web analytics

Pobreza y desgracia

0
325

Patricia Betaza.

¿Cómo salir del infortunio? ¿La pobreza destina a quienes la padecen a todos los males que de ella derivan: violencia intrafamiliar, hacinamiento, desintegración, ignorancia, enfermedad, pedofilia y todo tipo de abusos?

El niño ni siquiera sabe qué edad tiene. Calcula que como 12. Pero ya a esa edad ante un tribunal cuando los jueces le preguntaron por qué demandó a sus padres respondió lacónico: “por darme la vida”. Zain tiene que sortear la violencia física y verbal de sus progenitores. Tiene que dormir con sus demás hermanos en la misma colchoneta y ahí hasta escuchar los quejidos amorosos. No hay para dónde hacerse. Una noche se da cuenta de que su hermana sangra y su inteligencia natural le dice que puede estar en peligro. En una ciudad perdida de El Líbano todo lo peor puede suceder. Y sabe que las niñas que menstrúan pueden ser vendidas a quien dé algunos pesos, una caja de alimentos o tal vez una renta.

Las circunstancias que lo rodean lo llevan a mentir para comprar medicamentos controlados y venderlos molidos para los drogadictos callejeros, a robar comida, a mentir a escabullirse de los peligros. Por supuesto no va a la escuela. Lo único que hace es sobrevivir y tratar de ayudar a sus hermanos. Pero todo tiene un límite. Y el límite llega cuando se cumple su temor: el que sus padres vendan a su hermana al tendero. Así decide dejar el cuarto familiar y se va al rescate de la hermana. Los padres ni el intento por buscarlo. A nadie le importa en realidad. Así vagabundea y encuentra los distintos rostros de la pobreza: la refugiada africana ilegal -que a cambio de darle espacio en su cuarto, lo deja al cuidado de su niño pequeño; la extorsión que además padecen por parte de las autoridades, a los abusivos que emplean a niños, el desprecio en por una sociedad que parece no inmutarse por ver a niños sucios, callejeros, en la pobreza más extrema.

Es la trama de la película libanesa Cafarnaum: la Ciudad olvidada de la directora Nadine Labaki, que ya nos había sorprendido con otra excelente película, Caramelo, de todos los infortunios que padecen las mujeres bajo el dominio de la religión y el machismo. Cafarnaum ganó el premio del Jurado en el festival de cine de Cannes y fue una de las rivales de Roma a la mejor película de habla no inglesa. Algunos críticos consideraron que la película recurre a la sensibilería para causar impacto. Pero quienes hemos visto cómo es la vida en medio de la pobreza extrema, Cafarnaum resulta sobrecogedora.

Cuando tenía nueves años y vivía en Minatitlán, Veracruz, había una señora que se llama Pilar y era conserje de la escuela de la colonia. Era común verla acarreando a sus hijos como podía. Además de hacer la limpieza escolar, ella se ofrecía a lavar la ropa en algunas casas de la localidad. Un día acompañé a mi mamá a buscarla. Tengo fresca en la memoria el jacal de barro. Ella no estaba pero oímos el llanto de un bebé nos asomamos y en un catre el bebecito solo, envuelto en pañales sucios y batido con sus propios excrementos rodeado por miles de moscas. La imagen fue tan dura que todavía la tengo presente. Salimos a buscarla y cuando la encontramos, mi mamá le dijo que cómo podía tener al niño así. No tengo de otra, dijo. Sus otros hijos trabajaban en lo que podían. Años después supimos que a ese bebé decidió regalarlo, otro había muerto y uno se había dedicado a delinquir. Nadie supo que pasó con ellos.

Cafarnaum es una ciudad olvidada de El Líbano, pero puede ser la ciudad, el municipio olvidado de México, porque la pobreza tiene el mismo rostro en cualquier parte del mundo. Porque quienes ahí nacieron son proclives a padecer todo la desgracia que la rodea.