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La tragedia de Tlahuelilpan o la negligencia de López Obrador

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Hace justo una semana, publiqué en este mismo espacio un artículo en donde pronostico, sin ambages, la derrota de Andrés Manuel López Obrador en la “guerra contra el huachicoleo”, guerra torpemente declarada por él mismo.

AMLO perderá la “guerra contra el huachicoleo” se intitula mi artículo que, gracias a mis apreciables lectores, se ha mantenido una semana entera entre los más leídos de El Arsenal. Y los trágicos acontecimientos de Tlahuelilpan, Estado de Hidalgo, vienen a confirmar aún más mi pronóstico.

En su “guerra contra el huachicoleo”, Andrés Manuel López Obrador cometió el mismo error que Felipe Calderón Hinojosa con respecto a su “guerra contra las drogas”: una mala planeación derivada de un pésimo diagnóstico. Ambos presidentes no lograron concebir cuál era la dimensión real del problema al que se estaban enfrentando.

Obligado está el Presidente López Obrador a combatir al crimen, especialmente al crimen organizado: se lo manda la ley, hay que insistir en que ésa es su obligación. No nos está haciendo ningún favor, ni hay que “reconocerle” el haber tomado la iniciativa de combatir el robo y la venta ilegal de combustible (huachicoleo). Por algo las obligaciones son obligaciones.

Pero debido a su evangélica megalomanía, López Obrador buscó, ante todo, un efectismo mediático para apantallar a incautos y novatos (igual que Calderón, en su momento). Muy pagado de sí mismo, como siempre ha sido, AMLO quería dejar bien marcado un “antes” y un “después” de él mismo en la historia de México. ¡Hacer acciones trascendentes, morrocotudas, históricas, desde un principio!

Recuerden que él quiere ser el “mejor Presidente de México”. Él es la cabeza, la sustancia y el motor de la “Cuarta Transformación” de la historia nacional. En otros tiempos, alguien así estaría encerrado en un manicomio.

Pero el arte de gobernar no se hizo para maromeros de la política como López Obrador y, por eso, este personaje involucró al Estado Mexicano en una “guerra” mal planeada desde el principio, porque no se tomó la molestia de conocer a fondo a su “enemigo”: tamaño, formas de atacar, mañas, grado de su fuerza, habilidades, debilidades, territorios de operación, armas, alianzas, etc.

Y así lo dije y lo dije clarito: López Obrador pagará muy caro el precio de su negligencia, de su ineptitud, de su improvisación.

Lo dije claro, muy claro: entre sus múltiples componentes, el huachicoleo tiene una base social muy cohesionada y fuerte, sobre todo en los pueblos suburbanos, rurales e indígenas que colindan con los ductos de PEMEX. Se trata de pueblos, villas, rancherías y comunidades que se unen muy bien para “lo bueno” y también “para lo malo”, a la vieja usanza de Fuenteovejuna, la obra del genial Lope de Vega (1562-1635).

Y los pueblos aledaños a las tuberías de PEMEX son un chingo, pero de veras un chingo, así que el “enemigo” está en muchos lados, distribuidos por todo el territorio nacional por donde pasan los ductos de la millonaria paraestatal. ¡Nunca lo visualizó así López Obrador!

Poblaciones enteras tienen el control territorial pleno de muchas áreas huachicoleras, y las autoridades locales (civiles, vecinales, gubernamentales, armadas y hasta religiosas) se alinean o se alinean… ¡porque al que no se alinea se lo chingan!

–¿Quién mató al Comendador?

–Fuenteovejuna, Señor.

–¿Quién es Fuenteovejuna?

–Todo el pueblo, a una.

¡Lope de Vega era un genio! ¡Cuánta ciencia política, sociología y antropología se puede encontrar en sus obras literarias!

–¿Quién está sacando ilegalmente la gasolina del ducto?

–Fuenteovejuna, Señor.

–¿Quién es Fuenteovejuna?

–Todo el pueblo, a una.

¿Cómo procedería un gobernante inteligente para acometer a un “enemigo” tan mañoso y tan fuerte como la Fuenteovejuna huachicolera? De una cosa estoy muy seguro: no procedería como lo hizo López Obrador.

¡Qué tan fuerte es la Fuenteovejuna huachicolera que hasta el mismísimo Ejército se ha tenido que replegar, varias veces, ante ella!

Ahí están los videos en la red, y son muchos. Videos en donde vemos cómo llegan integrantes de las Fuerzas Armadas a un pueblo huachicolero a poner orden, a hacer cumplir las leyes, a hacer valer el Estado de Derecho. ¡Y, sopas, en cuestión de minutos, los guachos son rodeados por los lugareños que incluso amenazan con lincharlos!

