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Los estruendos del infierno en el paraíso

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Miryam Gomezcésar.

En Cancún, una pequeña de seis años murió esta semana en una calle de la supermanzana 75, a consecuencia de una balacera. La madre de la niña también fue alcanzada por las balas. Está embarazada, la reportan grave. Éste, como otros casos de los llamados ‘daños colaterales’, se suma a la estadística negra.

La autoridad calla. Pocos se solidarizan, es una afectación más a una familia humilde que, sin deberla ni temerla, fue otra víctima inocente de los criminales. Un hecho tan lamentable como la soberbia de las autoridades de Seguridad Pública y la frialdad con la que proceden los delincuentes violentos. Es patológico.

El caso es muy triste, la familia no tiene recursos para los gastos funerarios, el padre está sin trabajo, las autoridades, para variar, están ausentes.

El problema es serio y grave. Aunque su corrección sigue en espera, en las corporaciones municipales sus funcionarios no logran ponerse de acuerdo con los mandos estatales, el pleito entre los directivos identificados como gente del coordinador del Mando Único, Jesús Alberto Capella Ibarra, es una muestra del desorden, del nivel de capacidad y la limitada sensibilidad de estas autoridades.

Quieren las plazas por las buenas o por las malas pero, como no encuentran respuesta las arrebatan, así de simple. Remover a los servidores públicos es normal pero el procedimiento marca la diferencia, como hicieron con el subdirector de Tránsito José María Martínez, que fue presionado a dejar su puesto. Es de trámite porque  se trata de personal administrativo de confianza. 

Son esas plazas las que a los nuevos jefes interesan y, para obtenerlas, hacen lo necesario, poco importan las formas, correr de tan fea forma a un elemento no se les complicó ni tantito.

Aunque en los pasillos de palacio se duda de la honorabilidad y capacidad de la mayoría en la burocrática dependencia, el problema es que están enredados en la superficie, peleando por arrebatarse elementos porque hacia esa institución hay poco interés de la ciudadanía en ocupar un espacio laboral, máxime si se trata de ser elemento operativo. 

Los Capellosos se precipitaron, acelerados por la presión de la jerarquía optaron por cambiar la chapa de la puerta de la oficina del subdirector Martínez, para hacer que la agresión fuera notoria y obligar a los trabajadores a desistir de su deseo de continuar laborando en la dependencia. Pero los altos funcionarios tampoco presentan alternativas confiables y, en ese estire y afloje, lo más notorio es que no saben dónde están parados.

Tras el desaguisado, José María Martínez se inconformó, pero de nada sirvió porque la decisión estaba tomada y hasta su sustituto interino estuvo presente.

Un detalle que pasaron por alto las autoridades de Seguridad Pública, Tránsito y Bomberos, es que, hacer eso en tiempos electorales es poco redituable, es como darse un balazo en el pie en un momento delicado como el actual, cuando el problema de fondo es de capacidades, honestidad, experiencia y destreza, y la imagen del Gobernador Carlos Joaquín González es tan débil que parece transitar como si nada, pese a los estruendos del infierno en que está convertido el estado.

No midieron bien, hay un rechazo de la gente porque quitar a unos para poner a otros no parece la mejor solución cuando el desorden es tal que la corrupción se desborda y los que llegan son los mismos que fueron rechazados en el estado de Morelos.

En las calles de la mancha urbana de Benito Juárez se siente la desconfianza, el temor a cualquier eventualidad que pueda poner en riesgo la vida como sucedió a la familia recientemente lacerada, con todo y esto, el secretario de Seguridad Pública alega la imposición del Mando Único como estrategia salvadora. Pocos le creen.

Pero el tema del Mando Único tiene intranquilos a varios en el Ayuntamiento, y será hasta la semana que entra cuando se determine su aceptación o rechazo por los miembros del Cabildo. Los términos de la coordinación no convencen.

Es lastimoso escuchar el optimismo del alto funcionario, ufanarse públicamente  por una supuesta baja en la incidencia delictiva en Quintana Roo, que raya en lo inverosímil cuando el propio Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), desde su conferencia de prensa matutina, aseguró en Palacio Nacional exactamente lo contrario, y explicó que, por la urgencia, Cancún es una de las ciudades donde serán enviados en una primera instancia contingentes de la Guardia Nacional.

Un dato ilustrativo del nivel de responsabilidad del secretario de Seguridad Pública es su comentario externado a la prensa previo a la clausura de  la reunión de Fiscales celebrada en Cancún. En una entrevista a un medio local virtual dijo estar de ‘luto’ por la ejecución de un custodio de la cárcel municipal de Cancún, sucedido el jueves por la noche en el estacionamiento de un centro comercial.

Las cifras de la nota roja saturan los diarios locales. Alrededor de 160 asesinatos vinculados con el crimen organizado se contabilizan en lo que va del año, son números que lastiman al tiempo que el estruendoso relajo se adereza con las cansadas campañas ¿A quién le importa?

El tropel de candidatos y candidatas se promueven sin rubor en medio del desastre, los habitantes no tienen a dónde voltear para quejarse del estruendo machacón de sus altavoces. El ritual de la ignominia en su expresión más indignante, cansados de la basura publicitaria que las campañas genera. 

Del atrevimiento de la gente dispuesta a defender con su desconocimiento a cuestas, las absurdas propuestas de los entusiasmados que proponen una y otra vez lo mismo, pensando tal vez que la población olvida.

Por si fuera poco, el atosigamiento publicitario en las redes sociales que obliga a considerar la verdadera utilidad de esta forma de relacionarse con el entorno. Éstas, que hoy se reconocen como verdaderas fuerzas vivas, a  pesar del daño por la desfachatez de los llamados bots, donde los insultos suplantan el diálogo y las burlas el intercambio de ideas y el debate de opiniones.

Al referirse a este irritante tema, tiene razón el Presidente AMLO cuando afirma que, por razones de congruencia y ética, pero también para apaciguar a los rijosos,  los dueños de las plataformas Facebook y Twitter deberían replantear el tema de los bots, sus criterios comerciales y reorientar las reglas para mejorar la convivencia virtual.

Aun cuando un grupo minoritario llama a marchar para pedir la renuncia del presidente, el tufo a azufre que se esparce en las redes donde lo mismo los mal agradecidos Vicente Fox y Felipe Calderón promueven sus afanes mientras atizan el cadalso, enojados tal vez por los privilegios perdidos, otros intereses se conjugan para intentar, con idéntico propósito, obtener lo que sea en la cultura del menor esfuerzo, pensando tal vez que la presión ejercida será suficiente para lograr que el apoyo logrado por AMLO se resquebraje, pero la confianza en el presidente es real y esto lo dirá con mayor claridad y precisión el tiempo.