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Los juegos del hambre y de la ignorancia

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Miryam Gomezcésar.

En los múltiples foros, mesas y paneles de análisis, el debate de los temas más urgentes es el mismo pero con diferentes puntos de vista y alcances. Todos los participantes reconocen el fondo del problema más urgente que tiene con pinzas la economía del país y es el detonador de la violencia que atemoriza tanto a la comunidad nacional, es la corrupción.

Coinciden que se tiene que combatir. Sobre este vergonzoso aspecto del proceder humano dentro y fuera de la administración pública, se ha dicho tanto y es tan urgente frenar la exageración, que el tema está candente en la conversación de la mayoría.

Los medios de comunicación y redes sociales no escapan al despropósito, hay tanta manipulación y desinformación que con asombrosa facilidad logran cosas tan inquietantes como la polarización.

En su participación, algunos analistas son mesurados, pero no es la mayoría que atiza el fuego, consciente de que entre los efectos de una buena argumentación está el éxito de su intención, por inconveniente que ésta sea: juegan con fuego porque saben que lo que está de por medio es la economía.

La población habitante en la Ciudad de México, en los estados, en los municipios, ya sea de la zona urbana o rural, tiene conceptos distintos sobre un mismo tema y reaccionará según su realidad, estado de ánimo, su educación y su capacidad analítica. Hay demasiado fanatismo azuzado por vivales.

Unos con mayor conocimiento que otros sobre la manipulación y la influencia, los ciudadanos encontrarán en las exposiciones de los debatientes aquellas ideas que se asemejen más a las propias y, ahí, el poder de convencimiento del interlocutor encontrará terreno fértil para engancharlo. 

El riesgo está en que hay muchas figuras públicas con facilidad de palabra y capacidad de dominación con tanta influencia en ciertos sectores donde son convincentes y se prestan a mover a la gente. Esto, en un momento delicado como el actual, cuando se han tomado decisiones importantes que afectan frontalmente ese mar de intereses de quienes por décadas se han apropiado de los bienes nacionales que se combaten para calmar de alguna forma el humor de los mexicanos, resulta temerario.

Hay una herida profunda, fue inevitable y la molestia es parecida al pasaje mitológico griego de Heráclito cuando enfrentó a la Hidra de Lerna, el monstruoso gigante de mil cabezas que se compara con el poder de los involucrados frente a la indignación de los ciudadanos.

Un ejemplo que alerta y enoja es el engaño, la burla del fraude del empresario, del dueño expendedor que, adicional a surtirse de huachicol, roba producto al consumidor. Como lo sucedido a una ciudadana radicada en Zapopan, Jalisco, acostumbrada a llenar el tanque de su auto para el consumo semanal con aproximadamente mil pesos: en medio de la contingencia acudió a la gasolinería de costumbre donde, por la misma cantidad de litros, le cobraron alrededor de quinientos pesos extras por el servicio.

Lo menos que logró el expendedor es el apoyo al combate a la corrupción emprendido por AMLO.

La irritación social es inevitable, tanto por la escasez del indispensable energético como por lo que significa pagar por tanto tiempo un costo forzado, más impuestos por litros que no son tales y ser víctima de algo tan frustrante como un fraude sobre otro fraude, en la conciencia de que esto sucede con una gran mayoría de gasolinerías del país, según explicaron los funcionarios.

La estridente desmesura que rodea el tema de las acciones para acabar con el saqueo a Petróleos Mexicanos parece forzada, pero enfrente el descontrol y las reacciones tardías hacen lo propio. Cuando es necesaria la prudencia porque subir de tono la discusión, cuando la población está siendo afectada, es encender la flama de los enconos, como acostumbran hacer bajo la mesa en las organizaciones políticas.

