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Los condenados y los condonados del Edén

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Miryam Gomezcésar.

En 2008, durante la Semana de la Ciencia y la Innovación, el economista estadounidense Alvin Toffler anticipó el interés de los gobiernos por la tecnología y la innovación en ciudades como la de México, para lo cual aseguró la necesidad de salir de laboratorios, universidades, oficinas corporativas y gubernamentales tradicionales, entre otros, y ver la imagen completa de ese gran cambio revolucionario.

En su intervención explicó que la humanidad vive al borde de “La más sorprendente transformación del planeta, una tercera ola de cambios en nuestra historia, una revolución que supera lo que cualquiera pueda imaginar…”.

Once años después, cuando la esperada alternancia en el poder público ocurre en el país, generando una inmensa ola de conflictos acumulados pero soslayados por los gobiernos anteriores, cunde el pesimismo de quienes desconfían del cambio sin considerar su verdadero significado y la necesidad de aportar y soportar mientras todo se acomoda, urgen una solución que no se dará por generación espontánea sino a consecuencia de un cambio de visión de la forma como se deben enfrentar esta clase de retos.

Al respecto el mismo Toffler decía que “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no saben leer ni escribir, sino los que no pueden aprender, desprender y reaprender”, esto, en parte, es lo que en la actualidad sucede.

El malestar producido a cientos de ciudadanos afectados, directa o indirectamente, por las medidas tomadas por el gobierno federal, es algo que debe ser tratado con suficiente cuidado y respeto como corresponde a una respuesta oficial a una reciprocidad cada día menos presente en la escena pública.

Las grandes decisiones implican necesariamente grandes resistencias por el apremio que tiene el ser humano a caminar con seguridad, a ser aceptado y valorado de conformidad a la expectativa de cada quien.

La indisposición al cambio está permanentemente presente por esa sensación de incertidumbre que produce la incomprensión de cada una de las acciones que se emprenden: cambiar de casa, de amistades, de pareja, de empleo, de aspecto, de actividad, entre otros, es estresante pero no menos atractivo.

Por eso llama tanto la atención la reacción y las medidas que toma el Presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando observa que una ola de rechazo se acerca rápidamente. En ésta ocasión sucedió con la prohibición de condonar impuestos a un sector tan privilegiado y protegido por los gobiernos que lo anteceden, el mandato a la SHCP sin duda es el golpe más espectacular e importante que ha dado por su trascendencia y significado… ¡Vaya pues con el manotazo!

¿Por qué ahora?

La duda cabe cuando vemos cómo se mueven y en qué dirección sus oponentes, varios de ellos con mucha idea entre lo que se debe hacer y la forma de realizarlo, que, dicho sea de paso, es de reconocer el esfuerzo de varios con argumentos sólidos pero otros muy débiles contra los que oponen sectores que sí otorgan el beneficio de la duda y conocen los temas.

Verbigracia la reorientación al gasto para investigación, el ajuste en cultura, en producción agrícola, en desarrollo sustentable y viabilidad, entre otros, cuyo proceso es largo y hasta fatigoso pero indispensable.

En absolutamente todo, lo principal es el recurso, de ahí la importancia vital de la medida recaudatoria tomada que implicó una modificación al marco legal. A pesar de la importancia de la decisión, algunos están a favor pero otros manifiestan su rechazo, pese a lo que puede lograrse con esa llave hacendaria.

Aunque es mucha la presión ejercida contra las decisiones del Presidente Andrés Manuel López Obrador, no todas gratas ni acertadas, es evidente su hartazgo, tal vez por ello vemos los golpes que no necesariamente todos entienden pero sí, de lograr beneficiar a quienes más lo requieren, podría valer la pena.

Hay muchas dudas sobre los ajustes, pero cuando se habla de los alcances de algunas medidas que hacen adivinar el nivel de intereses que se afecta de los grandes capitales, intentar que todos paguen es hacer que el piso sea ¡parejo para todos!

Para explicar el sentido de mis palabras bastará comentar,  que entre ese grupo oligárquico donde se encuentran los dueños del capital, en lo local podemos distinguir, por ejemplo, a don Fernando Chico Pardo, destacado socio del Grupo Aeroportuario del Sureste, un empresario poseedor de admirables colecciones de arte dignas de los mejores museos del mundo, como es la obra escultórica de Leonora Carrington recientemente expuesta en el espacio del jardín que rodea el asta bandera gigante, en la zona hotelera, para el disfrute de propios y visitantes.

Pero el capital no tiene sentimientos, se trata de una enorme caja de caudales registradora que deberá sonar noche y día. Basta decir (como en su momento lo hizo el alcalde de Benito Juárez en el 2014, cuando el entonces alcalde Julián Ricalde Magaña, reclamó el pago de obligaciones comunales/predial imponiéndole un embargo precautorio), que aunque Chico Pardo es una persona educada de gustos refinados, por sus negocios no escapa a los comentarios desagradables por la forma de ganar recursos.

