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Las aprobaciones de los 100 días

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Las obras de Adam Smith, Friedrich Hayek o Milton Friedman

servirán para que los liberales nos reafirmemos en nuestro ideario,

pero no para que nos lancemos a las calles a defenderlo.

James Buchanan

La gente sigue aprobando todo lo que hace o no hace el presidente López Obrador. Del listado de acciones consultadas los despachos que hacen encuestas, señalan altas calificaciones para todo, menos para las cancelaciones de las estancias infantiles de SEDESOL y de los espacios de protección para mujeres agredidas, o en peligro de ser violentadas.

Así que analizar cada una de las cosas que se han hecho o se han cancelado, resulta un ejercicio inútil, porque el veredicto de la gente de entrada descalificaría, como se hace en las redes, las voces tanto de los defensores de los intereses afectados, como las expresiones de los que pretenden algo de objetividad, cuestionando las decisiones llevadas a cabo o las consecuencias de las mismas.

Por eso reprobar lo que todos aprueban, es sencillamente dejar de ser escuchado, no tiene eficacia política; de hecho, reprobar lo que todos esperan llegue a buen puerto, siendo el interés de todos, incluyendo hasta de los críticos, de que el barco no zozobre, es augurar un mal indeseado. Decía el rey de Israel al de Judá en el libro de los Reyes, no traigas a ese profeta porque no me anuncia sino males.

El propio Jeremías fue echado en una cisterna lodosa porque aconsejaba someterse a los enemigos, nadie lo escuchaba y era molesto a todos. Tuvo razón, y hoy es admirado por entender el problema. En su momento, no.

Pero aunque los asuntos que ha realizado el gobierno o cancelado, desconsideran a primera vista todas las consecuencias que se pueden derivar y su complejidad en el entorno externo; hay dos cosas que son ciertas: una, nadie cuestionaba a los de antes como dictaba la ley no escrita de la pragmática nacional, y mucho de lo que se hace hoy, ya urgía.

Había que parar los intermediarios innecesarios de los programas sociales, quitarles el protagonismo y el patrimonialismo de aparecer como dueños y herederos de tales procedimientos. Había que acabar con oficinas onerosas en el extranjero, para hijos de influyentes como era Pro-México; y evidenciar a los consejeros con altos ingresos que simulaban un gobierno corporativo en las empresas publicas.

Esas y otras decisiones que socavaban el dinero de los contribuyentes deben seguir, porque como se ve, cubrían intereses menores que portaban erogaciones mayores. Falta continuar con las investigaciones de las estafas maestras, encubiertas por las autonomías de las universidades pervertidas en cuevas elitistas y hasta convertidas en partidos políticos encubiertos; y claro que hay que seguir revisando un sinnúmero de estructuras caras, inútiles y más que nada de simulación, de pantalla, pues; que han engrosado la burocracia con sueldos de alto rango bajo ningún argumento racional, sólo succionar los recursos públicos.

No digamos investigar a fondo los acaparamientos de compras de medicamentos como anunció López Obrador, señalando que de los 4 mil millones de dólares una sola empresa recibió contratos por mil millones de dólares el año pasado. ¡Un dineral!

De lo que se concluye que hacia delante no se puede ir muy rápido porque el lastre, no deja avanzar; y en cada asunto denunciado, salen más temas laterales pestilentes. Lo que obliga hacer cambios en el presupuesto y a modificar rumbos, que, dicho sea de paso, desalientan lo que llamó Edmund Burke como las fantasías volátiles, en referencia a los sueños que muchos políticos por su naturaleza adoptan, con resultados ya experimentados nada estimulantes.

Me parece que la gente está contenta y una de las expresiones gráficas de esas felicidades casi siempre efímeras, es la confianza del consumidor que está arriba.

Sin embargo, se tendrán que hacer ajustes y Hacienda quiere por fuerza salvar a Pemex de un hoyo profundo, como fueron las malas políticas de usar a la empresa como señuelo para obtener préstamos, mediante las maniobras maquilladoras de los itamitas; las interminables cláusulas que benefician al sindicato generando un pasivo laboral que excede el valor de la empresa; los impuestos que sirvieron para remontar el gasto corriente; la corrupción de los altos directivos, más el cártel del huachicoléo en su máxima expresión.

Rocío Nahle, la Secretaria de Energía, se defiende de las racionalizaciones de Hacienda y dice que “Dos Bocas”, la refinería, va; y que se anunciará su arranque el 18 de marzo.

En pocas palabras, el pantano del pasado es mayor de lo que pensamos y los planes se ven en entredicho.

Así que el capitalismo tan estigmatizado se sigue defendiendo solo, nunca va a salir a las calles. Sigue imponiendo sus reglas que son inevitables y lo que hace este gobierno, es acomodarse a esos intereses, que lo mejor que puede hacer es depurarlos y continuar limpiando la casa y en eso, creo yo, todos coincidimos, porque va para largo; hay todavía mucho cochinero.