web analytics

Huelga en la UAM: ¿mezquindad sectaria o vocación social?

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Como ustedes ya saben, mis estimables lectores, la Universidad Autónoma Metropolitana está en huelga; una huelga que, hasta la fecha, se ha mostrado como un despropósito de intereses sectarios y mezquinos.

Se trata de algo más que un aumento porcentual a los salarios y a las prestaciones de los trabajadores.

Por un lado, tenemos a los trabajadores administrativos que quieren más plazas inútiles y parasitarias para sus familiares y allegados: una demanda por demás absurda en tiempos de la simplificación administrativa inherente al avance tecnológico, específicamente al avance informático.

Por otro lado, tenemos a los trabajadores académicos que se la pasan vomitando, en las aulas y en los pasillos, al sistema neoliberal de la “puntitis”, pero todos los años los pueden ver ustedes en fila india con sus cajitas de publicaciones recicladas tratando se seducir a las comisiones dictaminadoras para que les otorguen jugosas becas y apetecibles estímulos, a objeto de poder mandar a sus hijos y a sus nietos a colegios privados “neoliberales” que les posibiliten un mejor acceso al mercado laboral del mundo globalizado “neoliberal”.

Y, por otro lado, tenemos a autoridades universitarias totalmente burocratizadas que se obstinan en la opacidad y en la gestión poco eficiente de los recursos públicos, sobre todo de los que guardan relación con la contratación de personal “de confianza”, y con las obras de rehabilitación y de remodelación vinculadas con los daños estructurales derivados del sismo del 19 de septiembre de 2017.

Los intereses grupusculares están más que expuestos, a veces con la intención de pasar como “causas laborales o institucionales”.

Que conste que se los dice un académico de la UAM Xochimilco, total, consciente y orgullosamente automarginado: me fastidia la mezquindad y el sectarismo que prevalece en la educación superior que presume de “científica” y de “pública”. Me siento más a gusto en los rincones. Y los pocos colegas con los que gustosamente platicaba se han ido muriendo, como René Avilés Fabila y Sergio Martínez Romo.

Por su retahíla de mezquindades, la huelga de la UAM está condenada, de entrada, al fracaso.

Los huelguistas se han mostrado como estridentes defensores de sus intereses capillistas y sectarios. No han logrado generar interés social auténtico…

Otra cosa sería si la huelga tomara tintes sociales.

¿Sabían ustedes, por ejemplo, que la UAM no ha generado un sistema sólido y estructural de educación abierta y a distancia que aumente su matrícula y allegue la educación superior a un mayor número de personas?

La UAM se declara como una “universidad abierta el tiempo”, pero se halla lejos de ser una universidad abierta a todas las personas que quieren cursar estudios superiores, porque nunca ha pensado en las personas que, por compromisos laborales o familiares, o por limitaciones físicas, o por dificultades territoriales, se encuentran impedidas de asistir todos los días a un aula de varilla y cemento en un horario específico.

La UAM presume de ser una “universidad pública”, pero es “pública” sólo porque se sostiene esencialmente con “recursos públicos”, porque carece de una auténtica vocación social en tiempos del Internet.

Desde siempre, como profesor de la UAM Xochimilco, me he pronunciado por una universidad de verdad abierta y accesible a toda la gente, esto a través de un sólido sistema de educación abierta y a distancia que se base esencialmente en la autodidaxia: la educación más auténtica es la autodidaxia, sinónimo de anarquismo educativo.

En los tiempos del ciberespacio y del e-learning, la educación tendría que ser un bien económico auténticamente universal, tal como lo deseaban los enciclopedistas del siglo XVIII.

Pero lo que tenemos es, en cambio, un conglomerado de intereses mezquinos, soeces y sectarios disfrazados de “interés público”.

México se encuentra en óptimas condiciones para discutir a fondo las directrices de un auténtico sistema de educación superior de carácter público.

Pero la mentecatez de nuestros tiempos nos conduce a un callejón sin salida, en donde sólo existen dos opciones: a) la continuidad del actual sistema de educación superior, totalmente mezquino, burocrático y sectario; y b) la proliferación de centros educativos afines a la imbecilidad del demagogo populista que actualmente ocupa la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Éste es el tamaño de nuestra tragedia nacional.

Lo bueno es que la esencia de la educación sigue intacta, a saber: la autodidaxia, el anarquismo educativo.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine.

Twitter: @BanosLemoine