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¡Por fin!… un Fiscal… ¿a modo?

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Alejandro Zapata Perogordo.

Para hacer la reforma constitucional y crear la Fiscalía tuvieron que pasar muchos años. Hubo infinidad de intentos a través de múltiples iniciativas para dotar de plena autonomía a la institución, que se garantizará su independencia como órgano técnico y alejada de los vaivenes políticos que comúnmente distorsionaban el ejercicio ético de su función.

Por fin, hace cuatro años se obtuvo el consenso suficiente y se plasmó en la ley fundamental, imponiendo una serie de fórmulas y mecanismos tendientes a evitar las consabidas maquinaciones de imponer lo que se ha denominado “un Fiscal carnal”, es decir a modo del gobernante en turno.

Así las cosas, el primer acuerdo consiste en que la designación corre a cargo de dos Poderes: la Cámara de Senadores y el Ejecutivo, la primera a través de mayoría calificada en su votación de dos terceras partes; también se retira el ciclo sexenal a efecto de que la persona que ocupe el cargo no se encuentre irremediablemente sujeta a compromisos de esa naturaleza y pueda, en los nueve años que dura el puesto, trascender y sobreponerse a las presiones políticas.

Si bien es cierto que no existe la persona perfecta, el objetivo consiste en obligar a acuerdos entre el Ejecutivo y la Cámara de Senadores y, al interior de ésta, explorar entre las fuerzas políticas ahí representadas los mejores perfiles, para lo cual están obligados a ir decantando las listas de aspirantes, pues dada la importancia de la institución y el poder que obtiene su titular, se optó por un procedimiento poco convencional y, en breve tiempo, estaremos en posibilidad de evaluar su eficacia. El hecho es que ese procedimiento ya inició y no bastan las buenas intenciones, el país requiere un Fiscal a la altura de las difíciles condiciones por las que atraviesa, que inspire confianza y sea capaz de garantizar la indispensable autonomía elemento esencial para esa función.

La hora de la verdad llegó y vistos los primeros pasos de la actual administración que sobresalen por una tendencia centralista, cabe pensar en la posibilidad real de que se pretenda imponer un Fiscal a modo, lo que daría al traste con un esfuerzo que lleva décadas y ése es un motivo de fundada preocupación, pues la Fiscalía constituye uno de los profundos cambios para lograr un Estado de Derecho, observar esa nueva institución como botín simplemente implica capacidad de mando acompañada de ceguera de Estado. Espero que los responsables de designarlo, tengan mente abierta, altura de miras y espíritu nacionalista.