El problema de México, la impunidad

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

No hay que andarse por las ramas ni andar exponiendo sesudas tesis de psicología social, como si todo mundo fuera un reconocido filósofo para darse cuenta que el problema mayor de México, catalogado por sus críticos como ingobernable, es la impunidad. Sí, porque las personas hacen de su mente una ley a su conveniencia, sabiendo que no hace falta seguir la ley común a todos, porque en la práctica es letra muerta.

Si usted, mi estimado lector, se detiene sólo un poco a reflexionar sobre su vida, lo que le consta que ha visto y experimentado, su valiosa opinión es muy clara: seguramente ha llegado a la conclusión, de que todo lo que ocurra en un supuesto terreno de “justicia” es una mala experiencia en la que hay que sacarle la vuelta a cualquier tipo de hechos y, si es víctima, no le queda más que aguantar, pero no caer en un laberinto lleno de malignidad. Porque casi siempre resultan culpables o tratados como tales, los lastimados, no los felones.

Se nos dice que ya se resolvió el problema de los ladrones de hidrocarburos y, apenas ayer, los mafiosos ya mero se llevan a la tumba a un reportero de un diario que andaba por Tula, haciendo su trabajo y estoy seguro que casi todos dirían ¿qué andaba haciendo en el peligro? Aduciendo que no hay que irritar a los maleantes, ni siquiera dejar que tengan en su mente la idea de que alguien husmea, porque lo sentencian a muerte.

De modo que la gente en México, rápidamente se pone las pilas y lo primero que ocurre en su mente es opinar como lo hacen los perversos. Otra forma de concluir se antoja absurda.

Porque las personas pueden delinquir porque hay un sistema de impunidad preferencial de alta eficacia. Por ejemplo, si se es muy rico puede tirar personas desde el balcón de un penthouse, durante una fiesta y no pasa nada; pueden los chamacos hijos de influyentes jugar a dispararle a la jovencita que hace la limpieza de la casa, hasta verla muerta. Porque todo el entramado del Estado se mueve sigilosamente para que los patricios la libren.

Pero no sólo los poderosos están habilitados a ejercer la impunidad con plenitud, también los pobres o los que parecen serlo, pueden realizar actos vandálicos, violaciones, colaboraciones con el crimen organizado, incluso tener como oficio de maldad ser asesinos, y siempre serán vistos con la benevolencia sacerdotal o del trabajador social con vocación que se explica, realmente justificando, una vida llena de insatisfacciones que le inclinan genéticamente a atentar contra los demás. Se sigue el viejo modelo del determinismo natural y geográfico para amparar al delincuente.

Una especie más de impunes profesionales ahora tiene una sólida estructura no únicamente de abogados, sino de burócratas y redes sociales, dispuestos a movilizarse en defensa de los transgresores sociales como los maestros que no lo son; o los del crimen organizado, que bajo el paraguas amplio de los derechos humanos, obtienen una forma peculiar de interpretación.

Eso sin contar que a la hora de la hora todos los criminales eran informantes de las diversas corporaciones, lo que significa que con toda la autorización realizaban sus fechorías siempre y cuando las reportaran con pelos y señales.

Y si el que debe ejercer la fuerza legítima, porque de eso se trata querer ser el Jefe del Ejecutivo, de poner orden en primer lugar, y no quiere, en abierto, como Fox que dijo que la violencia ni legítima; o Calderón de manera ingenua, o permisiva como Peña, que no hizo absolutamente nada para detener ningún delito, menos los de los gobernadores y funcionarios. Debemos concluir que es la impunidad en toda su esfera el principal problema. Porque nadie quiere gobernar insisto.

Hoy, desde la conferencia mañanera, ya se dijo que no habrá culpables. Entonces la nave está a la deriva al arbitrio del más fuerte. La rebatiña oficial, la ley de violín.

Y que los hombres buenos se aguanten porque otros buenos son traviesos, te matan, envenenan a los tuyos, te roban tu coche, te asaltan en el metro, te cobran peaje en las casetas de cobro y te bloquean para que tu mercancía se pudra y todo lo que invertiste se pierda.

Es la impunidad la que no se aguanta pero no parece ser claro para el pueblo bueno y sabio este flagelo, el número uno de los daños, porque el que la hace no la paga, se burla.