web analytics

The Mexican Dream 2

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

La caída del viejo prestigio del american dream ha sido estrepitosa y ya nadie lo cree, sólo las masas menos informadas del mundo siguen viendo al país de las barras y las estrellas como algo inalcanzable, pero al que hay que meterse como sea: lavando platos o sirviendo a las clicas de punteros y cobradores.

Miles que quieren llegar al cobijo estadounidense argumentan persecución política o inseguridad, pero no les favorece el veredicto de un balance imparcial que señalaría que es la condición normal, vivir en la mayoría de los países del mundo con sobresaltos permanentes, donde élites dictatoriales, las oligárquicas y hasta tribales no sólo no dejan pasar a nadie, a una movilidad social inexistente, sino que un espíritu sádico que domina a los que mandan, hacen que la vida de los demás sea un suplicio permanente.

Pero introducirse a EUA por medio del mexican dream es otra cosa muy diferente, porque los que tienen acceso a este sueño mestizo, para comenzar, tienen casa en los suburbios de Houston o departamento en Florida, un loft en Las Vegas y visa de visitante inversionista, como para tener un auto de súper lujo en el parking lot, de esas viviendas, que se pagan con las divisas de los negocios favorecidos de los tratados internacionales; o como los actuales dirigentes del SNTE, Alfonso Cepeda y sus secuaces, que en unos cuantos meses, se podría decir, ya lograron establecerse en los edificios de Miami.

Porque el mexican dream incluye, por temporadas, vivir en el extranjero sin responsabilidades ciudadanas foráneas y subsidiado ya sea como estudiante por el CONACYT o como cuando los empleados de ProMéxico eran compañeros profesionales de parrandas de los funcionarios viajantes; o, mejor aún, con las facilidades de exportador que no regresa las divisas a México, y las sigue consiguiendo de parte de los programas que impulsan los negocios aunque se descapitalice el país.

En esos lugares los del mexican dream viven la fiesta a fondo. No se diga en Cuba, el Disneylandia de los adultos diestros en la fiesta full time, donde los amos de la isla en ruinas obtienen las divisas mediante el fragor entusiasta de las cubanas elegidas para ese fin, que tienen ese destino patriótico de acompañantes íntimas de los visitantes.

El mexican dream lleva ventaja en la isla caribeña, sobre el trato a los hijos del american dream, que son vistos con recelo, no como a los “hermanos mexicanos” que exudan generosidad de la que en México son omisos.

No se diga en el tema de los séquitos, el mexican dream, es incomparable. Me decía un joven empresario poblano que menospreciaba vivir en el otro lado: yo no podría prescindir, de mi chofer, mi cocinera, de la señora que arregla mi habitación en la mansión de mis padres y menos de mi nana; toda una corte al servicio de su majestad, para quien la vida no podría ser realmente vivida sin ayudantes y eso que en esa época, los guardaespaldas no eran imprescindibles para los barones del dinero.

Y es que en el corazón del mexican dream pervive el ideal de un aristocratismo -si se pudiera decir- sin raíces, extralógico, sin autenticidad de origen; en un vacío de blasones, que remiten a la imitación de un modelo imaginario que tiene como narrativa la falsa idea que el “aristócrata” del mexican dream, es un sujeto de paso por México, país del que quisiera no tener memoria cuando la suerte le sonría. Un mal momento de desgracia familiar que debe ser borrado y remite un final feliz a Europa o la “civilización americana” a los agraciados, que según esta doctrina muy arraigada justifica saquear a la nación de manera impune.

Para los jefes de la violencia que no pueden emigrar permanentemente debido a su fechorías, la consolación es una hacienda de ensueño de tipo feudal moderno. Por eso le dice Clint Eastwood a Andy García, que la hace de capo, en la película La Mula, al ver el conjunto señorial excesivamente equipado de los placeres del mundo a la mano: “Esto le debió costar la vida a varios”. A lo que el hampón asiente orgulloso.

Pero el mexican dream se sostiene porque además tiene aplaudidores en la masa. El pueblo “bueno y sabio” a semejanza del ruso, que se subordinaba gustoso a la tiranía sucesiva del zar, de los soviéticos y ahora de Putin; también se complace en saber que los potentados que han fincado su riqueza en nuestro país, la saquen y la disfruten fuera; y generosamente los perdona.

En el fondo, la impunidad se mantiene porque en cada mexicano hay un potencial aspirante a la membresía del club del mexican dream. Todos esperan que algún día la suerte le sonría al compadre de mi compadre, que está cerca del amigo de un conspicuo seguidor del mexican dream en potencia. Y, entonces, todo se justifica, desaparecen las indignaciones sociales y un nuevo amanecer parece cobrar forma y mostrarse afable: “a ver si nos toca tantito” de esa felicidad que se ha convertido en la razón filosófica del poder.