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Venezuela ¿por qué abandonó la OEA?

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El único Estado que ha salido de la Organización de los Estados Americanos, luego de la histórica expulsión de Cuba del organismo internacional, ha sido Venezuela, el sábado pasado. El acontecimiento es muy significativo, pues cuestiona la representatividad de un decano de los organismos internacionales: la OEA.

En tal sentido, es histórica la salida de los venezolanos de la Organización de los Estados Americanos. Ya hace dos años se había anunciado la salida por la canciller Delcy Rodríguez, y Maduro le envió una carta sobre el asunto al Secretario General de la OEA, Luis Almagro. El fin de semana se cumplió el plazo de dos años, para que tal carta tenga efecto, y Venezuela ha salido del organismo.

En Caracas ya festinaron la salida de Venezuela del organismo, en una gran concentración encabezada por un miembro del liderazgo venezolano, Diosdado Cabello. Y supongo que los venezolanos no pensarán regresar. De manera que podemos considerar un hecho la salida de Venezuela, aunque sea jurídicamente imperfecta pues Venezuela debe varios millones de dólares al organismo, según se ha dicho.

Está la decisión de los bolivarianos en cierta sintonía con la política exterior cubana, que hace un tiempo rechazó volver a la OEA. Fueron los líderes cubanos, en específico Fidel Castro, quienes antes bautizaron al organismo como el “Ministerio de Colonias de los Estados Unidos”, y obraron en consecuencia durante décadas.

Por tanto, puede afirmarse que cubanos y venezolanos han actuado “a dúo” en cuanto a su política hacia la OEA, pues si Cuba hubiese regresado a la OEA cuando pudo, sería poco probable que los venezolanos se hubiesen levantado de la mesa “para siempre”, el pasado fin de semana.

Por su parte, Diosdado Cabello no tuvo la elocuencia de los líderes de La Habana y calificó al organismo como “letrina del imperialismo” y dijo que se ha convertido en su instrumento represivo más grande.

Lo que hizo previsible que no se suspendería la salida de Venezuela del multicitado organismo, fue el reconocimiento en la OEA de “otro señor que también dice que es presidente” de Venezuela, Juan Guaidó. El señor Gustavo Tarre, enviado por Guaidó, fue reconocido por la OEA apenas el día 9 de abril pasado como representante venezolano. Por lo tanto, puede decirse que el reconocimiento del representante de Guaidó como representante legítimo de Venezuela en la OEA, es el último choque antes de la referida salida de Venezuela.

Maduro, adicionalmente, supo con astucia hacer algo que al parecer le sale bien y en lo cual también imitó con habilidad a los cubanos: aprovechar los asuntos de su propia política exterior, para propósitos internos. La gran concentración dirigida por Diosdado Cabello, es prueba de ello.

Quizá fue un error de los cubanos no aceptar la bienvenida a regresar a la OEA, en su momento. Pues la OEA es hoy menos sectaria que lo que fue, y Cuba pudo haber influido sin duda en sus trabajos en Washington –al menos un poco-.

Pero los cubanos decidieron alejarse y persistir en su política radical, en lugar de acercarse más a la OEA y a la geopolítica de los demócratas –con Barack Obama a la cabeza- mientras pudieron.

Hoy ya no pueden, pues llegó Trump al poder, y menos pueden los venezolanos contrapesar solos a Donald Trump, por lo cual cobra sentido la radicalización de Venezuela y es otra de las razones que explican la salida de Venezuela de la OEA.

Cae como anillo al dedo a los maduristas la salida de Venezuela de la OEA, y será utilizada para propósitos políticos internos, pues el organismo es fácil de ser acusado de injerencista, dadas las pasadas actuaciones del mismo en diversos países.

Así, el festejo por la salida de la OEA es el clima ideal para reforzar un discurso nacionalista en Venezuela –similar al cubano- que los bolivarianos van a enderezar contra Donald Trump. El cual, a su vez, no escatima en dar motivos para la sospecha, al haber planteado Trump hace unos meses que “todas las opciones están abiertas” frente a la república bolivariana. Lo que implicaba a su vez abrir la puerta, así sea en el plano discursivo, a la opción militar contra Venezuela.

Luego, Elliot Abrams, nombrado en enero pasado representante especial de los Estados Unidos para Venezuela, se encargó de debilitar esa alternativa, pues declaró que Estados Unidos consideraba la opción militar como la última –aunque no negó que fuese una opción-.

Por su parte, la salida de Venezuela puede ser un acontecimiento revolucionario en la pesada estructura burocrática de la OEA. Si el ejemplo venezolano cunde, la OEA está liquidada. Pues va a terminar de perder la representatividad que tenía como el decano de los organismos interamericanos o panamericanos. Por ello, está en mayor riesgo que antes, en cierta medida, la permanencia en la OEA de Nicaragua o Bolivia, u otros aliados de Venezuela, si es que quieren perjudicar al organismo.

Al interior de Venezuela, el gesto se interpreta por el oficialismo como un capítulo más contra el injerencismo y hasta el neoliberalismo, que ellos equiparan al gobierno de Donald Trump. Trump es no un neoliberal, sino un proteccionista –pero esa es una discusión aparte-.

