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¿Qué estamos respirando?

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Marissa Rivera.

Desde el sábado pasado, la Ciudad de México y algunas zonas del Estado de México resienten los malestares del humo de los incendios y de una calidad del aire extremadamente mala.

Vamos, si de por si la calidad del aire que respiramos en el Valle de México es de pésima calidad todo el año, ahora hay que sumarle la presencia de una nueva partícula llamada “PM 2.5”, provocada por los incendios.

Por fortuna el Popocatépetl no ha arrojado cenizas, sino, como dirían por ahí, “éramos muchos y parió la abuela”.

Las altas temperaturas, la falta de lluvias y la irresponsabilidad de algunos que provocan los incendios forestales en esta época del año, generó esta crisis.

Los incendios en las alcaldías de Tlalpan, Xochimilco, Milpa Alta, Iztapalapa, Cuajimalpa, Gustavo A. Madero, Álvaro Obregón y Magdalena Contreras provocaron altos niveles de partículas PM 2.5, sin que el viento, que ha sido de baja velocidad, favorezca su dispersión.

Ahora, ni Ehécatl ni Tláloc han ayudado a aligerar el problema como otras ocasiones que resuelven las crisis que angustian a las autoridades cuando no saben qué hacer.

Las micro partículas PM 2.5 causan mucho daño a la población, sobre todo a los niños y ancianos, pero también a las personas con problemas respiratorios y cardiovasculares.

La Comisión Ambiental de la Megalópolis tardó en activar la Contingencia Ambiental, porque no había “protocolo”, aunque sabían que las partículas eran dañinas.

Hasta que la combinación de la alta presencia de partículas y la mala calidad de aire se combinaron, entonces ocurrió lo que era inevitable, declarar un protocolo que sí tenían.

Protección Civil del Gobierno Federal dio a conocer que todavía, ayer martes, había 13 incendios en la Ciudad de México, de los cuales 11 ya estaban controlados y dos en proceso de control.

El problema de los incendios forestales no es sencillo. Hasta este 14 de mayo, había 71 incendios en 17 estados del que comprometen 8 mil hectáreas y la temporada termina hasta septiembre.

Y su combate se complica porque este año, para enfrentar estas situaciones de emergencia, a la Comisión Nacional Forestal se le recortaron mil 200 millones de pesos.

Lo que ha quedado muy claro y debería ocupar a las autoridades capitalinas es que no estamos preparados para enfrentar una contaminación provocada por incendios a pesar de que sabemos que ocurren cada año.

El tema ambiental no ha sido prioridad de ningún gobierno capitalino. Los habitantes de esta ciudad padecemos las consecuencias de los altos índices de contaminación, que, a decir de algunos especialistas, provocan cáncer y otros males en la salud de las personas.

Se talan cientos y cientos de árboles sin consideración, para construir vialidades para que millones de automovilistas usen sus vehículos frente al insuficiente e ineficiente transporte público que tenemos en la capital del país.

Súmele la corrupción para verificar automóviles, la contaminación de la industria y el transporte público, camiones y peseros, que contaminan sin ninguna restricción.

Eso por el lado de la mala calidad del aire, y por la alta presencia de las nuevas partículas, la población también hace su parte, 9 de cada 10 incendios forestales son provocados por el hombre, ya sea por descuido o de manera intencional.

Es buena noticia que el gobierno de Claudia Sheinbaum prepare un nuevo plan de calidad del aire y de contingencia para PM2.5. Por el bien de la salud de los capitalinos, ojalá que ahora sí se haga algo bien para mejorar la calidad del aire.