizó el 1 de julio pasado. Ahora, Cuba-Venezuela-México pueden integrar un poderoso trío que por muchísimos años maniobraría en la diplomacia regional.

Así que no tiene nada qué ver con la Doctrina Estrada, ni con una política de no intervención en asuntos de otros países, la decisión de México de no sumarse al rechazo del Grupo de Lima al nuevo gobierno de Nicolás Maduro. Nada de eso: se trata de un decidido giro ideológico de México.

El Grupo de Lima surgió expresamente para tratar el tema de la dictadura en Venezuela y, el anterior gobierno mexicano llegó a estar al frente de los esfuerzos por lograr la reinstalación del Congreso y la realización de elecciones libres.

En verdad, al cruzarse de brazos en el caso Venezuela, México deja de estar a la vanguardia que ostentó en la solución de problemas en el subcontinente, desde el Grupo Contadora (1983) para pacificar Centroamérica, hasta la crisis de los balseros en Cuba (1994).

México fue garante (y sede de las conversaciones de paz) en la guerra de El Salvador. En homenaje, en 1983 el comandante guerrillero Joaquín Villalobos entregó al entonces presidente de México, Carlos Salinas, un AK-47 que Fidel Castro le había dado para combatir.

Sin embargo, en el caso del Grupo de Lima, el actual gobierno de México podría hacer más por Venezuela participando activamente, que absteniéndose. México es el país más fuerte de América Latina, y el que mejor relación política tiene con Washington y Cuba: algo podrá hacer.

Y Venezuela espera mucho de México. El 21 de diciembre de 2017, el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela destacó que un triunfo electoral de Morena aquí sería “clave para conjugar políticas internacionales con el gobierno del presidente López Obrador”.

Además, en entrevista con León Krauze en febrero de 2017, el actual presidente aseguró que la venezolana era una democracia electoral mejor que la mexicana, con elecciones más vigiladas. “Aquí nos han robado dos veces la Presidencia”, dijo.

Aunque, las válidas simpatías políticas y coincidencias ideológicas no deben hacer olvidar algo.

Nicolás Maduro es un dictador y Venezuela vive una dictadura.