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El huachicol, la corrupción y la estrategia

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Alejandro Zapata Perogordo.

Para nadie es un secreto que, desde hace años, el robo de hidrocarburos y el saqueo a Pemex ha sido un lastre brutal para el país. No obstante ser una empresa considerada entre las más importantes del mundo, ha sido señalada como ineficiente y plagada de corrupción. Ahí tenemos sin resolver ni aclarar, como botón de muestra, el caso Odebrecht, por mencionar uno de los múltiples desfalcos y desvíos con que ha operado.

Los excesos cometidos no fueron casos aislados, desde adentro se operaba toda una red de complicidades para apoderarse ilícitamente del combustible, hacerse de expendios y comercializarlo. En los recientes años, esa actividad llegó a extremos insoslayables: en la medida en la que la infraestructura se iba modernizando a través de ductos, en esa misma proporción se incrementó el saqueo y se expandieron los ladrones, a grado tal de que las filmaciones y videos sobre los momentos en que cometen sus tropelías, documentan y recorren el mundo entero.

Esas perniciosas prácticas debían urgentemente combatirse, tomando medidas extraordinarias y firmeza. La situación ameritaba un proceso de planeación, estrategia, definición de ruta crítica con metas y objetivos claros, concretos y posibles, para obtener resultados positivos.

En proporción guardada, hace algunos ayeres pasaba algo similar con la empresa ferroviaria: era común ver los robos a los trenes de carga y ahora ya ni nos acordamos de eso ¿que ocurrió? Simplemente se eficientaron en el manejo de su seguridad y logística, experiencia importante que debía considerarse.

Una cuestión fundamental consiste en que no debe combatirse el mal a través de otro mal: es injustificable pervertir los medios para conseguir los fines, en virtud de que se causan daños a la población y al propio país innecesariamente. El valor, la firmeza y voluntad no se encuentran en entredicho, por el contrario, se aplaude. La estrategia llevada a cabo es la que se cuestiona.

La falta de una adecuada planeación, donde se considerará la previsión, de una logística de abastecimiento alternativo, de comunicación e información verídica y transparente, ha traído consecuencias dañinas.

Es evidente la percepción generada en la opinión social de que se trata de una decisión unilateral, tomada de manera impulsiva, de bote pronto, sin prever daños colaterales de alto impacto, difíciles de subsanar.

Esa percepción, seguramente se acerca a la realidad, pues en esta etapa crítica se tuvieron que realizar acciones emergentes para paliar la inédita situación, como la compra de combustible en Texas por el Gobernador de Guanajuato y el apoyo de la Canacar con las pipas.

Si la tónica para solucionar los grandes problemas de México serán por esa ruta, dios nos agarre amparados, pues por lo visto nos esperan grandes sorpresas, pero eso sí… ¡desabasto no hay!