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Ebrard: presidente (en sala de espera)

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Ah-Muán Iruegas.

Con la firma del acuerdo México-Estados Unidos en materia migratoria-comercial, del viernes pasado, Marcelo Ebrard aparece como el primer aspirante con posibilidades de suceder a Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de México.

Si hoy estuviéramos en el quinto año del gobierno de AMLO, Ebrard sería un muy probable candidato presidencial de Morena. Pues entre otras cosas, no tiene los vetos ni de AMLO, ni del gobierno estadounidense. Pero a Marcelo le faltan esquivar todavía muchos escollos para lograr lo que el acuerdo México-EU referido, puso en sus manos: la posibilidad de ser candidato a presidente de México, en 2024; o bien en 2021, si a AMLO le revocan el mandato.

Ebrard se ha colocado, con el acuerdo citado, en una posición de defensor de la clase dominante mexicana. Por ello, los primeros que salieron a aplaudir tal acuerdo, fueron los empresarios como la cabeza del CCE, tecnócratas como Meade Kuribreña y banqueros como Manuel Somoza. Y entre los primeros que criticaron la maniobra ebrardista-obradorista estuvo la aguerrida izquierda mexicana, como el periodista Julio Hernández López, del periódico La Jornada -conocido como “Julio Astillero”.

Ebrard representó dignamente a la clase dominante mexicana, aunque se diga que Morena es supuestamente “de izquierda”. Decidieron ofrendar los obradoristas a los Estados Unidos la política migratoria de nuestro país, convertirse en policías migratorios para Trump y hasta comprar en masa productos agrícolas estadounidenses, cuando los aranceles de Trump amenazaban los intereses vitales de la clase dominante azteca -que depende del libre comercio.

El libre comercio es parte del credo neoliberal, y los aranceles trumpistas lo amenazaban. Y a pesar de ello, luego de haber anunciado la muerte del neoliberalismo, AMLO fue a entregar a Trump la decisión sobre las cuestiones arriba mencionadas, precisamente para salvar, en los hechos, lo que acaso sea el principal mantra del neoliberalismo: el libre comercio.

La política migratoria no es un asunto vital para la clase dominante mexicana; puede sacrificarse desde su perspectiva. El libre comercio sí es vital para esa clase. Y por ello, la política migratoria mexicana y con ello la independencia y la soberanía nacionales fueron vulneradas, en aras de proteger los intereses inmediatos de esa clase dominante. Y no de proteger los intereses mediatos de la nación en su conjunto: definir por sí misma sus políticas, incluyendo la migratoria.

AMLO está hoy plegado a los intereses y dictados de los Estados Unidos (al menos en cuestiones migratorias), cosa muy inusual en un izquierdista.

Don Marcelo fue a endosar en favor de los Estados Unidos la política migratoria y en parte la política agrícola mexicana, que no se decidió en México sino en Washington, a cambio de conservar la tasa cero para las exportaciones de los industriales y comerciantes mexicanos –y las transnacionales que aprovechan el NAFTA con su comercio intrafirma.

Con el acuerdo del pasado viernes, México se convierte en una especie de “sala de espera” de los migrantes que anhelan el sueño americano. Mientras se les cumple su sueño, pernoctarán “del lado de Tijuana”.

No hay gran diferencia entre lo acordado y lo que en USA se denominaba “tercer país seguro”. Y México será ese tercer país, aunque de “seguro” no tenga mucho. Para los migrantes tampoco será seguro, por lo que su sueño se puede convertir en la pesadilla de vivir en la frontera, esperando la visa estadounidense. Esa espera puede durar varios años… lo mismo que la paciencia de Marcelo Ebrard para ser candidato a la presidencia.

La cancillería mexicana, en al ancien régime, fue tradicionalmente un puesto insuficiente para ser presidente de México. No tenía, ni tiene la Secretaría de Relaciones Exteriores actualmente, los resortes del poder necesarios para impulsar a una candidatura a Jefe del Ejecutivo. Pues los diplomáticos como Marcelo, tienen relativamente poco poder al interior de sus países de origen.

Desde luego que Marcelo Ebrard tiene más poder que usted y yo, estimado lector. Pero como canciller, carece del poder necesario o suficiente en México, para intentar ser presidente.

El principal poder del que por tradición han gozado los políticos mexicanos, es el poder de meter a la cárcel a sus enemigos. No es fácil hacerlo, pues para que ingrese a prisión una persona en México, se requiere la intervención de dos poderes: el Ejecutivo, representado por el Ministerio Público, y el Poder Judicial, que asume en los hechos la forma de juez o magistrado. Un poder semejante lo tienen en forma directa sólo el presidente y los gobernadores; otros políticos lo tienen, aunque indirectamente. Pero ninguno de esos poderes los controla Ebrard por propia mano.

Los diplomáticos -como Ebrard lo es hoy- son considerados funcionarios con poco poder, incluso en Washington. Los embajadores estadounidenses son procónsules o en ocasiones casi virreyes en los países donde son acreditados, pero no en el suyo propio. En Washington, los embajadores estadounidenses compiten –y casi siempre pierden la competencia– contra los pesos pesados de la política estadounidense: los senadores, los generales, el vicepresidente y similares.

De manera análoga, Ebrard tiene cierto poder fuera de México, pero adentro tendrá que competir con políticos que tienen muchos más recursos que un canciller. De modo que, si Ebrard quiere ser presidente –apuesto a que sí quiere- le convendría que en el cuarto o quinto año del sexenio, sea transferido del cargo de canciller a otra secretaría con mayor peso –que podría ser la Secretaría de Gobernación.