Los que por un lado mandan a sus operadores a llevar grupos de choque para agredir de los ciudadanos formados para cargar combustible y, por otro, se aprestan a exigir frenar la estrategia que poco a poco se resuelve el abastecimiento en algunos lugares aunque en otros, la situación sigue idéntica y la angustia y desesperación de los afectados empieza a notarse en su hartazgo porque se creía que la situación había cambiado: Jalisco, Guanajuato, entre otros Estados, aún no cubren su demanda.

Apostar al divisionismo social que se observa en la actitud de líderes y gente oficiosa que no mide los alcances de la perturbadora explosividad de la situación que atenta contra la estabilidad interna.

Hablar con ligereza de la economía, tratando de convencer que el deslizamiento del peso frente al dólar que se ha frenado temporalmente, es un indicativo que tiene que ver con el buen dominio interno cuando los diarios internacionales apuntan a que se trata del paro de labores impuesto por el presidente norteamericano Donald Trump a su gobierno.

El momento es difícil para tratarlo como algo meramente interno, no considera el pronóstico de crecimiento del 1% estimado por el Bank of America, es temerario si consideramos las variables del entorno en las dificultades para emprender los proyectos ‘productivos’ de la presidencia. Esto se puede apreciar en las palabras del Presidente López Obrador sobre su trato amable al vecino del norte con el que no se confrontará, por tratarse del principal proveedor de gasolina al país, por lo que en el caso del trato a los migrantes sudamericanos andará con pies de plomo, con la mano extendida pero vigilante.

Se debe temer a la violencia que podría extenderse rápidamente por todo el país hasta convertirla en enfrentamientos directos más agresivos (como ya se ha visto en las gasolinerías), un polvorín que podría generar una crisis socioeconómica de grandes proporciones, difícil de controlar.

Estos son momentos de reflexión pero también de participación activa con miras a evitar en lo posible la imposición de acciones y medidas sin una obligada explicación, más allá de las lides partidistas, son acciones indispensables para cerrar la pinza, poner candados legales a cualquier intento de evasión de la justicia.

Si de cerca el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ya aceptó que el peligro existe, al responder sobre las probables consecuencia de las medidas emprendidas, que implica también un serio riesgo a su seguridad personal y de su familia: “Soy un ser humano como todos, sí siento miedo pero no soy cobarde”.

Todos advierten el mismo aspecto en la consciencia de que los golpes de estado, los magnicidios, ni son acciones extremas desconocidas o aisladas en América Latina, ni están exentas de poder suceder en México, máxime, cuando se observa cómo reaccionan esos poderosos cuando les cierran la llave, les bloquean cuentas bancarias a empresas gasolineras cuyas declaraciones al Sistema de Ahorro Tributario (SAT), contienen esos datos comprometedores, las notorias diferencias entre los depósitos, la adquisición de los combustibles, el volumen de venta y la ganancia bruta, son muchos los que se preocupan, de ahí que sea tan importante exigir prudencia porque se están multiplicando los problemas que exponen a millones de personas.

El más reciente, lamentable y doloroso, es el estallido ocurrido en Tlahuelilpan, Hidalgo, que causó 20 muertos y 71 heridos, reportados con quemaduras de segundo y tercer grado entre las personas que intentaban tomar combustible de la fuga de una toma clandestina del ducto Tuxpan-Tula, que en ese momento explotó. 

De inmediato se dio parte a las autoridades que activaron el DN-III.

En lo local.

El movimiento electoral en Quintana Roo, se acelera. En los partidos políticos se reparten las candidaturas al tiempo que se cocinan alianzas.

Hasta el momento, el PRD/PAN y el PES decidieron ir juntos en alianza al igual que Morena, PVEM y PT.

El Movimiento Ciudadano, liderado por José Luis “Chanito” Toledo Medina, confirmó que este partido va solo, así como el PRI, pero también deben ir solos por ser organismos de nueva creación el Movimiento Auténtico Social (MAS), de la felixista-hendrickista, Cecilia Loría Marín, y Confianza por Quintana Roo (CPQ), del Gobernador Carlos Joaquín González.