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La soberanía hay que defenderla, no negociarla

Luis Octavio Murat Macias.

“El que quiera ser águila, que vuele; el que quiera ser gusano, que se arrastre, pero que no grite cuando lo pisen” (Emiliano Zapata).

Marchó el canciller, Marcelo Ebrard, a Washington sin armas para negociar. No se tenía estrategia para enfrentar la grosera y sorpresiva amenaza de Trump, de que si México no detenía las caravanas de migrantes hacia Estados Unidos (600 mil han ingresado ilegalmente), aplicaría tarifas arancelarias a todos los productos que Estados Unidos compra a México.

Las alarmas se prendieron sorprendiendo a los nuevos inquilinos de Palacio Nacional debido a la ruda advertencia de Trump, el camorrista metido a presidente, y pues no hubo otra que quitarse la pijama y comunicarse con el canciller.

El presidente envió a Ebrard a Washington porque en el fondo no sabían que estaba sucediendo y pues ¿Cuál estrategia?

Ya en la Capital del Imperio, en donde el único amigo que puedes hacer es un perro —según advertía el presidente Harry Truman— Ebrard intentó entrevistarse con el secretario de Estado, Mike Pompeo, sin éxito. Algo estaba sucediendo…

Finalmente, y después de varios días de espera, ambos se reunieron. Trump continuaba amenazando, debilitando, arrinconando, alarmando al gobierno mexicano y al sector empresarial, a fin de que llegaran debilitados a las negociaciones.

Ebrard recibió instrucciones de ceder, pero a cambio de que no se aplicaran las tarifas arancelarias del 5% mensual crecientes hasta un 25%, toda vez que afectarían los sectores de automotores, industrial, bebidas alcohólicas y energía que impactarían a una de cada cinco empresas y que, según cálculos de la calificadora Fitch, serían empresas exportadoras significativas (directas o indirectas) incluyendo proveedores de partes como Rassini, Tetalsa, Nemak, Grupo Kuo, Grupo Kaltex, Becle (propietaria de José Cuervo) y Pemex que exporta 37% de su producción a Estados Unidos.

De inicio y de haberse aplicado la tarifa arancelaria, el primer escenario que se presentaría en la economía mexicana sería lo anterior.

De manera que los negociadores mexicanos se espabilaron en las negociaciones frente a las amenazas de Trump, quien advirtió al gobierno mexicano que detuviera las caravanas lanzando primero una exclamación que hizo ruido: ¡Voy a cerrar la maldita frontera!

No se hizo caso, las advertencias se tomaron a la ligera, incluso, viajó Jared Kushner a México para decirle al Presidente que se aplicara porque la cosa iba en serio. Pero no, la anarquía, la corrupción, el tráfico de personas, la prostitución, el trafico de drogas y las marchas de las caravanas continuaron, pero sucedió que la paciencia de Trump se agotó y soltó las amenazas arancelarias. Al observar la reacción del gobierno mexicano se dio cuenta de que la debilidad del gobierno vecino le había puesto la mesa para sus ambiciones electorales y la aprovechó como “El hombre y su circunstancia” de Ortega y Gasset.

Los negociadores mexicanos cedieron fácilmente a las demandas de Trump aceptando detener las caravanas y pagar el costo de colocar 6 mil Guardias Nacionales a lo largo de la Frontera Sur.

Y en caso de que el acuerdo no se cumpliera a satisfacción de Trump, México asumiría la responsabilidad de ser Tercer País Seguro hasta que los trámites de asilo de los migrantes se resuelvan o se rechacen; eso incluye alimentación, educación, trabajo y vivienda, según acuerdos de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados firmado en Ginebra, Suiza, en 1951, que obliga a que cuando una persona abandona su país para solicitar asilo en otro, este segundo país puede negarse a recibirlo y remitirlo a un tercero que garantice a los solicitantes de asilo que no van a ser retornados a su país de origen.

Trump continúa amenazando y presumiendo que México aumentará sus compras de los productos de Estados Unidos, y que pronto hablaría de las cláusulas ocultas del convenio que no se conocen.

Las presiones del camorrista no cesan al ver que sus dividendos electorales le están dando positivos resultados tener enfrente a un adversario débil que esta poniendo en riesgo la soberanía nacional. Nancy Pelosi, no se explica la facilidad con que el gobierno mexicano cedió a las amenazas de Trump, pues el Congreso de Estados Unidos no contemplaba aprobar las medidas arancelarias contra México. Fue sorprendente, dijo Pelosi…

No obstante, 45 días de plazo son suficientes para recapacitar, reflexionar y afinar nuevas estrategias, a fin de recomponer el dislate político del “doble rasero”, de debilidad, entreguista y temeroso, que denigra la diplomacia y el orgullo nacional, y que ha puesto a la soberanía en riesgo por culpa de quienes prefieren vivir de rodillas que luchar de pie.

Tienen una tregua de 45 días para recomponer este dislate, zaragata o batahola que han armado utilizando una equivocada política internacional.

@luis_murat