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Lo de Sri Lanka un eslabón del odio a la Cristiandad

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Aunque parezca inverosímil, el Cristianismo, en sus diversas expresiones, es la fe que ha recibido más ataques en el siglo XXI. Los atentados en Sri Lanka, que suman más de 200 muertos, van a acumularse a las más de 19 mil asesinados que, desde 2015, se tienen registrados por la organización evangélica Open Doors por formar parte, practicar o realizar actividades ligadas al Cristianismo.

Las cifras de cristianos perseguidos señalan números impresionantes: únicamente en el 2018 fueron 245 millones. También en el 2018 fueron detenidos, procesados y encarcelados 3,150 por profesar su fe, algunos con todo y familiares también en esas condiciones. El primer lugar en esta especialidad de privar de la libertad por causas del cristianismo, lo obtuvo China con 1,131 cristianos detenidos.

La amenaza más común es el islamismo opresor en diversos países como Nigeria, Sudán (donde Obama tiene a un hermano que es de los dirigentes radicales), Siria, Irán, Yemen, Libia, Paquistán, Afganistán y Arabia Saudita; de hecho todos los países con mayoría islamista son intolerantes y agresivos hacia el cristianismo, el odio que se predica es coincidente con las prohibiciones legales que obstaculizan la práctica del culto a Jesucristo.

Aunque muchos quieren hacer ver una separación entre el islamismo radical y el otro aparentemente menos intolerante, no deja de ser una visión ingenua porque El Corán, su libro sagrado mismo, centra en la Yihad, es decir en la “erradicación de los infieles”, sus ataques que ha materializado contra el Cristianismo de manera histórica.

Muchas masacres en los Balcanes y en Armenia, en Egipto y el Líbano son de los ejemplos de la práctica de la Yihad como una de sus doctrinas más recias de los musulmanes. Sobra decir que los islamistas más civilizados y menos agresivos son vistos por las dirigencias que son necesariamente teocráticas, es decir autoridades políticas como religiosas, como grupos tibios sin compromiso, que van perdiendo fuerza ante los fanatizados, que fomentan un verdadero infierno con su machismo acendrado, arbitrariedad y mensaje de odio que inculcan a la vida de esos pueblos. Recomiendo un documental Among Belivers.

Pero no sólo son los mahometanos los que atacan cristianos, también lo hacen los países donde hay mayoría hinduista o budista, como es el caso de la India o de la ahora tristemente célebre Sri Lanka. Aunque la gente de occidente está persuadida de que la meditación oriental produce paz interior y hay muchas escuelas que propagan un tipo light de budismo para amas de casa y hombres ociosos; en los lugares donde esas formas panteístas de pensar son mayoritarias, se vuelven intransigentes hasta la violencia, como sucedió de manera irracional lo del pasado fin de semana.

A esas grandes corrientes de intransigencia hay que añadir las de las dictaduras paranoicas, en las que la de Corea del Norte encabeza la lista, con una enorme intolerancia hacia todo lo que huela a Cristo. El que practica alguna forma que se interprete como de la fe cristiana es causa suficiente para que se le declare fuera de sus cabales, como sucede en muchos lugares de China también. La simulación de una disfrazada libertad de cultos que exhibe la dictadura de Corea del Norte para los pocos extranjeros que llegan a esas tierras es inconcebible; de hecho cuando visitan a una de esas “iglesias”, los foráneos se topan con empleados del gobierno aparentando profesar algún tipo de cristianismo; son “creyentes profesionales” que tienen respuestas ensayadas y un script bien aprendido. La tragedia de Corea del Norte en ese y otros temas se puede ver en la televisión de cable bajo el título de The Propaganda Game.

La organización que lleva las cuentas de la persecución al cristianismo Open Doors señala a 50 países en el mundo con diversos grados de agresividad hacia los creyentes cristianos. En el continente americano están únicamente México y Colombia, en ambos casos se señala que es el crimen organizado el agresor principal. Pero si se habla de crimen organizado se está hablando, también, de autoridades de algún orden de gobierno que protege con información y acciones, la maquinaria de los delitos en producción digamos industrial.

Pero en nuestro país no es nada más el crimen organizado el que hostiga a los creyentes, sino un clima más amplio de un ateísmo oficial, encubierto en secularismo y en un supuesto Estado laico, que muchos interpretan no como un estado integrado por creyentes no clérigos, que es el concepto original de fondo de los juaristas, sino en un Estado que para ser válido debe ser ateo. Una enorme confusión que se avala cotidianamente por los medios que profesan el ateísmo, y por quienes encabezan los diversos gobiernos municipales, estatales y central en el país.

Por eso, cuando son expulsados los indígenas de las comunidades porque se niegan a seguir con la aberrante y empobrecedora maquinaria de intereses de pagar las fiestas anuales a las imágenes sincréticas, no hay gobierno que los proteja. Al revés validan las viejas costumbres pletóricas de ignorancias de los supuestos habitantes originales, cuyo fin es que se conserve la mecánica de que se paguen unas borracheras colectivas por varios días; aunque se queden los indígenas cautivos de por vida a saldar la cuenta de esos alcoholes envenenadores a precio de caros licores espirituosos por los intereses que les cargan.

Allí el estado ineficaz y dizque laico haciéndole al tonto. Y que se maten los indios para estar a tono con los neomalthusianos, que como su jefe George Soros, lo que quieren es una sarracina violenta para que haya menos seres humanos, o por medio del ataque de la familia y la promoción de la no reproducción, para que la gente prefiera a los de su propio sexo, como objetivos de la moda de la esterilidad colectiva o, que los que quieren y puedan, mejor adopten una mascota.

Por eso no se debe pasar por alto que antes de lo de Sri Lanka, se atacó el templo más importante de Francia como culminación de una serie de agresiones previas que la lógica elemental apunta a los islamistas o alguno de los frentes desestabilizadores. Por eso la declaración absurda de Macron, un discípulo de Soros, fue descalificar el atentado refundiéndolo al nivel de un corto circuito. Hoy, como desde el principio, el Cristianismo está en el reto de la vocación del Maestro, en la reciedumbre de una fe superior que no se rinde…