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#MeToo y Twitter: responsables del suicidio de Armando Vega-Gil

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Era cuestión de tiempo, ya lo sabíamos. Yo escribí, recién el pasado domingo 31 de marzo, aquí en El Arsenal, el artículo “La psicosis #MeToo ahora en la cultura y el periodismo”.

Y en ese artículo afirmé: “Cualquier varón puede ser víctima de la infamia feminista: ¡es tan fácil acusar sin pruebas y hay tanta gente tonta dispuesta a creer lo que sea!”…

Mi artículo fue casi premonitorio del suicidio de Armando Vega-Gil, ocurrido ayer, a eso de las 05:40 AM, en la Ciudad de México, frente a su casa, ubicada en la Colonia Narvarte. Se colgó de un árbol.

Armando, como sabemos, fue el bajista de la famosa banda de rock urbano y desmadroso Botellita de Jérez, que pesó mucho en los años ochenta y noventa del siglo pasado. Y era una banda que seguía vigente, para fortuna de los guacaruckeros. ¿Qué fan del rock nacional no disfrutó en vivo, en concierto, en tocada, aunque fuera sólo una vez, a los “botellos”?

Personalmente, y hace muchos ayeres, yo llegué a echarme unos tragos con Armando en el emblemático Rockotitlán, antro urbano especializado en rock, creado en 1985 por Sergio y Fernando Arau, también integrantes de Botellita. Armando era un tipo a toda madre.

Y hay que decir, tajantemente, que ya conocemos suficientes detalles del asunto como para saber en dónde las autoridades capitalinas deben buscar a los responsables de su suicidio. Sí, porque aunque Armando dijo, en uno de sus mensajes, que él y sólo él era el responsable de su muerte, el Derecho Penal Mexicano dice otra cosa.

¡México debe hacerle justicia a Armando Vega-Gil!

A mi parecer, en mi opinión, los responsables del suicidio de Armando son dos, al menos: a) la plataforma #MeToo, en específico la cuenta #MeTooMusicosMexicanos; y b) la empresa Twitter.

Vale la pena recordar que su servidor es el único periodista y académico de México que es abierta, total y sistemáticamente anti-feminista. Y ya he expuesto el porqué de mis postura: el feminismo es una ideología reduccionista, maniquea, dogmática, totalitaria y androfóbica que está contaminando a nuestra sociedad, a nuestra cultura y, en especial, a nuestro sistema de justicia. ¡Vaya, hasta el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, se ha declarado partidario del feminismo!

El feminismo se ha dedicado a elaborar un discurso victimista-chantajista con base en ideas falsas, en evidentes falacias y en sesgos cognitivos; un discurso que el lobby feminista ha inoculado, principalmente, en las más altas instancias de toma de decisiones del gobierno, de los centros educativos, de las empresas y de los medios de comunicación.

Sin este antecedente no se puede entender que existan plataformas como #MeToo, en todas sus modalidades: una plataforma en donde se hacen graves acusaciones de carácter penal, predominantemente desde el anonimato cobarde y, por lo general, sin pruebas duras ni fehacientes.

#MeToo ha sido, desde su nacimiento en el mundo de la farándula (2017), una hoguera dogmática y totalitaria en donde se acusa y se acusa y se acusa y se acusa sin sustento, sin pruebas, haciéndole daño no sólo al varón acusado sino a todo su entorno inmediato: familia, amistades, trabajo, etc. Esa plataforma es una organización infame que esencialmente se dedica a calumniar y a difamar.

#MeToo ha sido una fuente de rabiosa psicosis feminista que ha pasado por encima de los principios más elementales de la lógica, de la ciencia y del Derecho Penal: allí no existe el principio de la presunción de inocencia, no existe el principio de la carga de la prueba, no existe el principio de la justa defensa, no existe el principio de imparcialidad, no existe el principio de legalidad, no existe el principio de igualdad procesal entre las partes, no existe el principio de réplica… ¡nada, no existe principio jurídico alguno!

#MeToo es un tribunal popular de tufo asquerosamente totalitario, de la peor calaña, al estilo Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot… Y ante este tribunal paranoide no hay defensa posible alguna porque en él no hay ni un mínimo de racionalidad, ni de civilización.

Y ese tribunal totalitario ya tiene, en México, a su primera víctima mortal: Armando Vega-Gil, porque finalmente resultó que la actividad difamadora, calumniadora y acusadora (sin pruebas) de la cuenta #MeTooMusicosMexicanos indujo el suicidio de Armando Vega-Gil.

Dice el artículo 142 del Código Penal para el Distrito Federal:

Artículo 142. (…) Al que induzca a otro para que se prive de la vida, se le impondrá prisión de tres a ocho años, si el suicidio se consuma.

