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¡Y tan fácil que es probar el acoso sexual!

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Mi natural misantropía se alimenta aún más cuando veo, en pleno siglo XXI, cómo crecen movimientos sectarios y fanáticos como #MeToo.

La evolución de la humanidad, que se corona con el desarrollo del cerebro y de la inteligencia, parece detenerse y hasta retroceder cuando creencias irracionales (aquí vale el pleonasmo) se apoderan del espacio público, con efectos desastrosos para todas las partes (incluso para quienes se declaran “víctimas”): no sólo fue el suicidio de una persona… ¡es el suicidio de la mismísima sociedad moderna!

Como producto propio del feminismo, el #MeToo es un monumento a la irracionalidad: es un culto al absurdo y a la sinrazón, con buenas cargas de histerismo histriónico. Feminismo de principio a fin, pues…

Con la expansión del feminismo, la sociedad moderna (democracia, capitalismo, ciencia y laicidad) vuelve a sufrir el embate del viejo irracionalismo: hay que “creer”, sobre todo hay que “creer”. La ciencia no importa, la lógica no importa, la demostración empírico-racional no importa, la comprobación de los asertos no importa, el sentido común no importa… ¡Hay que “creer” e inventar “creencias”!

Hay que “creer” y aplicar ad nauseam pseudo-conceptos (que, obvio, se refieren a pseudo-realidades), como “género”, “patriarcado”, “machismo”, “feminicidio”, “androcentrismo”, etc. Hay todo un recetario adecuado para cada ocasión, patrocinado además por las instituciones gubernamentales; un recetario muy bien orientado a lograr que la sociedad se trague y repita las fantasmagorías feministas como si fueran algo real. Nada mejor que el propagandismo nazi, al estilo Joseph Goebbels.

El poder de la repetición suele ser efectivo cuando se trata de masas ignorantes y aborregadas. La manipulación de los cerebros débiles.

La Modernidad poco a poco ha logrado desbancar fantasmagorías míticas y religiosas, pero nunca de forma definitiva. Por desgracia, en no pocas ocasiones la “creencia” es más efectiva que la “inteligencia” (Sagan, Dennett, Dawkins, Bunge, etc.).

Resulta muy decepcionante ver que llegue un fulano cualquiera y le diga a bola de gaznápiros: “Dios me habló, yo soy su enviado y éste es su menaje”, logrando la aceptación de esa bola de gaznápiros. Pues bien, este acto de irracionalidad es el origen de todas las religiones y de todo aquello que huela a religión, incluido el feminismo.

El “Yo te creo, hermana” del feminismo actual es el sustento de todo el movimiento #MeToo: hay que creerle, sin más, a quien se proclame “víctima” a los cuatro vientos a través de las redes sociales. ¿Pruebas? No, no, no, ya dijimos que no son necesarias, porque el feminismo es un culto irracional, fanático, descerebrado. Hay que “creer”.

No se necesita demostración alguna, porque ningún dogma religioso necesita demostración. Se “cree” y punto, so pena de excomunión y tormento inquisitorial.

Así que si una tipa sale a decir que fue acosada sexualmente… ¡pues como ACTO DE FE debemos aceptar que fue acosada sexualmente y punto!

Y sólo de leer los relatos “victimistas” del #MeToo se da uno cuenta de que casi la totalidad de las “víctimas” ni siquiera sabe cómo está definido el delito de acoso sexual en el código penal (mal definido, por cierto, pero ahí está al fin y al cabo). Vaya, es obvio que ni siquiera lo han leído.

Y lo peor: parece que viven en un mundo ajeno a la tecnología actual… ¡y esto pese a que usan teléfonos inteligentes y navegan a diario por el ciberespacio!

Incluso el sentido común nos indica que toda acusación debe estar acompañada por pruebas idóneas y, para el caso del acoso sexual, existen dispositivos de sobra en el mercado tecnológico para poder demostrar la actitud insistente y molesta de quien sea (mujer, varón o quimera).

En el mercado de la tecnología existen, hoy en día, micrófonos externos para teléfonos inteligentes (A).

En el mercado de la tecnología existen, hoy en día, videocámaras del tamaño de una USB (B).

En el mercado de la tecnología existen, hoy en día, videocámaras integradas a un bolígrafo (C).

En el mercado de la tecnología existen, hoy en día, tantos dispositivos capaces de grabar actos reiterados de molestia, como el acoso sexual, que resulta absurdo que haya tantas acusaciones en contra de tantas personas… ¡sin ninguna prueba!

¿Pero qué pedazo de imbécil puede tragarse todo el rollo #MeToo en relación con el acoso sexual?

Pero yo lo vengo diciendo ya desde hace varios lustros: no esperemos conductas racionales de un movimiento esencialmente irracional, como lo es el feminismo.

El feminismo es anti-científico por naturaleza, por eso nació y ha crecido a la sombra del absurdo que sólo es aceptado por las masas sin cultura científica.

Y, bueno, ustedes ya saben, mis apreciables lectores que yo soy un defensor de la sociedad moderna: ciencia, democracia, economía de libre mercado y laicidad.

En este espacio de opinión, único en México, siempre leerán ustedes argumentos en contra de las ideas absurdas, estúpidas e irracionales que pululan en nuestro mundo… ¡ideas como las que sostiene el feminismo!

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine.

Twitter: @BanosLemoine