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Un PRD de oposición constructiva, leal a las causas progresistas de la CDMX

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Isaías Villa González*.

Claudia Sheinbaum ha asumido como Jefa de Gobierno 2018-2024, en un proceso de bajo perfil, acorde a sus maneras, su campaña, sus propósitos; para ella y Morena lo realmente importante es el proyecto AMLO. Ni en campaña ni en la presentación y avance de sus planes y hechos existe nada esencialmente distinto o propio. Hasta ahora, sólo se ha limitado a copiar esquemas federales, como el de austeridad, con su caudal de despidos; y a criticar los muy vulnerables temas del gobierno anterior, como las fotomultas.

Lo que sí ha sido muy evidente es la supeditación de Claudia Sheinbaum a los designios de AMLO; una suerte de reedición de la Regencia, acorde a la idea retro de restaurar el presidencialismo imperial y autoritario. Así quedó demostrado en el caso de la discusión sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional (NAIM), donde muchos capitalinos deseamos que defendiera la salida del actual Aeropuerto Benito Juárez CDMX, para que en esas 710 hectáreas que dejara pudiesen erigirse proyectos ecológicos (el indispensable de recuperación pluvial) y educativos, para la viabilidad futura de nuestra urbe.

También queríamos que reclamara los recursos federales relativos al costo de capitalidad, como esquema institucional permanente, no como gracia circunstancial del Ejecutivo en turno. O que se opusiera al proyecto inmobiliario de Santa Fe para el Ejército, que como oposición tanto criticaron. Pero no, y entonces seguimos teniendo mucho qué requerir al gobierno para que ejerza a plenitud su soberanía, y construya planes estratégicos, de largo plazo, como la propia Constitución local dispone.

Es evidente que si el PRD quiere recuperar el rumbo y ser un instrumento de los capitalinos para mejorar la vida pública en nuestra urbe, ha de asumir autocríticamente y a cabalidad los errores del pasado reciente: haber aceptado el esquema de partido del gobierno; su permisibilidad e inmovilidad frente al dispendio, el desarrollo inmobiliario voraz y opaco, las excesivas y nunca justificadas fotomultas, la corrupción, el clientelismo, la cerrazón antidemocrática, etcétera. Se requiere hacer un compromiso y ayudar a avanzar en otro rumbo.

Por supuesto que, en justicia, ello no anula ni minimiza los avances culturales e institucionales, sociales, políticos, de libertades y derechos que el PRD consiguió para esta nuestra querida Ciudad y sus habitantes. Un sello indeleble que ha quedado expresado a plenitud en la Constitución Política de la Ciudad de México, la que se erige en el referente nacional más avanzado, como lo han sido tantas otras políticas públicas promovidas por el PRD en la capital del país. La tarea del PRD y las fuerzas progresistas ahora será coadyuvar a desarrollarla en leyes secundarias, y defender se mantengan, amplíen y profundicen.

En este papel de ser oposición propositiva, el PRD debe estar atento a las medidas que postule y lleve a cabo la Jefa de Gobierno y la mayoría de Morena en las Alcaldías y el Congreso de la CDMX. Nuestra urbe y su entorno tiene desafíos monumentales, no sólo para reestablecer su esplendor sino para su elemental sobrevivencia: los problemas estructurales de agua, movilidad, medio ambiente; los de seguridad pública, que sobre todo frene al crimen organizado; de crecimiento económico y generación de empleos formales, bien remunerados; de coexistencia metropolitana armoniosa y eficiente para resolver problemática común; de reestructuración y redimensionamiento de alcaldías y desarrollo local. Entre los principales.

Como podemos advertir, existe una Agenda importante de pendientes, retos para una administración pública eficaz, un buen gobierno con sello democrático y progresista, y para seguir avanzando en el cambio cultural, de pensamiento y conducta de la ciudadanía y población capitalinas.

El gobierno de la Ciudad de México, con Morena y aliados, tiene la mayoría legislativa y un amplio bono político y social, que deseamos pueda ejercer democráticamente y con inteligencia. En este contexto, la oposición partidaria y civil no sirve a los propósitos del bien público acomodándose, subordinándose; tampoco repitiendo el esquema de oposición cerrada, intransigente, descalificadora por definición.

La ciudadanía de la capital de la República ha demostrado de forma reiterada ser de avanzada; participativa, pero también crítica. Hoy se encuentra expectante con esta realidad distinta: la nueva mayoría tiene la responsabilidad de no vivir de la crítica del pasado, sino de ir mostrando esos cambios ofrecidos.

La oposición, el PRD en este caso, debe ser una oposición constructiva, que tenga la capacidad de acompañar medidas que mejoren el entramado actual y de perspectiva de viabilidad futura de nuestra urbe; y que siempre su crítica sea objetiva, inteligente, seria, sustentada, y que vaya acompañada de propuestas. El bagaje programático y de convicciones de izquierda democrática, libertaria y en favor de los Derechos Humanos que el PRD preserva, le da un espacio amplio en las simpatías y aspiraciones de la sociedad progresista de la CDMX.

*Fundador y Consejero Nacional y Estatal de la CDMX, del PRD.