Ahí están los casos recientes de San Martín Texmelucan, Estado de Puebla, y Santa Ana Ahuehuepan, Estado de Hidalgo. ¡Por poco no se salvan quienes inclusive ostentan el máximo poder del uso legítimo de la fuerza del Estado Mexicano… los militares!

¡Y todavía sale el “gansito amoroso”, Andrés Manuel López Obrador, con que no habrá balazos, sino sólo abrazos!

¡Habráse visto tanta incompetencia e insania en un gobernante mexicano, por favor!

Tomando estos antecedentes y sumándole las coberturas periodísticas (viernes y sábado), así como la comunicación social de los gobiernos federal e hidalguense, podemos darnos una idea certera y esencial sobre lo que pasó en Tlahuelilpan, Hidalgo.

Decenas de integrantes de un “pueblito muy bueno y muy sabio” (y huachicolero), llamado Tlahuelilpan, le estaba hincando el diente a un gasolinoducto, al parecer desde tempranas horas de la mañana.

En el lugar de la extracción, extracción tan ilegal como popular, hicieron acto de presencia militares y policías estatales; pero los parroquianos de ese “pueblito muy bueno y muy sabio” (y huachicolero) los superaba en número, así que mejor los guachos se replegaron, no fuera a ser que los bañaran en gasolina y le aventaran un cerillito. ¡Ya ven ustedes cómo es la gente “buena y sabia”!

Para mayores precisiones, y hasta donde se ha avanzado, veamos:

A las 16:50 horas del viernes 18 de enero de 2019, personal de PEMEX le comunica al Gobierno de Hidalgo y a la Secretaría de la Defensa Nacional la existencia de una perforación ilegal en la comunidad de San Primitivo, Municipio de Tlahuelilpan, Estado de Hidalgo.

A las 17:00 horas llegaron militares y policías estatales al sitio. Son rebasados en número por los huachicoleros y se repliegan.

La llamada al 911, para denunciar la fuga a borbotones de la gasolina, se realizó a las 17:04 horas.

Y la explosión sucedió alrededor de las 18:50 horas del mismo día.

O sea, que las fuerzas militares, bajo el súper comando de Andrés Manuel López Obrador, tuvo algo así como DOS HORAS para actuar eficazmente a efecto de: a) resguardar la zona para evitar posibles afectaciones a la salud, la seguridad y la vida de las personas avecindadas; y b) evitar el robo de combustible y/o agarrar en flagrancia a quien lo realizara.

Pero eso no pasó, simplemente no pasó… ¡lo que, de suyo, ya supone negligencia e ineptitud por parte del Presidente de la República y de su gobierno!

¡Y claro que podemos hasta pensar en responsabilidades penales por parte de las autoridades federales!

Estamos en presencia de varios delitos cometidos debido a la omisión de quien estaba obligado a actuar en un sentido: quien tiene el deber de actuar en cierto sentido y no lo hace, es responsable penal. Delitos de comisión por omisión, les llama el Derecho Penal.

Los militares llegaron para tratar de contener a la turba a objeto de que no siguieran robando gasolina, pero se replegaron al ser superados en número, al ser hostigados y amenazados por el “pueblo bueno y sabio” de Tlahuelilpan. Y los soldados no pidieron refuerzos o, si los pidieron, éstos no llegaron a tiempo.

¿Y quién es el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas? ¡El señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador!

Pero el señor Presidente, que se aventó como El Borras a la “guerra contra el huachicoleo”, estaba en Aguascalientes, promoviendo su programa populista orientado a establecer precios de garantía para el campo. Y hay que recordar que, previo a su viaje a tierras hidrocálidas, López Obrador les había pedido a todos los huachicoleros que dejarán de ser “traviesos” y que se portaran bien. Esto durante su conferencia de prensa mañanera de ese mismo día, viernes 18 de enero.

¿Ésta es la clase de Presidente que tenemos los mexicanos porque 30 millones de incautos se dejaron embaucar por él? ¡Ah, la vida!

Digámoslo en caliente: la tragedia de Tlahuelilpan se pudo evitar si las Fuerzas Armadas, comandadas por el Presidente López Obrador, hubieran actuado con eficacia. Tuvieron el tiempo necesario para ello: DOS HORAS.

Al menos hay tres responsables: el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, o sea, el Presidente López Obrador, el Secretario de la Defensa Nacional, General de División Luis Cresencio Sandoval González, y el comandante de la 18/a Zona Militar (con sede en Hidalgo), General de Brigada David Moreno Gutiérrez.

