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La Fecha Fatal: el viernes 5 de abril

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

“Solamente que pasara algo dramático, Trump no cerrará la frontera”, declaró Mick Mulvaney, el jefe del gabinete de la Casa Blanca. Por su parte, la asesora del Presidente Trump, Kellyanne Conway, aseveró que éste habla en serio.

Los dos funcionarios son cercanos al poder presidencial. Ella una estratega electoral y política; mientras que Maulvaney recién se incorporó a mediados de enero desde la oficina de presupuesto, al difícil cargo de jefe de gabinete.

Por ahora, Mick se ha sostenido en un cargo que, por boca de su antecesor, el prestigiado militar de alta graduación, general John Kelly, le representaba “solo un mísero trabajo”, del que dijo que: “no tenía ningún sentido tratar de convencer al Presidente de nada”, que estaba “totalmente desbocado” y además con dos asesores, su hija y yerno: Ivanka Trump y Jared Kushner, que “sólo respondían a sus propios intereses”. Con todos esos antecedentes a cuestas, Maulvaney no habló, de suyo; sencillamente dijo que el cierre es cosa de días.

Y el hecho es que lo que se juega es obviamente lo electoral para Trump, pero no sólo lo electoral, como quieren hacer ver observadores simplistas de la política estadounidense.

Porque, finalmente, lo que se puede resolver el próximo 5 de abril en la visita de Trump a Calexico, la ciudad fronteriza californiana colindante con Mexicali, capital del estado de Baja California: está en la agenda de seguridad nacional del vecino país y, en lo interno, configura la lucha del ejecutivo contra el Congreso que le urge domeñar.

De pasada, los movimientos que se derivan de las declaraciones abruptas de Trump acerca de la “maldita” frontera con México, se orientan transversalmente, tanto en recuperar el sentido nacionalista de su país, como en cambiar los ejes de control, expandiendo el perímetro de seguridad hasta el arco del Caribe y Centroamérica; objetivo frustrado del Plan Puebla-Panamá.

Los que no ven las consecuencias políticas completas, tampoco caen en cuenta a la vez que se deterioran los negocios binacionales, que presionan la firma del nuevo acuerdo con México, el que Trump ve como factible de cancelación, dado que le significaría una salida inmediata para dar una imagen oportunista de un golpe, a lo que él llama desventajosa y deficitaria relación comercial entre Estados Unidos con México.

De tal suerte que los que argumentan la monotemática de la causa electoral, se quedan cortos, porque hay mucho más en juego. Entre las otros asuntos no mencionados, están: sellar la frontera sur con cargo al erario mexicano e implantar, de parte de Estados Unidos, un sistema amplio de rastreo a profundidad, que detecte oportunamente los elementos que provienen de países antagónicos, como formas de penetración terrorista. Y de ello retomar el control hemisférico perdido.

Difícil que esté fanfarroneando Trump porque ya se fue muy lejos con sus proyectos. Por eso los congresistas bipartidistas estuvieron el lunes indagando la verdadera actitud del gobierno mexicano, para valorar si éste está promoviendo el paso de visitantes sin control, tanto para justificar el gasto total del muro como la movilización de más de 2,000 efectivos del Departamento de Seguridad Nacional.

Y es el próximo viernes 5 de abril, el día que la Casa Blanca ha determinado se conozcan las decisiones aparentemente unilaterales sobre el destino de las fronteras mexicanas. Un camino sin retorno con las más graves consecuencias económicas y sociales prácticamente irreversibles si rebasan una semana; o la alternativa “light”: una prolongación más de los acuerdos asincrónicos y asimétricos a los que estamos acostumbrados.

Por lo pronto,los mexicanos no queremos que vengan más centroamericanos a agravar las condiciones fronterizas, aunque todo expresa que el gobierno se empeña en facilitar el conflicto.

Algún recurso mayor traerá la autoridad en la manga, de no ser así, esto se convertirá en un factor mayor de división interna; porque el siguiente paso, sea el que fuere, nos va a dejar heridos, a menos que Trump se raje y pierda todo, incluyendo la reelección.