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Reelección: héroes bajo fuego

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Ah-Muán Iruegas.

AMLO ha dicho que se compromete públicamente, mediante un papel que dice “No me voy a reelegir”. Pero el propio AMLO ha colocado en la discusión pública la cuestión de su reelección, con el engañoso expediente de la revocación del mandato. Una especie de “reelección al revés”.

El pasado jueves, fue aprobado en la Cámara Baja el dictamen sobre “Consulta Popular y Revocación del Mandato”, que implica la reaparición del tabasqueño en la boleta electoral, en 2021. La consulta puede ser utilizada, si se interpreta a contrario sensu, es decir inversamente, para permitir la reelección, y de ahí el revuelo anti reeleccionista.

Al mismo tiempo, AMLO muestra un talante autoritario, intolerante y violatorio de la libertad de expresión, todos los días a las 7 am a sus adversarios los llena de improperios y los llama “conservadores”, utilizando giros propios de una escuela secundaria (ejemplo: “me canso, ganso”). Pero ¿no es más retrógrada que cualquier conservador, aquél que trata de reinstaurar el viejo poder presidencialista y vuelve a atizar veladamente el tema de la reelección?

El sólo hecho de que AMLO tenga que salir a aclarar si se reelige o no, constituye un retroceso en nuestra cultura política. La reelección no es antidemocrática per se, pues la practican por ejemplo los estadounidenses. Sin embargo, en la tradición política mexicana, la reelección presidencial es un riesgo impredecible o un presagio de males por venir.

Francisco I. Madero enarboló el conocido lema de “Sufragio efectivo, no reelección”, como un dique a la propensión porfirista de reelegirse una y otra vez. Todos los documentos u oficios gubernamentales llegaron a tener esa frase como apostilla final al calce, durante el régimen priista.

Por tanto, cualquier “aspirante a héroe” que se pretenda reelegir, choca con los verdaderos héroes patrios de México pues a éstos, si vivieran, los pondría en aprietos. El último reeleccionista que pagó con su propia vida el intento, fue Álvaro Obregón, asesinado en el barrio capitalino de San Ángel, pues a pesar de su supuesto talento político infalible, Obregón no logró comprender el significado del antireeleccionismo en la historia de México.

Obregón fue inicialmente anti reeleccionista, pero luego buscó la reelección. Hoy AMLO parece no querer entender el sangriento legado Madero-Obregón, ni ha aprendido las lecciones de la Historia de México, que según él estudia mucho. Pues avaló la revocación del mandato, a sabiendas de que eso trae a cuento, inevitablemente, el tema de la reelección. AMLO está jugando con fuego.

Se dice que Carlos Salinas de Gortari fue el último presidente que acarició también la idea de reelegirse. Federico Berrueto, con valentía, comparó al tabasqueño con el “innombrable” Salinas el pasado domingo, en el diario Milenio y dijo: “Andrés Manuel López Obrador sigue los mismos pasos de Carlos Salinas en su intolerancia y obsesión por el poder”.

AMLO, al negar que se quiere reelegir al mismo tiempo que Morena aprueba la revocación o convalidación del mandato, sólo alimenta la idea, equivocada o no, de que se quiere eternizar en el poder como todo izquierdista latinoamericano. Fidel Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, los Kirchner en Argentina, Daniel Ortega en Nicaragua y hasta Lula en Brasil, pretendieron reelegirse hasta que los sorprendió la muerte, la cárcel o la mala fortuna.

Hoy, la insistencia obradorista por la revocación del mandato, ha llevado a la arena pública, de modo inevitable, el tema de la reelección, que es parte de la historia de México. Asunto que se facilita con el evidente culto a la personalidad del líder –evidente al menos en Morena. La oposición partidista ha descubierto un filón, al evidenciar las ansias de poder “eterno” del tabasqueño. Pero el mensaje opositor aún no es vox populi, aunque parte de la “comentocracia” lo menciona y lo deplora.

