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Carreño Reloaded: Compendio del manual de urbanidad y buenas maneras (para ciudadanos digitales y usuarios de redes sociales)

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Boris Berenzon Gorn.

A Paola,

con amor en la Alegría de una vuelta más al Sol

Urbanidad en las redes sociales

Capítulo Primero (Segunda parte)

Principios generales

VIII.– Las leyes de la urbanidad en las redes sociales, en cuanto se refieren a la dignidad y al decoro personal de cada usuario, rigen en todas las plataformas de la web 2.0, situadas en todos los países civilizados de la Tierra, aunque hay que adaptarlas con especial cuidado a los países socialistas y comunistas. (Véase Compendio del manual de urbanidad, buenas maneras y servilismo voluntario para ciudadanos digitales y usuarios de redes sociales regidos por una dictadura).

IX.– Es una regla importante de la urbanidad en las redes sociales el someternos estrictamente a los usos de etiqueta establecidos en los distintos lugares que visitemos, particularmente en términos políticos. Si nos ubicamos en un lugar donde lo in sea la protesta, hay que entregarnos a ella con toda la fuerza de nuestros tuits y de las consignas estériles que nunca hemos de transformar en una acción. Si, por el contrario, estamos en un sitio donde la moda sea el sometimiento, tenemos que someternos con la misma gracia con la que nos doblegamos frente a los impactantes comentarios de los opinadores.

X.– Siempre que en una red social ignoremos la manera de opinar en casos específicos, sigamos el ejemplo de los usuarios con números más altos de seguidores que los nuestros; y cuando esto no nos sea posible, rijámonos por las reflexiones de los políticos, artistas o influencers más activos en Twitter, no importa que sobre ellos pesen muertes, fraudes, abusos sexuales o desapariciones; si tienen tantos seguidores, por algo ha de ser: “tanta gente no puede estar equivocada” #PeñaBombónTeQuieroEnMiColchón.

XI.– El hábito de respetar las convenciones en redes sociales contribuye también a formar en nosotros el tacto para enfrentar las interacciones sociales fuera de la web 2.0; es decir, en la vida diaria sin pantallas, en esa realidad tan horrible de la cual ojalá pronto nos salven los grandes redentores de Silicon Valley.

XII.– Debemos someternos al imperio de la moda siempre y cuando no se aparte de la moral y las buenas costumbres establecidas por los opinadores, éste podrá influir en nuestras opiniones y cambiarlas, incluso hacerlas parecer incongruentes, hecho que poco importará si éstas siguen siendo compatibles con lo que nuestros opinadores favoritos digan y pronuncien.

XIII.– Las atenciones y miramientos que debemos a los demás usuarios no pueden usarse de la misma forma con todos ellos indistintamente. La urbanidad en las redes sociales estima la sociedad y los mismísimos creadores de las redes; así es que obliga a dar ciertas preferencias a unas personas sobre otras, según su número de seguidores, la cantidad de retuits que pueden en un solo día, la influencia que sus palabras tengan en Wall Street o la cantidad de bombas atómicas que puedan liberar con oprimir sólo un botón.

XIV.– Según esto los influencers y los youtubers, los opinadores y los poetuiteros, los presidentes y los genocidas, los blogueros y los columnistas, y en general todos los usuarios entre los cuales existen desigualdades legítimas y racionales, exigen de nosotros tratos distintos, basados en los dictados de la popularidad, el número de seguidores, el alcance de sus publicaciones y su número de patrocinadores.

XVII.– Hay ciertos usuarios para con los cuales nuestras atenciones deben ser más exquisitas que para con el resto del ciberespacio, y son los opinadores que han logrado publicar libros impresos luego de hacerse famosos haciendo tutoriales o reflexionando sobre los temas de moda. Debemos manifestarles, con actos de adoración virtual, que sus virtudes suplen en ellos las deficiencias de talento.

XVIII.- La urbanidad en las redes sociales necesita a cada tuit del ejercicio de la gran virtud de la paciencia, puesto que no nos es permitido perder el tiempo desgastándonos con tantos troles o usuarios desinformados que opinan fuera de nuestra caja de resonancia o en contra de la sabiduría de nuestros opinadores preferidos, es menester dejar ir la mayoría de estos juicios y concentrarnos en sólo sermonear a quienes nos señalen nuestros líderes.

XIX.- Para llegar a ser verdaderamente cultos y sabios, como los opinadores que seguimos, no nos basta con leer cada publicación que emitan y con respetar los preceptos de urbanidad en las redes sociales: es, además, indispensable que vivamos poseídos de la firme intención de acomodar toda nuestra vida en la web 2.0 según los dictados de estos iluminados del siglo XXI.

Manchamanteles

Dice el politólogo Francis Fukuyama que no todas las personas que votan por opciones de ultraderechas, o por las llamadas populistas, son xenófobas o racistas. Tiene razón al asegurar que éste no siempre es el primer motivo para elegir a personajes como Trump; sin embargo, tampoco podemos librar de toda culpa a quienes lo encumbraron guiados por otros espejismos. ¿De qué puede servirles a los niños que separan de sus familias y meten en jaulas por ser migrantes el saber que los responsables del suplicio no los odian en realidad, pero vieron su tortura como una consecuencia colateral de sus elecciones democráticas?

Narciso el Obsceno

Peg Streep, psicólogo, autor de Altares: Cómo Crear un Espacio Sagrado muestra en un texto divulgado por Psychology Today: “Que los narcisistas son, en su mayoría, muy buenos en la cama”. Ante lo que nos preguntamos ¿Se puede ser un paradigma sexual en la cama? ¿No es el acto sexual una cosa de dos o más ineludiblemente? ¿No se es, más bien, bueno con alguno(s) en la cama? Streep nos dice que no, y que los narcisistas presentan un modelo muy certero y dinámico en este proceder. ¿Qué dicen nuestras historias? ¿Usted que opina …?