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Miguel Ángel Sánchez de Armas.

Fumar es un vicio que no comparto y que me da miedo. Vi cómo un enfisema destruyó a la madre de uno de mis mejores amigos y mi padre murió de cáncer pulmonar. Me parece tonto que jóvenes y viejos, lerdos e iluminados, se regodeen en un placer que los llevará a la tumba… después de asestarles una lista de males más larga que la Cuaresma.

El cigarro es el único producto que garantiza por escrito su peligrosidad y que cada día se vende más. Incluso personas cuidadosas, de las que leen con lupa la letra pequeña de los contratos, que tiran a la basura las latas caducas y corren a la procuraduría del consumidor a la más leve sospecha de que están siendo afectados por malévolos comerciantes, a la hora de echarse un pitillo apartan la vista de las advertencias en las cajetillas de tabaco, a las que sólo les falta una calaca con huesos cruzados.

Hace poco estuve en una conferencia junto a una mujer de aspecto inteligente que no dejó en paz una cajetilla con el letrero “Fumer tue” -que en el idioma de Víctor Hugo significa “fumar mata”. Hicimos conversación. Le pregunté si estaba de acuerdo en que el uso del condón es pecado y lleva al infierno. Me miró de arriba abajo y con voz ronca espetó, “¿Está usted loco? ¡No usarlo es peligrosísimo!” Luego encendíó otro cigarro, sin duda para atenuar la impresión causada por mi imprudente sugerencia.

Hay en la condición humana misterios que escapan a mi comprensión. Por ejemplo, que una mujer tenga seis hijos con el tipo que la golpea desde la noche de bodas; o que un hombre con doctorado soporte humillaciones públicas de un jefe que no terminó la primaria; o que trabajadores especializados se dejen conducir como ovejas por zafios elevados a líderes. Parecería que la estupidez es uno de nuestros descriptores. En el aeropuerto de Singapur hay un depósito de basura con un enorme cartel que en todos los idiomas invita a tirar cualquier estupefaciente antes de pasar la aduana, pues en ese país la introducción y tráfico de drogas se castiga con la pena de muerte. “Y pese a ello”, me dijo un guardia, “todos los días llegan dos o tres que creen que pueden burlarnos”.

Además del mal aliento, la dentadura destruida y la carraspera, el tabaco es causa de cáncer en laringe, pulmón, boca y estómago; presión alta y cardiopatías. Y a quien le parezca sensual presentarse a la Bogart en la cita amorosa, resulta que contrario a la fantasía cinematográfica, el cigarro es un eficaz inhibidor de la libido, además de –ojo señoritas y señoras- causa eficiente la aparición de arrugas prematuras.

Pero digamos que es usted un anacoreta o un cartujo y que lo erótico le vale un cacahuate. Entonces quizá le impresione saber que cada año mueren en el mundo más seres humanos por causa del tabaco que por la combinación de Sida, alcohol, sobredosis de drogas, asesinatos, suicidios, incendios y accidentes aéreos y automovilísticos. Millones de personas literalmente hechas humo. Tan sólo en Estados Unidos, en donde tienen cifras muy confiables, se estima que han perecido más fumadores que soldados en todas las guerras en que ese país ha participado en la historia. Y créame, los gringos han estado en muchas.

Y si esto tampoco le importa, entonces tal vez le interese saber que si en lugar de haberse fumado dos cajetillas diarias durante más de veinte años hubiese utilizado ese dinero en comprar acciones de las grandes tabacaleras, ahora mismo podría jubilarse con una pensión millonaria. ¿Le vale? Bueno, por lo menos cuando fume hágalo alejado de quienes no lo hacen, especialmente de los niños, porque se ha demostrado que los fumadores pasivos también estamos propensos a terribles enfermedades.

Quizá lo único positivo acerca del cigarro -además de las enormes fortunas que ha dado a unos cuantos- es su acción esencialmente democrática. La hierba no discrimina. De cáncer por tabaco mueren por igual viejos, jóvenes, bellas, feas, pobres, ricos, famosos y anónimos. Peter Jennings, el notable conductor de ABC News, llamado “la voz del mundo”, murió víctima de cáncer pulmonar a los 67 años… y eso que había dejado de fumar 20 años atrás.