Un tiempo quien esto escribe trabajó en la OEA, y allí pudo ser testigo de ciertas tretas que sus adversarios estadounidenses y sus respectivos aliados, le ponían a Venezuela.

En alguna ocasión, se organizaron grupos de trabajo sobre temas políticos. Las reuniones se hacían todas al mismo tiempo cuando querían avasallar a los venezolanos –quienes no tenía suficiente personal para cubrir todas las reuniones. Esto permitía a los organizadores –controlados por la delegación estadounidense- introducir temas lesivos contra Venezuela.

Uno de los temas que trataban de impulsarse contra Chávez, circa 2004, era la participación de los medios de comunicación en los procesos de reforma política. En un ambiente como el venezolano de tiempos de Hugo Chávez, donde las batallas políticas del chavismo tenían como adversarios a los medios, era muy lesivos para los intereses oficiales venezolanos tener incluidos, como parte de cualquier discusión de reformas políticas, a los medios de comunicaciones, pues en Venezuela los medios eran prácticamente parte de la oposición.

Este tipo de triquiñuelas era el pan de todos los días para Venezuela en la OEA. Ahí una razón más que explica la salida de la nación bolivariana del citado organismo.

Venezuela se va de la OEA cantando y con alegría -al menos eso se ve en la concentración de Diosdado Cabello-, pero así es como algunas gentes van a la guerra. Durante mi adolescencia vía nicaragüenses y salvadoreños ir a la guerra –más bien era guerrilla- entre cánticos y abrazos, aunque muchos no sobrevivieron esa riesgosa aventura…

Ahora, Venezuela se va de la OEA, cantando por las calles caraqueñas “¡fusil al hombro, bayoneta calada!”, siguiendo lo que dijo su líder Diosdado Cabello. De no ser por el incuestionable aplomo de Don Diosdado, uno diría que Venezuela, con su salida de la OEA –y sobre todo su forma de festinarlo- se está preparando para una guerra.

Creo, sin embargo, que a corto plazo no habrá tal guerra. Porque, entre otras cosas, los estadounidenses no quieren eso –si le creemos a Elliot Abrams-.

Creo que los estadounidenses han escogido la vía del reconocimiento de Juan Guaidó para debilitar a Maduro. Y no el camino de la invasión directa. Lo que Occidente le puede dar con relativa facilidad a Guaidó es más dinero, como ya se lo han dado. Le pueden dar también apoyó político internacional como se lo dieron en la OEA hace unos días. Y ciertas presiones económicas dañinas, pero que los cubanos han resistido por años, por lo cual puede preverse que no funcionarán en Venezuela por sí mismas.

Lo que no se sabe es si va a funcionar el reconocimiento de Guaidó, como vía para forzar la salida de Maduro. Eso se sale del fracasado modelo cubano-estadounidense de los años 60s. Se ve que los diplomáticos estadounidenses han estudiado su propia historia, pues no están cometiendo los mismos errores que ante los castristas –en la época de Kennedy.

Ahora, el apoyo estadounidense es a un ciudadano venezolano, es decir Guaidó. Eso limita las acusaciones de injerencismo contra Trump, pues los Estados Unidos están apoyando a un representante de la clase política venezolana. Guaidó, si bien recibe dinero extranjero, antes de ser presidente, lo fue de la Asamblea venezolana y por tanto tiene también raigambre política al interior de su país. ¿Qué tanta? Eso es lo que está a prueba.

De modo que el apoyo concertado por diversos países a Guaidó, es una política mucho más sofisticada que organizar la invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba. No es la fuerza bruta, sino maniobras políticas elaboradas lo que impulsa hoy el “imperio”, en tiempos de Trump.

Lo más relevante, en el ámbito político interno venezolano, es que hoy hay “dos señores que dicen que son presidentes” de Venezuela. Si no fuera la triste verdad, parecería realismo mágico. Pero el asunto es más bien un buen inicio de tragedia, pues el caso venezolano puede terminar en una guerra entre venezolanos, porque en una situación de paz y estabilidad, sólo debe haber uno y no dos señores que digan que son presidentes de un país…

Lo menos que deseamos a nuestros hermanos venezolanos, es una guerra civil. Pero aquí hay un riesgo y debe señalarse.

Esto en cualquier momento puede cambiar. Si le resulta favorable para propósitos electorales o económicos, Trump podría intentar al menos atacar brevemente algún punto de Venezuela. Pero eso no está claro en estos momentos que pueda ocurrir, por lo cual puede afirmarse que no es inminente una invasión a ese país.

Por todo lo anterior, el día que Venezuela se fue de la OEA, es un día triste para este organismo. Pues se fue uno de sus antiguos miembros, que por otra parte está siendo cercado por los estadounidenses. Y pudiese aumentar la tensión, sobre todo si fracasa el plan de apoyo a Guaidó, si tan sólo recordamos que del otro lado del Caribe está, acechante en su casa de Mar-a-Lago, Florida, el mismísimo Donald Trump.