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El sector Salud severamente cuestionado

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José C. Serrano.

Miguel Ángel Navarro Quintero, médico cirujano ginecólogo, nacido en el Municipio de Tepic, Nayarit, hace 68 años, trabajó como especialista de esa rama de la medicina en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE); asimismo, fue jefe de los Servicios Coordinados de Salud Pública (SCSP) en la entidad; precandidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la gubernatura nayarita y, actualmente, es senador por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Como presidente de la Comisión de Salud en la Cámara Alta, ha reiterado en distintas entrevistas con los medios de información su preocupación por el incremento de fallecimientos como consecuencia de servicios de salud saturados o insuficientes por “el saqueo de los recursos públicos”. Conocedores, como él, de las entrañas del ISSSTE, saben que en ese instituto andan bailando alrededor de 21 mil millones de pesos que se extraviaron durante la administración peñanietista.

Desde hace tiempo hay un enorme enojo social, debido a decisiones erráticas tomadas por las autoridades sanitarias. Un claro ejemplo lo constituye el crecimiento de la tasa de mortalidad a causa de padecimientos que pudieron evitarse. Es muy lamentable que al año mueran dos mil 300 niños por cáncer: diagnósticos tardíos y tratamientos interrumpidos por el desabasto de medicamentos.

Los derechohabientes, en las largas horas de espera, dejan volar su imaginación y sus dotes adivinatorias para encontrar la respuesta a una enorme incógnita: ¿los medicamentos, el instrumental médico, los materiales de curación y utensilios diversos poseen motricidad autónoma? ¿Caminan solos?

La pregunta cobra sentido en el aplazamiento de consultas de alta especialidad, y no se diga de cirugías; las farmacias de las unidades de salud mantienen en permanencia “voluntaria” a cientos de pacientes a la espera del surtimiento de sus recetas. La expresión esperanzada de los enfermos cambia a la del encabronamiento, cuando los de la ventanilla les dicen que su medicamento no llegó, y que no saben para cuándo lo tendrán en existencia.

Entre los derechohabientes hay diferentes maneras de manejar la frustración que genera un ente rebasado por las carencias. Unos se retiran resignados, otros expresan rabiosamente su inconformidad y, los que creen que en las oficinas o en las jefaturas de servicios van a encontrar la justa empatía, ahí les dicen lo mismo, pero con palabras edulcoradas. En esos ámbitos de mando es donde se genera el saqueo, un hijo putativo de la corrupción.

No obstante este panorama desolador, el médico y tribuno Navarro Quintero afirma que el sector Salud “tiene cura”. Quizá algún día salga del estado comatoso que lo mantiene postrado, en beneficio de la población derechohabiente tan maltrecha. Mientras eso ocurra, no se salva de ser un enorme elefante blanco severamente cuestionado.