Aparte de no contar con áreas de sombra, esos extensos estacionamientos en las vistosas instalaciones de las cuatro terminales aéreas, cobran mucho sin responsabilizarse de nada. ¿Cuentan  acaso con algún seguro para los vehículos si no se trata de pérdida total?

Y eso tan sólo por el uso de estacionamiento. Parte del pensamiento de sus usuarios es el relacionado a las enormes ganancias que obtiene tan sólo por el cobro del uso de sus cajones de estacionamiento “¡Es un robo!”, es lo menos que se escucha. Hacia ASUR supuestamente hay prohibición de acercamiento a los inspectores de fiscalización, y como hacia esta empresa igual sucede con gasolineras y varios negocios boyantes que tienen muchos ingresos y viven sin pagar impuestos.

Mientras tanto y en contraste, otros temas dominantes en el estado son igualmente injustos, mortificantes. Sin respuesta de las autoridades más allá de sus reuniones y discursos, en la zona norte la tendencia criminal es la misma.

Primero Yazley y ahora Caleb (este último nombre me hizo recordar la canción que interpeta magistralmente Mecano “Hijo de la Luna”), un par de niños de seis y once años de edad, víctimas mortales  de la feroz agresividad de los criminales a quienes poco o nada importa el fatal desenlace de sus refriegas.

La cifra negra aumenta al tiempo que una criatura de apenas año y medio es localizada solitaria, dormida sobre el cálido asfalto en una calle en la región 72, en Cancún, donde la situación de la niñez en estos peligrosos parajes es tan lamentable y precaria como delicada para su futuro imaginario. Son los condenados del Edén.

La limitada información policíaca sobre la realidad no evita que suceda y se conozca. Los cuerpos desmembrados encontrados en bolsas negras de basura, así como los asaltos a mano armada a cualquier hora del día o la noche y en cualquier sitio, demuestran el movimiento calculado del hampa que, con una precisión escalofriante, avanza fríamente para lograr sus fines mientras los habitantes padecen en carne propia el costo de su fragilidad, el terror de vivir sin garantías.

Transitar esperanzado en no estar en el momento ni lugar equivocado, volver a casa sano y salvo pese al miedo que lo persigue como sombra ante la posibilidad de convertirse en uno más, una víctima en la escala local, una entidad donde soñar es parte de la paradisíaca crueldad con que se imprime la marca. ¡Lo hecho en Quintana Roo está bien hecho!

Cuando en los gobiernos los excesos se ostentan y presumen, cuando la soberbia empuja a los demás para que el monarca pase, cuando no hay consideración a las carencias de terceros ni un dejo real de solidaridad para que esto cambie, la única real y poderosa arma con que el ciudadano cuenta es su voto para castigar o premiar, según su capacidad de comprensión y lo aprendido.

La falta de interés en los comicios por parte de los ciudadanos radicados en el estado es descrita puntualmente por la Consejera Presidente del Instituto Electoral de Quintana Roo, Mtra. Mayra San Román, al referirse al desgano que despiertan los candidatos a diputados y el desinterés a participar en las mesas receptoras encontrado en la respuesta de los convocados, lo cual ocasionaría problemas operativos el día de los comicios.

En este sentido, la intención de desaparecer a los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES), impulsada en un inicio por AMLO y más tarde por  Morena, cuyo supuesto propósito es de ahorro financiero pero se ve más como interés a federalizar los procesos locales, el dato, aunque no pasó desapercibido, pese a su importancia y significado del tema, tampoco generó reacciones.

Es raro porque quienes de todo y por todo se apuntan para opinar aunque no sean expertos, ahora prefieren callar y voltear hacia otro lado. Lo mismo sucedió con la imposición del Mando Único en Solidaridad, donde  los políticos locales, nerviosos como están por su devenir inmediato, prefirieron mantenerse en silencio,  como dice la canción de don Fernando Vega Calderón “los mariachis callaron”, ni ¡pío! dijeron.

Así, mientras los partidos en alianza velan armas y sus líderes nacionales se acercan para intentar elevar el entusiasmo de sus huestes,  la musculatura que se observa entre la raza muestra una flacidez mórbida que espanta.

De ahí la importancia de la impopularidad del gobernador Carlos Joaquín González dentro y fuera del estado. Es tal, que ante un problema descomunal que afecta seriamente las costas de Quintana Roo, como es el arribo masivo de sargazo a sus litorales para lo cual organizaron un encuentro internacional que permita encontrar soluciones inmediatas al corto, mediano y largo plazo y acciones preventivas de cuidado al medioambiente, por la falta de respuesta a la convocatoria, tuvieron que cancelar con el pretexto de posponerlo hasta nuevo aviso por las actividades electorales.

Nueve días para las elecciones y contando…