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México 2019: oportunidades perdidas

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Alejandro Rodríguez Cortés *.

No está mal impulsar un cambio si se tiene la oportunidad y se está en el lugar adecuado para hacerlo. Obtener la capitanía de un grupo, la gerencia de una división laboral, o la presidencia de un país obliga a hacer un diagnóstico correcto para desechar lo desechable, mejorar lo mejorable, pero también mantener lo conveniente.

Pretender una transformación sobre la base de descalificar todo lo previo no sólo es soberbio sino francamente peligroso, aunque nos empeñemos en ver un camino pavimentado de soluciones mágicas que, al final, no son sino buenas intenciones.

Con todos sus problemas, México es la undécima economía del mundo. Es una potencia exportadora y su moneda es una de las más líquidas en el mercado de dinero global.

En los últimos 50 años pasamos de ser una economía cerrada, protegida, autocontenida, a formar parte del concierto de naciones que mantienen sus fronteras geopolíticas pero abren sus economías a un intercambio gigantesco de bienes y servicios donde todos competimos para buscar el bienestar propio y colectivo.

Si bien debe atenderse la discusión sobre una mejor distribución de la riqueza y aplicarse las políticas públicas sociales orientadas a ello, parece que nos está ganando la nostalgia por un modelo ya rebasado en donde se protege al mercado interno, y se subsidia arbitrariamente a empresas y personas.

No importa que seamos un país más moderno, con mejor infraestructura y con ejemplos de orgullosa vanguardia económica (empresas globales exitosas), artística (ahí está Cuarón), deportiva (en menor escala, pero con brillantes excepciones).

No importa que seamos referencia mundial en muy diversos temas.

No importa nuestra privilegiada posición geográfica, nuestro clima y nuestras costas, nuestra gastronomía y nuestra inclusión en el mercado comercial más grande del mundo.

Lo único que parece importar es que hay que cambiarlo todo, porque todo está -supuestamente- podrido y carcomido. Aunque México pierda en ese indiscriminado juicio extraordinarias oportunidades:

* La oportunidad de tener el “hub” o centro de transferencia aérea más importante de América Latina. Mientras cerramos la magna obra del nuevo aeropuerto, ya nos está ganando Panamá.

* La oportunidad de atender de una vez por todas la asignatura pendiente de educarnos mejor. Ya nos volvió a ganar la CNTE, que quiere seguir haciendo como que enseñan, para que nuestros niños hagan como que aprenden.

* La oportunidad de asociarnos con empresas que nos traigan recursos y tecnologías frescas para explotar de mejor manera nuestros recursos petroleros y eléctricos. Ya nos ganó otra vez la vieja idea de que el petróleo es nuestro y que la “soberanía” energética es innegociable, no importa que haya desabasto de energía.

* La oportunidad de organizar el mejor evento automovilístico del mundo, escaparate mundial para atraer buenas voluntades, pero sobre todo divisas por inversiones nuevas y turismo. Ya nos ganó la vergüenza ladina de que es un evento para fifís.

* La oportunidad de buscar esquemas mixtos de participación público-privada para algo tan simple como cuidar y resguardar hijos de madres trabajadoras. Ya nos ganó la opción rápida de matar al paciente en vez de extraer el tumor maligno.

* La oportunidad de que tras un proceso electoral indiscutible que le dio amplio margen político al ganador, contemos con contrapesos que enriquezcan la legitimidad del Poder Ejecutivo. Ya nos ganaron las viejas fórmulas del carro completo, incluyendo los otros poderes y los organismos autónomos del Estado.

En fin, que nos está ganando la comodidad de darle toda la responsabilidad y nuestra esperanza al líder magnánimo y todopoderoso. Al caudillo que solucionará todos nuestros problemas, aunque en el fondo pensemos que una vez más nos puede pasar que fracasemos… ¡porque somos mexicanos y siempre la culpa la tendrá alguien más!

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz