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México envejece

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Envejecer es un proceso que duele literalmente. Duele el deterioro físico, duelen los huesos, el alma –sino ha visto cristalizado los sueños de juventud- duele el hecho de no tener la energía suficiente, duele llegar a viejo sin dinero y dependiente de algún familiar, pero a muchos duele también la soledad. No todo es cuestión de dinero me narra una abogada jubilada que hoy, con la única hija viviendo en el extranjero, enfrenta el envejecimiento con tristeza por estar sola, aunque con la tranquilidad que le dieron los años de trabajar en el sector público: una pensión para vivir cómodamente y sus dos departamentos que alquila. Alguien diría que Martha de 68 años es de las y los pocos privilegiados que tuvo prestaciones porque hoy en día los trabajos de freelance provocan mayor incertidumbre mientras más envejecemos. Ella dice con cierta ironía, “no me puedo quejar, trabajé demasiados años para sentirme tranquila económicamente, pero no lo es toda la vida. Ahora que puedo, ya no tengo energía para viajar. Le dediqué demasiado tiempo al trabajo, tener seguridad y mi hija y mis nietas viven en España”.

El camino a la vejez tiene muchos senderos. Está el caso de Don Federico quien sin tener apremio económico– aunque tiene una pequeña pensión sus hijos velan por él económicamente y anímicamente- quedarse viudo lo llevó a buscar casi desesperado, nuevos amigos y distracción. En un súper encontró refugio donde amablemente ayuda a embolsar las compras y además se gana una lanita. “A mí me da gusto sentirme útil y ganarme un dinero para no estarle pidiendo a mis hijos, aunque ellos son muy generosos. Tengo 77 años pero me siento muy bien, no tengo ningún tipo de dolencias, pero no quiero estar encerrado en mi casa viendo televisión todo el día. Qué bueno que hay oportunidad de hacer esto”.

Aunque todavía es un país de gente joven, en tres décadas México será un país de viejos. Según la última Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica del INEGI, ha disminuido la población de menos de 15 años; de un 27.5 por ciento en 2014 a 25.3 por ciento en 2018, en una población de 124.9 millones de personas. La tendencia es hacia el envejecimiento poblacional. Según proyecciones para el 2050 el 24.5 por ciento de la población será de más de 65 años. Hoy en día la gran mayoría de las personas de ese rango de edad están en la precariedad social y es por ello que las tarjetas de bienestar del actual gobierno, representan alivio para la mayoría. ¿Nos estamos preparando para enfrentar lo que viene? Si bien el aumento en la esperanza de vida es un logro social importante, generará presiones a las instituciones de seguridad social, por la demanda en pensiones y atención médica.

Soledad, enfermedad, precariedad y discriminación acompañan a la vejez. No estaría mal irnos preparando para ese irremediable camino y tal vez hacerlo menos dramático y difícil. Contadas son las historias de adultos mayores enfrentando sin problemas el paso de los años. No estaría nada mal hacer del envejecimiento un tema de la agenda pública. Las cifras deberían prender las antenas de todos. Ni modo, para allá vamos todos. Como diría el clásico, ¡más vale cumplir que no cumplir!