El Alto Mando Militar, con López Obrador a la cabeza, tuvo casi DOS HORAS para desplegar las acciones necesarias a fin de evitar la tragedia. Y no lo hizo o lo hizo mal: el signo de López Obrador.

Cresencio Sandoval afirmó que un grupo de 25 soldados y policías estatales buscaron evitar que cerca de 800 pobladores se acercaran al ducto Tuxpan-Tula, en Tlahuelilpan. Y, ante la agresividad de los vecinos huachicoleros, los armados sólo se replegaron, para mirar cómo llegaba la tragedia. ¡Y la tragedia llegó!

¡¿Qué?! ¡¿Cómo!?

¿Acaso el señor General Crescencio Sandoval y sus subordinados militares no saben cómo se debe proceder en estas circunstancias?

Todavía recuerdo, con mucho cariño, mi paso como conscripto por el Tercer Batallón de la Policía Militar, Campo Militar Número Uno, en el destacamento del famoso “Capitán Comadreja”:

–Conscripto Baños, ¿cómo se debe proceder cuando el enemigo nos supera en número?

–Señor, solicitar refuerzos sin demora, señor, haciendo hincapié en las rutas de acceso al lugar en donde se requiere el apoyo y en las características del combatiente, señor.

Combate o no, los militares destacados en Tlahuelilpan tuvieron que haber solicitado refuerzos, y si éstos hubieran llegado a tiempo, la tragedia no se hubiera presentado. No se necesitaba reprimir a la gente, sino simplemente contenerla y desplazarla hasta asegurar la zona del chorro y del derrame de gasolina.

Justo el lunes 14 de enero de 2019, López Obrador dispuso 12 mil soldados más para el resguardo y la vigilancia de los ductos de PEMEX… ¡12 mil soldados más!

Y el mismo Director General de Petróleos Mexicanos, Octavio Romero Oropeza, en la conferencia de prensa del sábado 19 de enero, dijo lo siguiente:

Cabe señalar que en el municipio de Tlahuelilpan se han llevado a cabo 10 tomas clandestinas en los tres meses a este incidente, siendo el penúltimo antes del de ayer, el día 18 de diciembre con incendio. Había habido varios que se habían detectado, el del 18 de diciembre pasado también fue por un incendio y tardó en apagarse 12 horas.

El mapa ya está completo, mis queridos lectores:

a) Las fuerzas del orden federales (militares, en este caso) se enteraron, con suficiente anticipación (casi dos horas), de la toma y de la extracción clandestinas de gasolina en la localidad de Tlahuelilpan.

b) Las fuerzas del orden federales (militares, en este caso) tenían la obligación de intervenir en Tlahuelilpan y, ante la inicial desventaja numérica frente de los huachicoleros, debieron solicitar refuerzos.

c) La Presidencia de la República ya había destinado 12 mil soldados más para la “guerra contra el huachicoleo”, así que personal militar había y mucho.

d) El mismo Director General de PEMEX, Octavio Romero Oropeza, aseguró que existían claros y graves antecedentes de huachicoleo en el pueblo de Tlahuelilpan. Al menos habló de diez tomas clandestinas en un período de tres meses.

Todo lo anterior apunta, señoras y señores, a que Andrés Manuel López Obrador y varios de sus funcionarios incurrieron en clarísima negligencia, incompetencia, ineptitud, inutilidad e irresponsabilidad.

De entrada, la responsabilidad de López Obrador es política y moral, pero no descartemos que puedan fincársele responsabilidades de tipo penal por los delitos cometidos por ausencia de la acción debida: delitos de comisión por omisión. Y la responsabilidad penal puede alcanzar a sus subordinados, por no haber actuado como debían por mandato de ley.

La clarísima negligencia gubernamental del Presidente Andrés Manuel López Obrador suma, hasta ahora, 71 muertos y 76 heridos, muchos de ellos de gravedad. La cifra puede aumentar.

Para concluir, digamos que una cosa ha quedado plenamente demostrada: la ineptitud del Presidente López Obrador, quien también es el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

Si AMLO tanto se llena la boca hablando de “moralidad”, de “valores”, de “principios”, de “honestidad”, lo menos que debería hacer es pedir licencia al cargo de Presidente de la Nación, y ponerse a disposición del Ministerio Público para deslindar responsabilidades por la tragedia del pueblo de Tlahuelilpan. López Obrador debe enfrentar a la justicia.

López Obrador ha dicho que quiere pasar a la historia y, en efecto, ya lo ha hecho: ha pasado a la historia de México como un Presidente negligente que, pudiendo evitar una tragedia, simplemente no lo hizo.

¡Y, ciertamente, la historia no lo absolverá!

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine