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Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Las elecciones no deben ser tan costosas como las plantea el INE. En realidad se necesita recortar el presupuesto global de ese instituto en lo general, y en lo particular el de los partidos políticos; así como desaparecer los OPLES en los estados. Es una necesidad y le voy a decir por qué opino lo anterior.

En primer lugar porque votar es una conveniencia del elector, además de una obligación ciudadana, parece que eso se perdió, en aras de rebajar el nivel y considerar a los votantes como infantes inmaduros, que deben recibir algo para cumplir con sus obligaciones. Mal.

Cualquier sucedáneo que distraiga ese serio sentido para decidir sobre quienes se harán responsables de la cosa pública, con dádivas y cachuchas, desvirtúa la esencia de lo que se busca; y lo que se busca: es que se interesen los ciudadanos por sus municipio, por su estado y por su país.

Cada día que la elección se enfoque en su valor ciudadano y no en una compra barata de conciencias, se va a lograr educar a México, para que haga el esfuerzo por valorar a los que quieren gobernar y lo que proponen, porque muchos ni siquiera quieren gobernar; y no solo entender, lo que dicen, sino además aquilatar las consecuencias de eso que quieren.

Así cuando las cosas resultan mal, muchos más entienden que deben pensar mejor las cosas, usar la cabeza mas y las vísceras menos, porque el futuro se los cobra irremediablemente.

Eso va para todos, tanto para el simple votante como para los grupos de poder que sienten que las puertas de las ventajas extractivas son suyas, tan solo por invertir unos cuantos pesos en chucherías o gastándole a los candidatos en comodidades costosas. Léase casas, yates y cuentas en el extranjero. Y no estoy inventando.

Así que los partidos deben invertir en su intelectualidad, en su capacidad de debate; en sus propuestas de gobierno y en demostrar si tienen la experiencia de poder hacerlas realidad y eso es mucho más barato que las tortas, tamales y refrescos.

No necesitan mucho dinero porque realmente esos recursos sirven para entronizar burocracias partidistas que no se salen de la ubre, ellos, sus, cuates y sus hijos. Bien decía Robert Michaels en la última parte del siglo XIX, que élites partidistas son enemigas de la democracia y forman un círculo de hierro, y nadie puede traspasarlo.

La burocracia central y los estratosféricos sueldos del INE, los pingües negocios que se desprenden de sus amañados procesos. La cauda inacabable de asesores de todo, de recepcionistas y edecanes para todo, explican un nivel de vida rajásico que no es compatible para México, y que ningún país en el mundo, se atrevería a esa forma soberbia, petulante y odiosa de vida de los consejeros y sus séquitos, Sí, me refiero a Lorenzo Córdova y a toda su clica, ejemplos de simulación dignos de cine de humor negro.

Debe terminar el lujo y los alquileres de vehículos y todo gasto eminentemente superfluo, porque es innecesario; aunque como siervos venidos a aristócratas, lo crean ahora indispensable, bajo la amenaza de hacer pasar como antidemocrática, toda decisión que atente contra sus abusivas canonjías.

Y los OPLES deben desaparecer porque es hacer repetitivos todos los procesos, como si se tuviera dinero de sobra para construir una farsa cimentada en la simulación. Bajo el argumento de un pacto federal que en la realidad no existe, sino para endeudar hasta el tope las entidades y para negociar con los cárteles los territorios; los OPLES son la quinta esencia de verle la cara de tontos a los electores.

Los consejeros de los OPLES en las 32 entidades del país, todos, sí, todos, fueron producto de un arreglo entre los gobernadores y los consejeros del INE, tinglado burdo que dirigió un tal Marco Baños consejero del INE, el nexo con el PRI nacional, durante el sexenio de Peña; cuya fórmula fue respetar los palomeados por los gobernadores para constituir mayoría en cada consejo, más dos recomendados de la burocracia del INE o de sus diversas instancias, para vigilar a cada consejo en el arte de la simulación institucional. Toda una farsa. No sirven, no son independientes como se publicitó. Y me consta.

Así que por favor los que dicen que es una hecatombe reducir los gastos enormes del INE y sus secuaces, primero deben investigar a fondo esa nueva hampa electoral de cuello blanco que no sirve de nada, sino de cortesanos ilustrados en la poesía política, que tampoco sirve para mayor cosa sino para las tertulias.