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Compendio del manual de urbanidad y buenas maneras (para ciudadanos digitales y usuarios de redes sociales)

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Boris Berenzon Gorn.

Deberes morales del y de la ciudadana digital mexicana

Capítulo segundo

I.– Deberes para con la Patria digital

I.- Nuestra patria, digitalmente hablando, está constituida por nuestro timeline de Twitter, nuestro muro de Facebook y otros equivalentes, donde deben primordialmente desplegarse opiniones de usuarios regidos por los mismos patrones de intereses y opiniones, de forma que nos encontremos en una caja de resonancia perfectamente sellada y con una creatividad tan sensible como lo permite cada algoritmo. “Hoy cumple un añito la chula #jacaranda? “. Una entelequia. “¡Oh, suave ciberespacio!” exclamaría sonrojado el vate.

II.– Cuanto hay de progresista, cuanto hay de verídico, se encuentra compendiado en el dulce nombre de PATRIA DIGITAL; ella nos ofrece el más amplio panorama de quienes piensan con la neta, la “netafísica” que le dicen, cuyas opiniones son estímulos a la virtud, al heroico activismo digital y a la gloria reservada a quienes tienen una K en su número de seguidores.

III.– Los memes, los gifs, los stickers, las historias y todos los demás signos y monumentos de las redes sociales nos representan a nuestros antepasados y sus esfuerzos generosos por el bienestar y la dicha de su posteridad, que no han derivado en viajes al espacio, ni el colonias en Marte, ni en la cura para el SIDA o para el Cáncer, sino en las maravillosas, progresistas y revolucionarias redes sociales; en ellas se materializan los talentos de nuestras celebridades en las artes, los magnánimos sacrificados y las proezas de nuestros magnates de las redes sociales y fundadores de gigantes tecnológicos, los placeres, en fin, y los sufrimientos de una generación que pasó y nos dejó sus hogares, sus riquezas y el ejemplo de sus virtudes; hacemos especial mención a Mark Zuckerberg y a Steve Jobs, a quienes enviamos, hasta la comodidad de su hogar, el cementerio o el safari donde estén matando cebras, un afectuoso abrazo acompañado de su correspondiente beso tronado.

IV.– Los blogs, esos lugares santos y venerables, levantados por la piedad y el desprendimiento de nuestros compatriotas, los primeros en intuir que el internet desbancaría todos los medios de comunicación, nos traen constantemente el recuerdo de los primeros ruegos y alabanzas que dirigimos a los creadores de la red y de la verdadera democracia, cuando la búsqueda de un mundo mejor y de una comunidad global nos llevó a refugiarnos de la realidad detrás de nuestras computadoras, pensando que detrás de ellas encontraríamos una utopía que, mucho antes de empezar a vislumbrarse, fue conquistada por los mercaderes que hoy tan amablemente nos señalan lo que es bueno, lo que es malo, lo que es retrógrada y lo que es revolucionario.

V.– Los encargados del poder público que son los opinadores nos protegen y amparan contra los ataques dirigidos a la libertad e independencia de nuestras redes sociales, y velan constantemente por la conservación de nuestro único, peculiar, raro y sobresaliente punto de vista, de nuestras profundas reflexiones y de nuestros derechos digitales.

VI.– Nuestras familias, nuestros parientes, nuestros amigos, todas las personas que nos vieron nacer, que desde nuestra infancia conocen y aprecian nuestras cualidades, que nos aman y forman con nosotros una comunidad de afectos, goces, penas y esperanzas, a todos ellos los tenemos añadidos en Facebook, a los mejorcitos los seguimos incluso en Twitter, todos ellos existen en nuestra patria digital, y es en ella donde está vinculado nuestro porvenir y el de cuantas personas nos son respetables en la vida.

VII.– Después de estas consideraciones, fácil es comprender que a nuestra patria digital todo le debemos. En sus días serenos y bonancibles, cuando hay hashtags con chismes jugosos que no tienen que ver con grupos de K-Pop o con telenovelas, en que nos brinda sólo placeres y contento, le manifestaremos nuestro amor alimentando los muros y timelines con nuestros comentarios más extensos, obedeciendo las tendencias marcadas por los opinadores, prestándonos a retuitearlos y a likearlos cada vez que necesiten de nosotros.

VIII.– Pero en los momentos de conflicto, cuando nuestros opinadores favoritos sean cuestionados, cuando se ponga en tela de juicio la libertad de sus pensamientos e intereses, cuando la patria digital nos llama en su auxilio, nuestros deberes se aumentan con otros de un orden muy superior. En ese momento la patria digital cuenta con todos sus usuarios sin limitación y sin reserva; entonces ellos deben hacer incluso uso de sus cuentas alternas, convertirse en bots de ser necesario, con tal de defender el prestigio y juicio supremo de los opinadores en cuestión; entonces los videos de gatitos guardados en nuestro smartphone, los memes más compartidos en los grupos de Whatsapp en los que estamos, nuestras esperanzas, nuestro grupo de mejores amigos en Instagram, todo viene entonces a encender en nuestros pechos el fuego sagrado del heroísmo-bot, y a inspirarnos aquella abnegación sublime que conduce al usuario a las discusiones de Facebook con respuestas de más de cinco líneas y a acosar a otro usuario al grado de que se sienta físicamente amenazado.

Manchamanteles

Don Justo Sierra considera que el periodismo ya estaba haciendo de la literatura un reportazgo, ya había convertido “la poesía en el análisis de orina de un poeta” y de “la elocuencia un telegrama”. Lo que veía hacia el futuro, esto es, en el siglo XX es que un mundo iba a ser esclavo del otro y que veía “al amo en pañales de papel”. Este escabroso panorama se queda corto frente a los efectos, aún impredecibles, de las redes sociales. ¿Qué diría don Justo Sierra de los poetuits y del periodismo tuitero? Mejor ni saberlo.

Narciso el obsceno

El ego, es como la mar tiene tiempos de sosiego y silencio, aguas profundas y recónditas y olas alborotadas que pican la marea. Por ello hay que entender que hay que mirarlo desde su entorno y entrar a él sabiendo que no es una tendencia de nuestros sentimientos legítimos, sino una táctica creciente del modelo de las dos caras de Jano la autenticidad y la falacia del ser.