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“Resucita” el neoliberalismo en Acapulco

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Alejandro Rodríguez Cortés *.

No fue al tercer día, pero sí una semana después.

El neoliberalismo, ese “perverso causante” de todos nuestros males cuya muerte fue decretada hace siete días, recibió en la Convención Nacional Bancaria de Acapulco una nueva señal por parte de su verdugo: “levántatate y anda”, ordenó el Presidente López Obrador al llamar a los banqueros a incrementar su competencia para bajar los precios de los servicios que ofrecen.

Los dueños y directivos del sistema financiero llegaron al hotel sede con la expectativa de encontrarse con quien hacía un año había amenazado ahí mismo con que, si no ganaba la elección presidencial, “a ver quién amarraría al tigre”. Se sentía en los pasillos el fantasma del aún tibio cadáver del sistema de libre competencia económico-financiera, y se percibía la ansiedad que hacía contar impacientemente la cuenta regresiva para escuchar al primer mandatario en la clausura del aquelarre bancario.

Y tanto el presidente de la República como su secretario y subsecretario de Hacienda y Crédito Público les dijeron a los banqueros que aplicaran una de las máximas neoliberales, la competencia, para ampliar sus márgenes de cobertura (hay 500 municipios en país sin servicios bancarios) y, sobre todo, reducir lo que se cobra a los usuarios de la banca, pero no por la fuerza del Estado sino por los equilibrios del mercado.

¿Cómo creen que vamos a reducir las comisiones bancarias por decreto?, tranquilizó López Obrador. ¿En verdad piensan que implantaremos una rígida regulación al sistema de 51 bancos comerciales que es indispensable para el crecimiento de la nación?, les dijo al tiempo de incitarlos a competir lealmente y a autorregularse ellos mismos.

Los señores del dinero se miraban no sin cierta sorpresa. Y el aplauso llegó cuando el inquilino de Palacio Nacional prometió clara y directamente, mirándolos a los ojos, que respetará la autonomía del Banco de México y que mantendrá las finanzas públicas sanas y en orden, aún cuando cumpla con su ambicioso programa de transferencia directa de recursos fiscales a la población socialmente más rezagada.

Por si fuera poco, el jefe del Ejecutivo pidió más inversión privada a proyectos de infraestructura (¡oh, perverso Milton Friedman!), y anunció esquemas de asociaciones público-privadas “APPs” para la construcción de sus obras insignia: el tren maya y el corredor transísmico.

La resurrección del neoliberalismo no fue benévola con la Refinería de Dos Bocas, en Tabasco, que ni siquiera fue mencionada, pero sí trajo aires de recursos frescos para Petróleos Mexicanos, cuyo nuevo plan de rescate sería anunciado dentro de dos semanas. Claro: el mundo financiero, los analistas y las calificadoras tenían que saber que las exequias del sistema mexicano fueron fuegos de artificio.

Pero no todo en el discurso de López Obrador fue dar concesión y esperanza a los anfitriones neoliberales ahí presentes: tras haber escuchado que la banca mexicana tuvo su máximo periodo de desarrollo y expansión en el último cuarto de siglo, arremetió nuevamente con la reiterada tesis de que el país está paralizado desde hace 36 años y que hay que hacer las cosas en forma diferente para crecer 4% anual.

En fin, encuentro de la Cuarta Transformación con un sector donde nunca se han sentido cómodas ninguna de las partes, pero que en Acapulco se concedieron el beneficio de la duda.

Y el Presidente de la República bautizó a la nueva etapa que ahí se empezó a gestar, según su disertación: el post-neoliberalismo.

Yo recordé en ese momento parte de un verso de José Zorrilla en su Don Juan Tenorio, que pareció dirigirse a Andrés Manuel López Obrador: “los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud”.

A ver si es cierto.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista.

@AlexRdgz