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¿Y la Cheyenne, Apá?

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Ethel Riquelme.

La primera subasta pública de vehículos “fifís” fue un banquete para loteros, revendedores y la banda organizada de clientes frecuentes del SAE, quienes aprovecharon los vehículos, camionetas y motocicletas, en su mayoría procedentes del Estado Mayor, para aplicar estrategias de grandes apostadores y castigar los precios de bienes nacionales en remate.

Así, en segunda ronda, con precio de salida y un solo postor, se vendió en un millón 991 mil 300 pesos el Audi A8 W12 modelo 2012 con blindaje 6 que transportó a jefes de Estado y que fue entregado por la Cancillería, y, así, se levantaron unas 100 paletas cuando por fin salió, “Apá”, la Cheyenne 2003 color naranja en 29 mil pesos que sirvió para atender los pastizales de los agrupamientos de caballería del Estado Mayor Presidencial.

Ahí estuvimos, en el primer día de subasta a la alza donde el gobierno federal, a través del Sistema de Enajenación de Bienes, SAE, recaudó apenas 28 millones de pesos por la oferta de 118 vehículos, muy por debajo de la estimación de 50 millones de pesos.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, estimó que, en los dos días, con un total de 218 vehículos ofertados, se recaudarían por lo menos 100 millones de pesos, considerando el precio de salida, pero ayer los hechos mostraron una subasta de profesionales que le dieron la vuelta al Ejecutivo para llevar a la reventa un parque vehicular oficial, con inmejorables condiciones de mantenimiento y unos 80 mil kilómetros de recorrido promedio.

Son los clientes frecuentes del SAE que, en otras subastas públicas realizadas en diferentes Estados, y me consta, han pagado por un tráiler hasta 6 millones de pesos, un millón por un tractor y hasta medio millón por un vehículo decomisado con historial delictivo. Esta vez, se pusieron de acuerdo, escondieron las paletas, movieron los números de la puja, abandonaron la apuesta por los de mayor precio, obligando a una nueva ronda para adquirirlos con 15 por ciento de descuento adicional y dejaron desiertos los blindados de poco interés comercial para sus lotes.

Aquí, conocedores, ajustadores y loteros, estimaron que, con algunas excepciones, la mayoría de los vehículos se colocaron con un precio castigado de hasta el 40 por ciento con respecto a su valor real en el mercado y a su tiempo de vida útil.

Con la carpa de subasta colocada muy cerca de la pista de la Fuerza Aérea de Santa Lucía, la misma que se convertirá tarde o temprano en el nuevo proyecto aeroportuario del AMLO, personal militar y pilotos de la FAM –extraordinarios anfitriones de la subasta– atestiguaban con tristeza el proceso que en abril les hará perder buena parte de su flota de aviones y helicópteros.

¿Qué sienten? “Mmmhhh… tristeza. Algo”, dice uno. “Desesperación”, se atreve el otro uniformado que mantiene los brazos cruzados y las gafas puestas mirando al horizonte.

–No entiendo. Se perderán 120 mil millones de pesos por no construir el aeropuerto de Texcoco, ¿pero se busca recaudar 100 millones de pesos con esto? –reflexiona.

Se supo también que otros 50 vehículos “fifís” que el Presidente anunció como “encontrados” en algún lugar de la administración pública, en realidad siempre han estado en el SAE, en proceso de ajuste y validación, y que existen unos 2 mil inmuebles decomisados o asegurados a la delincuencia que podrían dejar mayores recursos al gobierno, pero que se encuentran en litigio o dentro de averiguaciones previas sin resolver.

De lo declarado por el Pesidente López Obrador, sobre casi 500 interesados en esta puja, también se aclaró que no es esa cantidad, pues en efecto se compraron por Internet 631 bases para subasta, pero lo hicieron solamente 329 personas, porque muchos adquirieron dos o tres bases.

Ello refleja poco interés o, por lo menos, el mismo que ha existido por las subastas tradicionales que lleva a cabo el SAE con entre 250 y hasta 350 participantes en promedio.

Este domingo la puja podría alcanzar mejores números con 100 vehículos de mayor rodada y el remate en segunda vuelta. ¿Quién da más?