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Zapata no es un ícono utilitario

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José C. Serrano

Con 450 votos a favor, los diputados aprobaron en lo general y en lo particular, el decreto para que el Congreso de la Unión establezca que éste sea el año de Emiliano Zapata. En toda la documentación oficial de la Federación está inscrita la frase: 2019, Año del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata.

Emiliano Zapata Salazar (Anenecuilco 1879- Chinameca 1919) tuvo una infancia colmada de precariedades de toda índole. Su vocación prefigurada por estas tempranas experiencias lo convirtieron en una figura central del movimiento reivindicatorio en contra del régimen de Porfirio Díaz.

Los líderes agraristas recogieron las justas aspiraciones de las clases rurales más humildes, que se habían visto hundidas en la miseria por una arbitraria política agraria que los desposeía de sus tierras. Emiliano y su hermano Eufemio llevaron lejos las aspiraciones de los campesinos morelenses.

Zapata contó con el apoyo intelectual siempre oportuno del profesor Otilio Montaño, su ideólogo de cabecera para hacer público el Plan de Ayala. Para los zapatistas, en palabras de Thomas Benjamin, doctor en historia por la Universidad Estatal de Michigan, “la Revolución no estaba conformada por el maderismo ni tampoco por el constitucionalismo. En franco contraste con sus aliados villistas, los zapatistas retrataban al maderismo de la manera más ríspida: el gobierno maderista era simplemente una parodia y una falsificación ridícula de la revolución”.

Historiadores connotados, mexicanos y extranjeros, destacan un episodio protagonizado por un zapatista, Antonio Díaz Soto y Gama, en la Convención de Aguascalientes de 1914 en el que puso de manifiesto la incuestionable sacralidad que el gran relato de México tenía a los ojos de los revolucionarios. Se negó a firmar sobre la bandera nacional mexicana.

Incólume, Soto y Gama, declaró: “Ese trapo no es sino el símobolo del triunfo de la reacción clerical encabezada por Iturbide. Yo, señores, dijo a los convencionitas, jamás firmaré sobre esta bandera. Estamos haciendo una gran Revolución, que va expresamente contra la mentira histórica que está en esta bandera; a lo que se llama nuestra independencia del indígena fue la independencia de la raza criolla y de los herederos de la conquista”.

Por un siglo, dice el cronista Al Dabi Olvera, “la memoria de Emiliano Zapata ha permanecido en disputa, en 1979 ocurrió una lucha por el cuerpo del Caudillo del Sur. El entonces presidente José López Portillo quiso culminar los festejos por el natalicio del jefe rebelde con el traslado de sus restos de Cuautla hacia el Monumento a la Revolución. López Portillo le otorgaría a Zapata el grado de general de división post mortem“. Los campesinos de Morelos le dijeron al presidente ¡Zapata se queda!

En los tiempos actuales el jefe del Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador, ha recibido peticiones de familiares del líder agrarista y de cientos de campesinos que le solicitan que cancele la termoeléctrica, el gasoducto y el acueducto, impuestos en el mandato de Enrique Peña Nieto. López Obrador prometió dar una solución, pero cambió la jugada y realizó en Morelos una polémica consulta.

En Anenecuilco perdió aparatosamente. La Asamblea Permanente de los Pueblos de Morelos responde: “No puede haber homenaje legítimo a Zapata si no se cancela la termoeléctrica. La mejor manera de hacerle un homenaje es defender la tierra”.

López Obrador está avisado: Zapata no debe ser visto como un ícono utilitario.