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¿Quién se atrevió a decir terrorismo en Quintana Roo?

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Miryam Gomezcésar.

El futuro de los partidos políticos PAN, PRD y MC que lograron el triunfo de Carlos Joaquín González en Quintana Roo, es incierto. Pese a que el PAN también gobierna en Yucatán, situación que estrecha la relación entre ambos gobiernos, las condiciones están dadas para su derrumbe político en el sureste estado.

Prueba de lo anterior es lo sucedido el domingo pasado, cuando hubo muestras de lo que ocurre cuando hay buena voluntad en los gobiernos, como sucedió tras el percance sufrido en la carretera de Mérida-Chetumal, que terminó en una lamentable tragedia.

La prontitud para resolver el proceso jurídico que involucró al rector de la Universidad de Quintana Roo, por el atropellamiento de un joven ciudadano de 22 años de edad, que caminaba en supuesto estado de ebriedad sobre la carretera en el kilómetro 10.5, fue  tan sorprendentemente rápido que hizo voltear a las buenas conciencias.

El hecho que habla de flexibilidad o laxitud (como se quiera ver), también exhibe el trato diferenciado que se da en la impartición de justicia cuando están de por medio los buenos términos de las relaciones interestatales de dos gobiernos vecinos con una misma bandera partidista, en este caso panista. 

La prontitud con que lograron solventar el proceso para liberar al rector Ángel Ezequiel Rivero Palomo y evitarle las molestias normales de esos lentos y molestos trámites judiciales, fue resuelto en menos de 24 horas, eso no tiene precio.

El expedito proceso del accidente que deja sumida en una profunda tristeza a la familia del atropellado, aunque se trate de un accidente imprudencial que además sugiere haber sido ocasionado por exceso de velocidad o posible distracción que impidió a Rivero Palomo maniobrar con habilidad para no dañar a su camioneta, quedó como un dato más para el anecdotario, sólo eso.

Podría decirse que el involucrado salió bien librado (así lo sugieren las circunstancias y el tráfico de influencias),  pero justo también es reconocer que el resultado dejó en el camino no uno sino dos fallecimientos: el físico del atropellado y el político del conductor que en breve termina su gestión, un periodo oscuro en la rectoría que ha sido problemático y cuestionado.

Es esa asonancia la que impide ver con suficiente claridad el uso de la administración pública, la forma como  protege a unos y descuida a otros, habla de tiempos que creíamos hace mucho superados y… ¡mire!

Este es uno de tantos antecedentes que ayudan al fortalecimiento del Morena, una información más para el análisis sobre el comportamiento de los gobernantes que deriva en el debilitamiento de los organismos políticos y también es una forma de violencia.

El resultado está a la vista, la creciente cifra de la criminalidad que los funcionarios y mandatarios manejan con demasiada ligereza, no deja espacio para la duda. El efecto que circunstancias sociales tiene en el estado de ánimo de los ciudadanos se verifica en los resultados electorales. Las cosas ya cambiaron y los involucrados lo saben.

Si la apuesta en Quintana Roo es de dispersar la votación y atenerse al voto cautivo llamado duro, es una lástima que se haya descuidado tanto. El rechazo por las imposiciones disfrazadas empieza a sentirse cuando el ciudadano común comprueba que en los gobiernos que establecieron el compromiso durante su campaña, ni se combate la corrupción, ni se evita la impunidad y, en medio del sopor de la simulación, el deseo de venganza se manifiesta en el resultado de las urnas.

Sobre la inseguridad, con motivo del aumento de los índices de la violencia particularmente en la zona norte del estado, el presidente de la Gran Comisión del Congreso local, diputado E. Lorenzo Martínez Arcila, citó al secretario de Seguridad Pública de Quintana Roo, Jesús Alberto Capella Ibarra a comparecer para hablar sobre el avance de la estrategia del Mando Único en el estado.

El atentado ocurrido en Cancún, que cimbró a los habitantes del balneario, fue el detonante para que compareciera. Durante el encuentro, el secretario respondió las preguntas a los distintos legisladores sin embargo fue hasta el turno del diputado Emiliano Ramos Hernández, quien, tras una respuesta dudosa del funcionario, espetó “Lamento informarle que no comparto su visión optimista. No se puede tapar el sol con un dedo. Me parece que no es posible que todo es problema de percepción porque lo que estamos viviendo día a día no es así. Lo que vemos es que se está incrementando la inseguridad”, en tono calmado pero acucioso, así reprochaba al sorprendido compareciente.

