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AMLO perderá la “guerra contra el huachicoleo”

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Nunca lo he dudado: el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, es un fanático religioso incompetente que aspira a más de lo que puede conseguir, con un alto costo político y social para todo el país.

Lo diré con total certeza, sin temor a equivocarme: AMLO perderá su irracional guerra contra el robo y la venta ilegal de combustibles. Todo por la mala planeación y ejecución de sus acciones. AMLO está sobrado de voluntarismo adolescente (“Me canso, ganso”), cuando a la delincuencia organizada se le combate con mucha inteligencia, mucha sagacidad y la aplicación adecuada del brazo armado del Estado.

Le sucederá lo mismo que a Felipe Calderón con respecto a su “guerra contra las drogas”: perderá por exceso de confianza, por falta de realismo, por arremeter torpemente en contra de un monstruo descomunal.

Bien lo dijeron, en su momento, los genios Sun Tzu, Julio César, Maquiavelo y Carl von Clausewitz: el arte de la guerra supone conocer suficientemente bien el tamaño, la fuerza, las habilidades, las debilidades y las alianzas del contrincante.

Coloquialmente diríamos que AMLO ya le tocó los huevos al tigre; a un tigre corpulento y fuerte, hábil y mañoso, con garras y colmillos puntiagudos. Un tigre que no es otra cosa que una máquina de matar y de devorar presas, porque le encanta la carne cruda. ¡Un tigre muy hijo de puta, pues!

Los incautos aplauden el “arrojo” del Presidente, cuando AMLO sólo está cumpliendo con su deber, aunque lo está cumpliendo muy mal: el gobierno debe combatir todas las modalidades del crimen organizado, pero con inteligencia, no a lo tonto. AMLO no nos está haciendo ningún favor, sólo está cumpliendo con su deber. Pero insisto: lo está haciendo mal, muy mal.

No me detengo a analizar los “argumentos” con los que los votantes y simpatizantes de AMLO defienden su desastrosa e ineficaz estrategia contra el huachicoleo: las sectas se caracterizan por tener miembros que todo le creen al líder, que todo le consienten al líder, que en todo apoyan al líder. Para su fanaticada masiva, AMLO es una especie de Charles Manson.

Los militantes, adherentes y simpatizantes de AMLO padecen una especie de Síndrome de Estocolmo Político: están enamorados de su secuestrador, de su torturador. Dura será la caída de estos cándidos parroquianos: en el pecado llevan la penitencia. Sólo es cuestión de tiempo.

Vayamos mejor a la cruda realidad.

AMLO y sus torpes funcionarios no saben, de entrada, de qué tamaño es el enemigo. Por ello, su improvisada y fallida actuación… ¡sólo va a fortalecer al huachicoleo!

¿Recuerdan al ridículo de Felipe Calderón con su casaca militar, tipo el Tontín de Blancanieves, muy echado para adelante, en diciembre de 2006? Ahora recuérdenlo en el velorio de las víctimas del Casino Royale (agosto 2011). Listo, ya tienen una imagen aproximada de lo que sucederá con López Obrador.

Un fenómeno delictivo tan grande y complejo como el huachicoleo requiere de estrategias muy bien pensadas, perspicaces, duraderas, sólidas, radicales… ¡Según el sapo la pedrada, dice la sabiduría popular!

El huachicoleo tiene, al igual que el gobierno, tres niveles de operación: municipal, estatal y federal. Me corrijo: tiene cuatro… ¡también tiene una vertiente internacional!

El huachicoleo también supone múltiples campos de actuación: desde el chamaco de ocho años que da los pitazos a nivel de calle, hasta el despacho contable que lava dinero en fondos de inversión de los paraísos fiscales, pasando por el funcionario público que maneja y vende información clasificada, y por el “señor cura” que atiende las “necesidades espirituales” de los pueblos y las rancherías que, en masa, se dedican al huachicoleo.

El huachicoleo integra a los tres sectores de la sociedad (público, privado y social) y a todos los espacios de la autoridad pública. Casi ninguna autoridad se resiste al “plata o plomo”: cooperas o te chingan. Peor la llevan, a este respecto, las autoridades municipales suburbanas, rurales e indígenas, cuyas policías casi juegan a las resorteras.

El huachicoleo posee, además, sus propias “fuerzas armadas” que, en no en pocas ocasiones, tienen en nómina a las fuerzas uniformadas del propio gobierno, al grado de no poder distinguir a qué horas velan por el cumplimiento de la ley y a qué horas se dedican a violarla.

