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¿Breve espacio?

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Alejandro Zapata Perogordo.

Los primeros cien días de gobierno formal y los cinco meses previos a la toma de posesión han sido bien aprovechados por López Obrador, cuando menos así lo reflejan las encuestas, su habilidad de comunicación, el programa de austeridad y la desmitificación de la institución presidencial, son factores claves en cuanto a obtener respaldo y apoyo ciudadano.

Desde hace tiempo es el principal protagonista del país, el bono democrático favorable le permite una cómoda toma de decisiones, la confianza popular depositada en él diluye críticas y descalificaciones, cualquier acción, comentario o determinación que haga, encuentra eco positivo en el ánimo popular y, en el peor de los casos justificación y defensa, un argumento válido tiene refugio en el breve tiempo de haber tomado las riendas de la administración.

Los primeros cien días de cualquier gobierno tienen un efecto fundamental en el resto de la administración, no solamente por el ADN de lo que será su forma de gobernar, sino además por las simpatías ciudadanas recogidas en el breve espacio del ejercicio al frente del Ejecutivo.

Cabe mencionar, aunque es poco tiempo para una evaluación sustantiva, sin embargo existen resultados susceptibles de apreciarse, circunstancia que además se corrobora con el hecho de que el mismo Presidente hizo su informe de los primeros cien días de gestión, indicador indiscutible de que hay elementos para hacer una primigenia valoración.

Los claroscuros siempre hacen presencia en un ejercicio de esta naturaleza, ni todo es bueno ni tampoco procede estigmatizarlo como negativo, inicialmente podríamos afirmar que la institución presidencial ha sido desacramentada y ha tenido buena aceptación el programa de austeridad y la gran cantidad de información a través de las mañaneras, provocando un inusitado interés social por la actividad política y los temas que de ahí se derivan, fortaleciendo el desarrollo democrático.

Por otra parte, en los rubros de interés encontramos aspectos poco alentadores, pues en materia de seguridad pública y violencia no vemos avances, por el contrario los números muestran un ascenso en la criminalidad, al parecer el problema va para largo.

En la parte económica las cifras están por el estilo, el pronóstico de crecimiento de este año se encuentra por debajo del dos por ciento; las calificadoras muestran inquietud en los mercados; las inversiones han bajado y nada qué presumir en la creación de empleos formales. El acercamiento de López Obrador con la clase empresarial en últimas fechas probablemente sea una señal para infundir confianza en el sector y con ello reanimar la economía.

Algo que ha llamado poderosamente la atención consiste en el centralismo y la intolerancia a la crítica, la toma de decisiones se localiza en su ámbito personal y no soporta que nadie lo contradiga, da la impresión que no delega sino instruye y ordena, ocasionando que su decano gabinete forme parte de una gris burocracia.

Han cambiado las formas, en cuanto al fondo seguimos anclados en la onda sesentera.