Hoy no hay una conexión en la realidad que están viviendo los ciudadanos con lo que usted está diciendo. No sólo hablo de la delincuencia organizada sino de la delincuencia común que se ha incrementado y no se ha logrado disminuir. Es necesario que nos diga qué está mal y no sólo lo que está bien”, dijo el presidente de la Comisión de Hacienda, Presupuesto y Cuenta, de la XV Legislatura.

Sin embargo, aunque su exigencia obedece a una situación de crisis concreta, real de inseguridad, también debe verse como una postura política. No hay que olvidar que el diputado fue bajado de una candidatura de Morena.

El tema de la criminalidad y la política se entrelazan lamentablemente. En este proceso electoral que esta semana arrojó datos duros que impactarán en los resultados electorales, los partidos aliados en la pasada contienda, hoy rezan por su permanencia.

Tanto el PAN como el PRD sobreviven con respiración artificial. La inseguridad es su cáncer terminal que se niegan a reconocer públicamente y asocian con una cuestión más mediática que real.

Pero los datos no mienten. Tras el ataque con bombas molotov y armas de grueso calibre que un grupo armado realizó a una rentadora de autos de lujo ubicada sobre la principal arteria de  Cancún, la reacción del gobernador transmitida en un video por las redes sociales desconcierta: “Sé que generó miedo y descontrol, debo decirte que afortunadamente no hubo ni heridos, ni fallecidos. Fue una acción aparatosa, altamente mediática y que tenía precisamente esa intención de dañar nuestra tranquilidad”.

En este sentido el secretario de Seguridad Pública comentó que tal vez se trató de un auto-atentado para cobrar el seguro. Un dato importante es que hace unas semanas uno de los socios de la rentadora fue ejecutado al salir de una institución bancaria sobre la avenida Tulum.

¿Alguien dijo terrorismo?

Como todos saben, el problema del aumento de la violencia tiene muy preocupados a todos los habitantes y empresarios de la zona norte del estado. Sus exigencias a los gobiernos de hacer algo concreto para mejorar los resultados sólo aumentan la presión que no parece inquietar a las autoridades que transitan con el blindaje que les brinda tener todo el aparato de seguridad a su disposición.

Las señales de alerta cambiaron de fase amarilla a rojo intenso entre los habitantes de Cancún, cuando  escucharon el matiz suavizante de la versión oficial sobre los hechos violentos a pesar de la gravedad de las circunstancias; cuando se refieren a la inseguridad, minimizarla es una irresponsabilidad. No hay avance creíble aunque insistan en que se trata de percepción y no de la realidad.

En los pasillos de Palacio, se dice que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) viene con todo al estado. Las autoridades locales se reúnen, analizan y discuten por los últimos sucesos del atentado, los ejecutados, decomisos, hallazgo de avioneta accidentada y abandonada en medio de la selva cargada de droga, el envío de droga por paquetería y todo ese fenómeno inconcebible del hampa, pero poco informan a la población.

Pero los indicios de la fortaleza que muestra la consolidación de las bandas criminales en suelo quintanarroense son palpables para todos menos para ellos, que difieren y hacen pensar en la aproximación de una tormenta política perfecta.

Con la temporada de los Spring Breakers en puerta, los empresarios del ramo turístico tiemblan, los prestadores de servicios también porque desde incidentes “mediáticos” como el atentado al ferry de Barcos Caribe en el muelle de Playa del Carmen, que dejó un saldo de 24 heridos en febrero del 2018, siguen sin ser aclarados y el sector se defiende.

Hasta hoy, el término “terrorismo” está descartado del espectro criminal en Quintana Roo porque, aunque todo indica que en los hechos, las bandas criminales intentan dominar a los habitantes por medio del terror, las autoridades ni lo mencionan.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, terrorismo significa

1. M.  Dominación por terror. 

2. M. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. 

3. M. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común del modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

Un dato del dominio público que se manejaba con sigilo en Cancún, es la existencia de fosas clandestinas, algo no mencionado por las autoridades. El día de ayer por una llamada anónima al 911, se realizó un operativo policíaco para rescatar dos cuerpos flotando en un cenote. Se dice que el lugar era utilizado como fosa clandestina.

Su ubicación se encuentra en un camino de terracería donde termina la colonia irregular Avante un tramo adelante por la avenida López Portillo. Aunque no hay muchos datos aún, se habla de la probable existencia de más víctimas. Mañana las autoridades dirán que también es mediático.