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¿Lo que puede afectar la calificación de Standard & Poor´s de la deuda de Pemex?

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Sencillamente, sin entrar en muchos detalles del oligopolio que tienen las tres calificadoras más fuertes, incluyendo a Moody´s y a Fitch, Standard & Poor´s (SP) es la de mayor influencia mundial; con todo y las críticas que pueda tener en equivocaciones por mantener una buena calificación en proyectos y empresas que se fueron a la ruina en otros países, como Islandia en el 2008.

Al bajar SP la calificación hace dos días de la deuda de Pemex, apenas se van a empezar a sentir los efectos concatenados de las desconfianzas de los inversionistas. Pero ya los analistas del mercado financiero y los comentaristas políticos muestran los efectos de la preocupación centrados, de manera relevante, en el hecho de que otras transacciones del pasado, y no se diga del futuro, podrían sufrir alzas en las tasas de interés derivado de esta declaración.

La observación de SP, que antes había hecho Fitch, está mostrando al mundo del dinero una luz ámbar, cuando se supone que debía ser verde.

Y la primera contradeclaración de México parte de la tesis de que el “neoliberalismo” es la raíz de todos los males que padece el país, y no la viciosa y reiterada conducta de los gobiernos anteriores de simular y maquillar la realidad.

Y no quiero hacer una defensa del mal llamado neoliberalismo, porque es caer en una discusión bizantina de la Edad Media, que, como antes lo he mencionado, se trataba de saber si los ángeles del cielo tenían sexo o no.

Sino lo que está en juego es algo mucho más complicado que elegir una opción ideológica. Porque para comenzar ya se debe y se debe mucho, casi la mitad del Producto Interno Bruto anual, y este anuncio va a repercutir en ese enorme porcentaje de deuda de manera directa en las temidas tasas de interés que van a alterar hasta las deudas de las tarjetas y del INFONAVIT o el FOVISSTE en el mediano plazo; o en las condiciones más restrictivas y con castigos que suelen aplicar los acreedores a quienes ya no les parece sujetos de confianza como para pagarles, aunque no lo nieguen.

Pero más allá de esas realidades financieras habría que analizar el contexto en el que se mueve México desde siempre, y más desde que se decidió arribar a otras condiciones que le han permitido no sólo ser sujeto de crédito ipso facto, sino mostrarse como una nación que exporta, que hace negocios internacionales y que aparenta e intenta respetar reglas internacionales, como los hacen los grandes de occidente y del Asia.

Es en ese medio que como dijera uno de los analistas de izquierda o críticos mas leídos, Emmanuel Wallerstein, va a haber políticas que van a definir si un país se integra a la economía-mundo, o se retrae en un imperio-mundo, cerrado, con una élite que es autorreferente de sí misma, sin relaciones valiosas con las demás naciones y restringidos a reglas locales intensamente internas, de espaldas a la economía real.

En ese planteamiento general y teórico México, avanzaba, se suponía, a la integración de la construcción de instituciones inclusivas, en las que la sociedad podría constatar la existencia de incentivos plurales, en vez de las instituciones extractivas que retienen el poder y las decisiones de la sociedad en una élite, como siempre ha sucedido en este país. Daron Acemoglu y James A. Robinson explican este planteamiento brillantemente en su obra muy vendida: ”Porqué fracasan los Países”.

Pero no fue así, se crearon edificios ficticios, cifras amañadas e informes maquillados en particular de lo que era Pemex y la CFE, lo que algunos señalamos; porque donde debía haber libre competencia y respeto a la propiedad intelectual e igualdad de oportunidades, por ejemplo, lo que se presentaba era el mismo espectro monopolizador del poder, solamente que disfrazado de retorcidas simulaciones, para diferenciarse de la etapa típica del PRI-gobierno, en el que te sumabas o te sumían.

Pero la publicidad engañosa servía para la gente como para las decisiones del exterior, del contexto global de la economía-mundo, donde México empezaba a reclamar algunos procesos determinantes; por eso la CFE era “una empresa de clase mundial” y Pemex era “la energía de la nación” ; ambas en el piso terrenal, quebradas, cargando excesos de personal y un catálogo interminable de corruptelas.

Un pésimo arreglo fiscal las hundía más, pero eran lo único que servía de pantalla para conseguir dinero fresco del exterior y de allí la indispensabilidad de los itamitas y las empresas Evencore y Protego; expertos en arreglar cifras y prometer cambios, como los de los “consejeros independientes” y toda una gama de supuestas adecuaciones, que no fueron sino la misma gata revolcada, donde los cargos dizque de autonomía era para los amigos de la élite burocrática quienes tenían la confianza y no la capacidad como factores que los avalaban.

Las calificadoras se hicieron de la vista gorda y ponderaron con sus calificaciones los avales para Pemex y CFE, como si de veras estuvieran en un proceso de transformación.

Pero ahora cuando quedan de manifiesto por el discurso del propio Presidente, las condiciones de corrupción, más otras decisiones ligadas a lo mismo; entonces se vino abajo oficialmente la farsa anterior, pero cargándosela al que la evidenció.