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El asunto de la migración salvaje, la anarquía que va a desdibujar a México

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

El verdadero neoliberalismo extremo con sus concertadas libertades sin freno, propone leyes análogas a las de la selva; patentes para dar rienda suelta a caprichos y extravagancias en nombre de los derechos humanos, que se interpretan como la ley del que tiene más saliva que trague más pinole, porque se trata de crear nuevos privilegios de dizque minorías e inadaptados en todos los campos, que no saben ya qué inventar.

Esa tergiversación de la vida política y social es la que preconiza George Soros, porque para él no hay nacionalidades, ni culturas, menos religiones o moral.

Ese filibustero de las finanzas internacionales lo que busca es crear condiciones anarquizantes para especular y sacar raja. Que le pregunten a los británicos si no es así. En 1992, Soros afectó la libra esterlina en una jugada especulativa sucia y ganó, en horas, más de 1,500 millones de dólares que lo encumbraron.

Soros es el clásico lobo con piel de oveja que trae tras sí una estela de luz negra y un fétido olor a azufre. Donde se mete, divide; sea Ucrania, Guatemala o en las llamadas Primaveras Árabes, lo suyo es ser promotor de desestabilizaciones; incluso poner a los países en guerra civil, en el proyecto neomalthusiano de acabar con la “gente que sobra”; azuzando a unos contra otros a través de sus ONG´s, particularmente de Open Society su think tank más posicionado.

Porque sencillamente así es como este magnate gana dinero de la manera más ruin: desestructurando economías nacionales, fomentando movimientos destructores que ahora, bajo su batuta, pululan por todo el mundo; y como los políticos de México han coqueteado mucho con ese capitalista apantallador: ¡ya nos cayó el chahuistle!

A Soros lo corrieron de Hungría, su lugar de origen. No le permitió Viktor Orbán, el presidente, que se inmiscuyera en esa nación que urge de una reconstrucción a fondo; y ganó mucho, sacándolo del país. Ahora, toda la prensa neoliberal, en el verdadero sentido de la palabra, le echan a Orbán y lo acusan de intolerante, de derechista y otras lindezas, cuando en realidad es un nacionalista, por ahora, congruente con los intereses del pueblo húngaro.

Así que el pleito que trae Donald Trump con México en materia migratoria, no es otra cosa que la respuesta superficial a un operativo de Soros para desestabilizar la región. Porque son los activistas de Soros los que están organizando las caravanas en Centroamérica; por eso gozan del apoyo de las autoridades de Guatemala, Honduras, El Salvador y… México. Y como dijo Trump hace dos semanas, hasta son escoltados los indocumentados para arribar a la frontera sur de los estadounidenses, es decir la nuestra del norte.

Entre a quienes se les señala en las redes como operadores de Soros, está la secretaria de Gobernación Olga Sánchez, quien insiste en que México no hará nada por parar los migrantes; y mientras todos en la mente se figuran centroamericanos, no se percatan de que el asunto va más allá, porque los que están entrando son inmigrantes sin papeles que vienen de lugares distantes como África y Medio Oriente; quienes tuvieron que pagar un promedio de 15 mil dólares por persona y atravesar media docena de países sin pasaportes ni visas, antes de llegar a las garitas mexicanas. ¿Quiénes los respaldan y pagaron sus viajes?

Hay videos que muestran a esos sujetos enardecidos y envalentonados agrediendo a unos pocos agentes de migración mexicanos, quienes se ven en dificultades por contener esa ola africana que llegó, nadie sabe cómo, a Tapachula, con todas las características de que parezca, o sea, una invasión.

Pero como se vive en un mundo de simulación, Trump ya se echó para atrás de su amenaza de cerrar fronteras formalmente; de hecho, las tiene casi cerradas con paso caótico, es decir a paso lento, para que se produzca el caos, las colas de miles de camiones de carga y de residentes de frontera que no pueden circular en los ritmos normales.

En su discurso, el estadounidense dijo que le daría un año a México para parar migrantes indeseables, porque negó que se les vaya a dar asilo a ninguno de ellos. Ante esa declaración no habría razón o pretexto para que ningún extranjero sin papeles traspusieran nuestras fronteras en el sur, ni en otras partes de entrada al país.

Pero como de lo que se trata es que sigan entrando esas hordas y se metan a México definitivamente, en diciembre del 2018 Marcelo Ebrard, sin consultar, firmó un acuerdo secreto porque no lo han dado a conocer con sus impactos, con la ONU, ahora en manos de los acólitos de Soros, para que, mediante el Pacto de Migración Global, México le dé acceso a cualquiera, incluso a malandros de cualquier parte del mundo, bajo la figura humanitaria.

A eso vino la actual comisionada de la ONU para Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que está aquí desde el día 05, para que el Presidente de México ratifique el Pacto y a la Guardia Civil la ONU le dé estatus de “guardián de los derechos” de los invasores. Cuando muchos países que firmaron al principio ya se salieron, cuando vieron lo diabólico del infame pacto; Brasil, los Europeos del Este, incluso Chile, arrepentidos por la firma de la Bachelet. Por supuesto Estados Unidos no lo firmó, ni lo hará. Ojalá López Obrador no lo haga y despida a Ebrard.

Esa maniobra de la firma del Pacto la sabe Trump, que aduce le cargará 1,500 millones de dólares de multa por narcotráfico a México y aranceles del 25% para los automóviles que ellos importan. Ayer, como probada amarga, determinaron en EUA asignar el 17.65 % a la importación de nuestro tomate, por concepto de impuestos compensatorios, mismos que pueden aplicar a casi todos los productos del campo.

Por eso, después de anunciar el día 05 que México se portó “increíble” parando migrantes en sólo cuatro días, Trump volvió a repetir que en cualquier momento va a cerrar las fronteras…

Muchos allá, antes renuentes, ya aceptan lo del muro. ¿Y la reelección? Trump la tiene en la bolsa, porque en México se van a estacionar cientos de miles que se usaron para la maniobra, más los que faltan por entrar. Éstos por la generosidad de la ONU van a transformar a México en un país de cuarta. ¿Y la Sánchez? Feliz porque ella sí tiene departamento en Houston…