Por su parte, todo aquel que ose cuestionar algún aspecto del liderazgo presidencial, es apaleado en las conferencias “mañaneras” del presidente, o bien en las redes sociales, por presuntos seguidores de AMLO, que incluyen a “bots morenistas”, de acuerdo con el sesudo estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (Iteso).

Los héroes de Dostoievsky, como el Raskólnikov de Crimen y Castigo, padecen en esa novela las insinuaciones del inspector, que como una araña teje su red alrededor del presunto culpable, ahogando a éste en la angustia y la culpa, sólo con simples preguntas del inspector o comisario.

En el caso mexicano, para los enemigos del Mesías, aunque no haya todavía crimen probado, se amaga con el castigo como se hizo con Federico Berrueto el viernes pasado por el fiscal Nieto. Pero para los nuevos amigos de AMLO, como Enrique Peña o Elba Esther Gordillo, no hay “Ni crimen, Ni castigo”. En lugar de eso, Peña anda muy campante por España.

La cara de la impunidad es la verdadera cara que asoma en la 4T. Como un mal remedo de juarista, AMLO brinda justicia y gracia para sus amigos, y la ley a secas a sus enemigos y opositores. Y así, Elba Esther Gordillo trota por la vida en su segundo o tercer debut -ahora con el obradorismo- libre como el viento…

En cambio, los verdaderos luchadores por la democracia y antagonistas de AMLO, son agredidos por manos desconocidas. El líder del movimiento morelense contra la construcción obradorista de la planta de electricidad en Huexca, Morelos, Samir Flores Soberanes, fue asesinado hace unas semanas, después de encabezar la oposición al proyecto electrificador presidencial.

Y Xóchitl Gálvez fue también apaleada, aunque “sólo” en redes, porque denunció que los candidatos obradoristas a órganos autónomos deben ceñir sus sienes, como césares tabasqueños, con orejas “de burro” (por ignorantes) y porque exige que seres como Paco Ignacio Taibo II, hablen y se conduzcan con propiedad.

Pero Taibo no puede contenerse y se conduce constantemente como un maestro de “albures”, mexicanismo que designa insinuaciones corrientonas con doble sentido, como las que Taibo acostumbra utilizar. Menciona Taibo constantemente a las madres de México (es decir “mienta madres”) en sus peroratas, y ha plagado su propia vida política de una vulgaridad infinita. Taibo, con sus expresiones, se autodenigra al nivel de pseudoescritor prescindible e insignificante, y constituye una vergüenza tanto para España como para México.

Taibo ya tiene una frase que lo hará inmortal: “Se las metimos doblada…”. Para la 4T, Taibo es uno más de sus héroes. Para el resto de los mexicanos, Taibo es nuestra mancha, es nuestra vergüenza.

La justicia, por su parte, está a nivel de chismorreo en la 4T, pues el presidente, en lugar de perseguir delincuentes, les lanza amagos -y también busca reivindicar al nuevo fiscal Santiago Nieto. Éste, blande acusaciones de modo ilegal contra Berrueto, entre otros, pues viola la presunción de inocencia del periodista e investigador, al divulgar su nombre antes siquiera de iniciarle proceso, crucificándolo “antes de pasar por el calvario”.

Todo esto es como si usted, amable lector, estuviera aclarándole a todo el mundo, constantemente: “Yo no soy un ladrón ¿eh? No soy ladrón. Nunca he sido un ladrón” Pero si deveras nadie se ha robado nada, entonces ¿por qué tanta aclaración?

Sólo los anti-héroes tienen que aclarar que no se van a reelegir. Que se sepa, Madero no tuvo que estar aclarando constantemente “yo no me voy a reelegir”. Y a Obregón le fue como le fue: lo asesinaron por andar reeligiéndose –entre otros “detallazos” que nos brindó.

Los verdaderos patriotas en México, no sólo no se reeligen, sino que no tienen que salir a aclarar que no se van a eternizar en el puesto de presidente de la República.