Y lo más importante: el huachicoleo posee vasos comunicantes con otras ramas del crimen organizado, como el narcotráfico, el tráfico de personas, el contrabando, el robo a granel, el secuestro, el comercio de armas de uso exclusivo del Ejército, etc.

¿Alguien quiere emprenderla en serio contra el huachicoleo? ¡Sale, muy bien, sólo que mida acertadamente sus fuerzas y planee muy bien sus acciones!

¡Pero, por piedad, se trata de López Obrador!

Sí, se trata del pobre inepto que, cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal (2000-2005), NO PUDO ACABAR con la “mafia” de los ambulantes del Metro, con la “mafia” de los “diablitos” de los puesteros, con la “mafia” de los franeleros (viene-viene), con la “mafia” de los inspectores de comercios, con la “mafia” de los desarrolladores inmobiliarios, con la “mafia” de los microbuseros, con la “mafia” de los proxenetas, con la “mafia” de los taxis piratas, con la “mafia” de los clonadores de folios del Registro Público de la Propiedad, con la “mafia” de los narcomenudistas, con la “mafia” de los rateros de autopartes, con la “mafia” de los antros clandestinos, con la “mafia” de las verificaciones vehiculares chuecas…

¿Qué persona puede tomar en serio a López Obrador cuando afirma que acabará con la corrupción de la “súper mafia” de los huachicoleros?

¡Caray, es como esperar que un pelotero aficionado de Macuspana salte a las Grandes Ligas del Béisbol!

Si se quiere emprender una acción de dicho calibre, el gobierno debe prepararse en serio. En estas cosas no resulta válido salir con improvisaciones ni vacilaciones. Vean, ustedes, el actual caso del juicio de “El Chapo” Guzmán en los EEUU: vean, mis apreciables lectores, cuánta talacha bien coordinada tuvieron que hacer los gringos por tanto tiempo, con gente profesional y bien preparada, trabajando en equipo… ¡y todo para agarrar y procesar a sólo un “pez grande” del narcotráfico!

El pobre incapaz que tenemos en la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, no ha podido ni siquiera evitar que le saboteen el mismo ducto (Tuxpan-Azcapotzalco) cuatro veces en una semana… ¡y eso que tiene a hartos guachos vigilando las “instalaciones estratégicas” de PEMEX!

Este Presidente inepto no pudo, ni siquiera, diseñar una logística de distribución para garantizar el abasto de combustible para la gente que le paga un salario de 108 mil pesos mensuales…

Y, por cierto, ¿alguien sabe cuántos “bad boys” ha agarrado el soberbio tabasqueño? Digo, porque sí debe enojarnos que nos digan que hay mucha basura en el piso y luego ni polvito nos enseñen…

Señoras y señores: a mí me queda clarísimo que el mal llamado “Presidente de la República” es un inepto, un incapaz, un improvisado, que sólo busca dar golpes mediáticos para alimentar su egolatría de fanático religioso y para seguir engañando a los bobos que votaron por él…

Verán que el tiempo me da la razón, como me dio la razón cuando pronostiqué el fracaso de la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón.

¡Ah, y por cierto, también le debo recordar al mal llamado “Presidente de la República” un punto fundamental para cuando se inician acciones fuertes contra el crimen organizado!

Señor Presidente López Obrador: cuando uno ha decidido fajarse en serio con la “gente mala”, lo primero que debe hacer es reforzar la propia seguridad personal y familiar. Hay que rodearse de guaruras de alto calibre, como los del Estado Mayor Presidencial, que usted tanto ha sobajado.

Desde que usted le tocó los huevos al tigre del huachicoleo se ha vuelto un objetivo más del crimen organizado… ¡abusado! Su babosada ésa de “Abrazos, no balazos” sólo sirve para campañas de chocolate, no para la vida real.

¿Me acepta una recomendación, señor Presidente? Deje de viajar en vuelos comerciales, viaje en autos blindados cuando lo haga por tierra y hágase de una buena escolta… ¡hágale caso a su señora esposa, pues!

¿Me acepta otra recomendación, señor Presidente? No improvise en algo tan importante como el combate al crimen organizado. Su plan anti-huachicoleo será un estrepitoso fracaso. Y no le deseo suerte, porque es un hecho que no la tendrá.

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