Los testimonios de Armando Vega-Gil dejados en textos y audios que ya son del dominio público, permiten establecer claramente la conexión causal entre las falsas acusaciones contra Armando y el suicidio de éste.

He aquí el audio más reproducido en las horas más recientes:

El contenido de este audio es contundente y coincide con lo expuesto por Armando en sus textos previos a su suicidio: él rechazó sin ambages la imputación de abuso sexual realizada en su contra, considerándola como una acusación falsa y, asimismo, él previó cuál sería su futuro laboral y profesional tras la falsa acusación de la que fue objeto.

Para una persona como Armando que, como muchos mexicanos, se ganaba la vida a través del multi-chambismo, ser privado a los 64 años de edad de sus varias fuentes de ingresos, como resultaba previsible, equivalía a una muerte civil, es decir, a una muerte en vida: ¿quién lo contrataría con semejante estigma, por muy falso que éste fuera?

Ésta es la podrida esencia del #MeToo, por si no habían caído en la cuenta de ello, mis apreciables lectores…

¿Por qué entonces una empresa transnacional como Twitter permitió y sigue permitiendo que #MeToo se aloje en su espacio, incluso con varias cuentas? #MeTooMusicosMexicanos es una de muchas infames cuentas…

¡Cosa curiosa! La empresa Twitter ha inhabilitado cuentas de usuarios sólo porque sus críticas resultan incómodas para el statu quo. A bote pronto me vienen a la mente los casos de Agustín Laje y de Alfredo Jalife Rahme. Pero son muchas las quejas en contra de los criterios sumamente discrecionales de Twitter. Y las otras redes sociales actúan de forma parecida.

Lo cierto, lo indubitable y contundentemente cierto, es que la empresa Twitter ha albergado cuentas dedicadas exclusivamente a difamar y a calumniar personas, a acusar sin pruebas… #MeToo en este caso. Y no, no se puede pretextar “libertad de expresión”, porque el criterio legal al respecto es claro (al menos en este caso):

La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley (artículo 6º constitucional).

Insistamos en algo: la empresa Twitter albergó cuentas dedicadas a difamar y a calumniar, a acusar a muchas personas (varones) sin pruebas y desde el anonimato cobarde.

La empresa Twitter quiso “quedar bien”, hacerse la “heroína del cuento”, “ponerse del lado de las mujeres maltratadas”, pero ya todo le salió mal: su historia empresarial ha quedado manchada por haber dado alojo a muchas cuentas dedicadas a actividades ilegítimas e ilegales relativas al hostigamiento y al linchamiento de miles de varones. Twitter buscó el aplauso fácil y ahora se llevará la rechifla de la gente y, esperemos, una dura sanción penal.

Por tanto, la empresa Twitter tiene responsabilidad legal (de tipo penal) por albergar en su espacio cuentas dedicadas a propalar acusaciones falsas o sin pruebas, afectando el honor, la reputación y la fama pública de muchas personas, al grado de que al menos una de ellas ya se ha quitado la vida: Armando Vega-Gil.

El mismo Código Penal para el Distrito Federal establece claramente que a las personas morales también se les puede imputar responsabilidad penal:

Artículo 27 bis.- (Responsabilidad Penal de una Persona Moral o Jurídica).-

I.- Las personas morales o jurídicas serán responsables penalmente de los delitos dolosos o culposos, y en su caso, de la tentativa de los primeros, todos previstos en este Código, y en las leyes especiales del fuero común, cuando:

a).- Sean cometidos en su nombre, por su cuenta, en su provecho o exclusivo beneficio, por sus representantes legales y/o administradores de hecho o de derecho; o

b).- Las personas sometidas a la autoridad de las personas físicas mencionadas en el inciso anterior, realicen un hecho que la ley señale como delito por no haberse ejercido sobre ellas el debido control que corresponda al ámbito organizacional que deba atenderse según las circunstancias del caso, y la conducta se realice con motivo de actividades sociales, por cuenta, provecho o exclusivo beneficio de la persona moral o jurídica (…).

Así, pues, la plataforma #MeToo (especialmente la cuenta #MeTooMusicosMexicanos) y la empresa Twitter deben quedar sujetas a proceso penal, por su muy probable responsabilidad en la comisión del delito de inducción al suicidio que se llevó a cabo en perjuicio de Armando Vega-Gil.

La infamia feminista no debe quedar impune, como tampoco debe quedar impune la irresponsabilidad de empresas como Twitter.

¡Justicia para Armando Vega-Gil!

¡Justicia Ya!

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Twitter: @BanosLemoine