web analytics

Los pecados del PRI. Cambiar todo para que todo siga siendo igual

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

El PRI, como toda maquinaria electoral pragmática sin definiciones ideológicas claras, hoy, se suma en voz de los aspirantes a la presidencia de esa organización, a una “izquierda progresista”, o aun “centro izquierda” -lo que se quiera entender por ello-. Tratan de cambiar su tradición de: “no ser ni de aquí ni de allá, sino todo lo contrario”, al dragonear un izquierdismo que, como todo el izquierdismo latinoamericano, me imagino que se entiende como la admiración de la pobreza cubana y el endiosamiento de líderes.

El argumento real de ese supuesto cambio ideológico es aparentar que hubo arrepentimiento de algo, que no es precisamente el tema de la corrupción total, la causa esencial por lo que se les sigue rechazando; sino una clara pretensión de actuar como paleros del gobierno actual, para ver si algún cándido cae en el garlito de que son aliados útiles de los que mandan.

El PRI de siempre, así como los demás partidos de México, propensos a confusiones ideológicas, se complementan por sus carencias de visión y proyecto políticos. Es ése su confinamiento en los espacios de las desconfianzas políticas internacionales. Nadie que tenga poder y definición en la política mundial los toma en serio o siquiera presta atención.

El PRI y sus consecuencias, lo que sí han formado son espectros contradictorios que tienen trabada la economía y la movilidad social con experimentos de “prueba-error”, a ver si pega, propios de la prehistoria. Se pretende que no se tiene memoria de nada.

Lo que queda como producto de ese sistema son: funcionarios improvisados; empresarios que no emprenden, que no arriesgan; obreros cuyo ideal es no trabajar; estudiantes que no estudian; hombres del campo que quieren todo subsidiado; profesionales burocratizados y científicos sin aportaciones.

Por eso, decir que los que contienden hoy por la presidencia del PRI, el Doctor Narro o el gobernador de Campeche Alejandro ”Alito” Moreno, son progresistas o izquierdistas es no decir absolutamente nada.

En primera, porque la izquierda es una moda y como toda moda, pasajera; que se contradice, porque es paradójicamente: una moda vieja, que ha servido en el mundo, durante más de dos siglos, como argumentación recurrente para decir con eufemismos, que no se tiene proyecto; y que se está en contra de todo, como razón del existir político.

Porque la izquierda se auto inscribe como si estuviera fuera de la organización de la sociedad del poder, pero sorprendentemente para la lógica elemental, es en ella donde actúa. Le llaman táctica a lo que es evidentemente una falacia.

En segundo lugar, a la izquierda se le concibe como un ariete de terror, porque se le endilga un carácter destructivo, pero que definitivamente no es una destrucción creativa porque no crea nada. Y la nada, como decían los presocráticos, conduce a lo mismo.

Porque hay que entender que cuando sí emergen sistemas nuevos, se destruyen los que les preceden. Pero el orden es importante.

Lo nuevo surge primero, de manera precaria; en principio lo tratan de ahogar las circunstancias externas, porque la élite que se beneficia de las extracciones de los viejos sistemas no quiere que se mueva el esquema de beneficios; pero la ampliación de un sistema real de oportunidades, se apunta hacia la destrucción de los monopolios, pero ese proceso no es propio de la izquierda, ni algo que pueda presumir.

Sencillamente el caso cubano o el venezolano, destruyeron todo vestigio de producción de riqueza, exportaron capital hacia el capitalismo y “crearon” pobreza al por mayor, sin ningún otro plan novedoso que reducir aún más la élite extractora de la sociedad.

Pero el PRI según sus manejadores, siempre ha sido izquierdizante en lo ideológico pero pragmático en la realidad. ¡Vaya esquizofrenia!

López Mateos, en los años sesenta, se alcanzó la puntada de autonombrarse un político “de izquierda, dentro de la Constitución”. Cimbró su discurso a la economía y sembró incertidumbres . Hoy, ese tipo de declaraciones no tienen significado ni repercusión.

Trata de cambiar el PRI todo su pasado con banderas que lo acercan al papel de comparsas para que todo siga siendo igual, y los mismos, sigan apoderados de un instituto que lo que tiene en realidad son deudas.