Luis Octavio Murat Macías.

“Hay tres especies de gobiernos: el republicano, el monárquico y el despótico[…] el gobierno republicano es aquel que el pueblo en su conjunto, o solamente una parte del pueblo, tiene el poder soberano; el monárquico, aquel en que gobierna uno solo, pero con leyes fijas y establecidas; mientras que en el despótico, uno solo, sin ley y sin regla, lo arrastra todo por su voluntad y por su capricho: he ahí lo que llamo la naturaleza de cada gobierno”. Montesquieu

México inicia el año 2019 con nuevo gobierno, administración federal que es señalada por sus adversarios como responsable de la tragedia ocurrida en Puebla la cual terminó con la vida del matrimonio Moreno Valle-Alonso. Tragedia que lo ha cimbrado hasta la médula restándole con ello certeza y credibilidad.

Sin embargo, y a pesar de que el gobierno intenta equilibrar la batalla en los medios de comunicación, la lucha parece aumentar presagiando más enfrentamientos en los frentes que la 4a Transformación abrió en corto tiempo.

Ahora la batalla se extendió con nuevos participantes que se han sumado a “la lucha de los contrarios”, a “la lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre lo que perece y lo que nace, entre lo que muere y se desarrolla”.

Nuevos actores, nuevas coyunturas para ser parte de “La Rebelión de las Masas”. Es el caso del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que hizo pública su oposición al gobierno de López Obrador y al proyecto del Tren Maya, que de construirse, comunicará destinos turísticos regionales como Cancún, Tulum, Palenque y Chichen Itzá; obra que tendría un costo inicial de 8 mil millones de dólares.

Sin embargo, las experiencias nos hablan que los costos se elevarán en la medida en que la obra avance en el sexenio de gobierno que inicia, tal y como ha sucedido en las magnas obras de los gobiernos que han transitado por la República.

El más reciente fue el aumento de deuda en la obra “inconveniente” del NAIM, proyecto con el que el gobierno contrajo un deuda millonaria en la recompra de los bonos emitidos por el gobierno anterior, a fin de respaldar la construcción del NAIM; aeropuerto que estaba proyectado para ser el tercero más grande y moderno del mundo.

Deuda que pagarán los gobiernos de México empezando por el actual y los que le continúen hasta el año 2040. Pero, como dice el tango de Gardel para animarnos: “20 años no son nada…” aunque para los contribuyentes, que ya estamos endeudados hasta el año 2040, 20 años son muchos años para los bajos sueldos de los trabajadores; más los altos costos de los energéticos y los altos precios de los productos de consumo básico.

Inicio de año difícil para gobierno y gobernados que todavía no ven claro ni sienten el beneficio de la 4a Transformación en sus economías y la confianza en el rumbo que el gobierno está siguiendo. Hasta ahora solo declaraciones, dichos, cucas y resultados ambiguos.

Año difícil en el cual el gobierno tendrá su primer examen frente a un duro y probado sinodal, el EZLN que tiene la experiencia suficiente y los márgenes de maniobra en negociaciones que, hasta ahora, le han reportado beneficios territoriales y autonomías que se han respetado, pero que ahora son amenazadas por el Proyecto del Tren Maya, amén del daño ecológico que, según la dirigencia zapatista, causaría su construcción.

El Presidente López Obrador designó a un negociador para destrabar el proyecto de construcción del Tren Maya. Se trata del subsecretario de la SEGOB, Zoé Robledo, cuya designación terminó con las especulaciones en el sentido de que el exgobernador de Chiapas, Manuel Velasco, senador con licencia, sería el encargado del Proyecto del Tren y posible intermediario en las negociaciones con el EZLN.

Veremos qué sucede en este jaque que el zapatismo ha hecho a la construcción del Tren Maya con objeto de detener la magna obra del Lopezobradorismo; a no ser que se atravesaran los caprichos del destino o de los grupos de interés como sucedió con el NAIM en el que se tuvo que dar marcha atrás.

@luis_murat