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Crisis de inseguridad

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José C. Serrano.

Para David, a siete años de su desaparición.

Esta columna ha hospedado el libro El tamaño del infierno. Un estudio sobre la criminalidad en la zona metropolitana de la Ciudad de México, cuyo autor es Arturo Alvarado Mendoza, profesor-investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. Investiga temas de violencia y criminalidad.

Dice el autor: “entre 1995 y nuestros días, el país y la Ciudad de México han experimentado una ola de criminalidad inédita en nuestra historia. La capital de nuestra nación transitó de un periodo de tasas criminales y fenómenos de violencia urbana menores, con tendencias descendentes a otro período con tasas altas y con un clima permanente de inseguridad”.

Dos botones de muestra de crímenes ocurridos en los días recientes dan cuenta de la fragilidad de las instituciones destinadas a brindar seguridad a la ciudadanía y a la procuración de justicia en favor de los agraviados: Norberto Ronquillo Hernández y Leonardo Avendaño, ambos, jóvenes estudiantes de nivel universitario. Aquí cabe subrayar su condición de jóvenes.

Las investigaciones emprendidas por la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJCDMX) adolecen de errores imperdonables: la nula diligencia para atender asuntos de primordial importancia, la demora de la presencia de la autoridad ministerial, la omisión en el aseguramiento del escenario del crimen, así como la ausencia de protocolos para el manejo de la cadena de custodia. Y de ribete, le dan vista del caso a la Fiscalía General de la República (FGR). Seguro es que la procuradora capitalina hace esto sólo para lavarse las manos.

La procuradora, Ernestina Godoy Ramos ignora o finge no saber que la FGR tiene rezagos cuantiosos de casos no resueltos, desde los tiempos en la que era Procuraduría General de la República (PGR). Los motivos son diversos: titulares impuestos, sin méritos para ocupar el cargo; fiscales, y agentes del Ministerio Público saturados de expedientes que, con el día a día, se multiplican; poco o nulo apoyo de la Policía Federal Ministerial; justificaciones excesivas para la autorización de viáticos y uso de vehículos oficiales. La falta de capacitación y actualización del personal son otra agravante para que la FGR no cumpla a cabalidad su cometido.

Aún, la procuraduría capitalina sostiene que son dos las principales líneas de investigación en el caso de Norberto Ronquillo Hernández: una organización delictiva dedicada al secuestro, o una persona cercana a la víctima. La dependencia ha sido omisa al dejar de lado un estudio serio del modus operandi de las bandas del crimen organizado enquistadas en la capital del país.

En el caso del estudiante de posgrado de la Universidad Intercontinental, Leonardo Avendaño, la procuradora tiene la certeza de que éste no fue víctima de secuestro; se trata, dice, de un homicidio. Agentes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) encontraron el cuerpo con señales de estrangulamiento envuelto en una cobija.

Ante los graves sucesos ocurridos en el país y en la Ciudad de México: 1022 homicidios dolosos en tan sólo los primeros doce días del mes de junio, la ciudadanía ha hecho escuchar su voz por los diferentes medios que tiene a su alcance. En la capital el reclamo a la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, jefa de Gobierno, ha sido directo y riguroso; tan es así que el presidente López Obrador, en un acto público tuvo que salir a protegerla de los ‘grandulones’.

Según Sheinbaum no hay crisis de seguridad en la Ciudad de México, sino más bien un llamado de atención, por lo que se reforzarán áreas como las de inteligencia y formación policial, ante la clase de ilícitos que están ocurriendo, para dar resultados lo más rápido posible. Es importante recordarle a tan ilustre científica que, ella misma se encargó de dar de baja a policías con experiencia, con una carrera consolidada. Un policía de investigación no se forma en quince días.

No es ocioso recordar que desde hace más de una década se han documentado hechos que dan cuenta de la presencia de cárteles en la Ciudad de México (12 grupos delictivos), pero no siempre se reconoció como una alerta.

La presencia de Édgar Valdez Villarreal La Barbie -afín al grupo de los Beltrán Leyva- la conformación de la Unión Tepito y El Cártel de Tláhuac, entre otros, no han sido producto de acontecimientos aislados.

Es aconsejable que la jefa de Gobierno lleve a cabo una inmersión en el libro Narco en la Ciudad de México: El monstruo que nadie quiere ver, escrito por los periodistas Sandra Romandía, Antonio Nieto y David Fuentes. Hacerlo podría ampliar sus horizontes, y con ello, tener mejores respuestas ante esta crisis de inseguridad que ya es real.