Si no es así, la probable candidatura de Ebrard a la Presidencia, se daría con el solo apoyo de AMLO, cosa que es posible pero no parece ser muy sólida para Ebrard, pues sería un caso similar al de Don Pascual Ortiz Rubio –dominado por Plutarco Elías Calles durante el Maximato. En todo caso, una segunda opción para Ebrard sería crear una base de poder fuera de la cancillería -la cual, se ha dicho que Ebrard ya está construyendo. Veremos si Marcelo da el brinco fuera de la Secretaría de Relaciones Exteriores; es lo que más le conviene, a futuro.

Otros cancilleres han buscado la candidatura presidencial y han fracasado, pues la cancillería mexicana nunca ha sido suficiente base de apoyo para ser presidente de México. Aunque si AMLO así lo decide, esta pudiera ser la primera vez… con lo cual la verdadera base, sería el propio AMLO y no la cancillería en sí misma.

Por ejemplo, Jorge Castañeda quiso que el presidente Fox lo transfiriera a otra cartera, cuando luego de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, se echaron a perder sus planes de la “enchilada completa” en materia migratoria. Pues Castañeda se dio cuenta de que la cancillería mexicana era insuficiente para lograr ser presidente –sobre todo, luego de los ataques terroristas. Pero fracasó y perdió tanto la cancillería como la candidatura a la Presidencia de la República.

Si revisamos la historia del siglo XX mexicano, vemos que los diplomáticos nacionales nunca tuvieron oportunidades reales de llegar a la Presidencia, salvo Pascual Ortiz Rubio, que no fue canciller sino Embajador de México en Alemania y posteriormente en Brasil; fue luego uno de los tres títeres de Calles durante el Maximato, papel que seguramente Don Marcelo desearía no interpretar. Pero si AMLO quiere reeditar un “minimato”, también es viable que nombre a su canciller en funciones, como candidato a sucederlo.

Todo esto deriva de que, repito, los diplomáticos tienen relativamente poco poder en sus respectivos países de origen. Lo cual no hace mella en su trabajo, cuando éste se hace con profesionalismo. Por ejemplo, la embajadora mexicana en Estados Unidos, Martha Bárcena, quien también es tía de la primera dama Beatriz Gutiérrez Müller, realizó con esmero una notable labor diplomática en Washington, al preparar y gestionar el referido acuerdo migratorio-comercial, junto con Ebrard. Acuerdo que, con todos sus defectos, logró firmarse.

El acuerdo sin embargo, es en cierta forma una muestra de un “nuevo imperialismo” estadounidense. Trump obligó a los mexicanos a modificar su propia política migratoria, y dejarla “al gusto” del presidente de los Estados Unidos. AMLO quería ser un héroe, pero su gobierno se rindió en el primer round con un peso pesado: Donald Trump. No aguantaron las presiones los obradoristas, ni siquiera diez días. Pero verdaderos izquierdistas como los cubanos, llevan medio siglo resistiendo a los Estados Unidos.

Ahora México será la “sala de espera” de los migrantes que lleguen al y quieran pedir asilo o visa en Estados Unidos. Y eso equivale a ser, si no un patio trasero, sí una modesta habitación donde se arrumban los trastos viejos… o los indeseables.

A cambio de lo cual, Trump suspendió sus aranceles. Aunque en el fondo, la amenaza sigue allí, si bien esto no se dirá en público, para cualquier cosa que al señor presidente de EE.UU. se le pueda llegar a ofrecer… Con esa amenaza velada, aunque siempre omnipresente, Trump tiene tomado por el cuello a AMLO, hasta nuevo aviso.

Por otra parte, el ejemplo mexicano se podría aplicar a otros países, amenazándolos con nuevos aranceles, salvaguardas u otras trabas comerciales, si no se pliegan a los deseos yanquis. México: un ejemplo ante el mundo (sobre cómo torcerle el brazo a un país, en sólo una semana…).

Por ello, Ebrard no será vetado por Washington como eventual candidato. Pues ha demostrado en plena capital estadounidense que es capaz de llegar a acuerdos aceptables para los Estados Unidos y por lo tanto le es útil, en cierta medida, al propio Donald Trump.

Ebrard tampoco será vetado por la clase dominante mexicana, pues ha demostrado que le es funcional a esa clase, para mantener los privilegios comerciales de los empresarios mexicanos en los Estados Unidos.

Y con ello, mantiene la 4T la viabilidad del México neoliberal. Sorpresas te da la vida…

Los damnificados del acuerdo, por su parte, son: la independencia de nuestro país, la soberanía mexicana, la política migratoria azteca… y los migrantes. Los cuales al parecer a nadie le importan, y a Ebrard menos que a nadie, pues los sacrificó de un plumazo en Washington.

Pero la presunta fortaleza de Ebrard, su acuerdo “histórico” con los Estados Unidos, será su propia debilidad. Ebrard será acusado de entreguista y de traidor a la Cuarta Transformación, por haberse sometido a los deseos de Washington. Al tiempo…

De manera que Marcelo Ebrard, sin mucho heroísmo pero con bastante oficio político, se ha colocado hoy en un punto de equilibrio entre: AMLO, Trump y la clase alta mexicana. Los tres son apoyos enormes para cualquiera que pretenda ser presidente de México. Y hoy en día, Ebrard es aceptable para los tres y tiene cierto reconocimiento público nacional como obradorista, por lo cual es un precandidato viable a la presidencia de nuestro país.