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“Antes tuve esperanza, hoy tengo miedo…”

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Francisco Garfias.

La preocupación está. Es creciente. Otra vez la austeridad republicana, los recortes, el regateo de recursos en el sector público. “Nos estamos volviendo inoperantes”, resumía ayer un conocido legislador de Morena.

Sí, leyó usted bien, de Morena. Y no es el único. Se lo puedo asegurar.

En la 4T no hay dinero para salud, investigación, becas, festivales culturales, deporte, estancias infantiles, refugios para mujeres golpeadas, pero sí para inundar ese “monumento al derroche” que son los restos del Nuevo Aeropuerto de Texcoco o regalar 20 millones de dólares a El Salvador para quedar como salvador.

Ayer hablamos del desastre que se viene en abasto de medicamentos en el sector público por esa obsesión de ahorrar. No hay distribuidores. Los anteriores fueron vetados por abusos. Muy bien. Pero ahora no hay quien reparta las medicinas. No tienen plan B.

Hoy nos ocuparemos de las quejas que hay en el mundo de la cultura, ciencia, literatura, tecnología, deporte y hasta en la Cámara de Diputados.

En San Lázaro, por ejemplo, los presidentes de comisiones no pueden viajar ni al interior de la República salvo si son invitados por gobiernos estatales o municipios o se pagan ellos mismos transporte y estancia.

Cero festivales, exposiciones, ferias culturales, tianguis turísticos, eventos científicos, tecnológicos. Están de “floreros”.

Y no hablan con Mario Delgado, presidente de la Junta de Coordinación Política en San Lázaro, porque están convencidos de que es inútil. “Es tapete del presidente López Obrador”, nos aseguran.

* * *

Lo más triste es que no hay una protesta colectiva. ¿Dónde están las comunidades intelectuales? ¿Dónde los colectivos culturales? ¿Los creadores? ¿Por qué no se organizan y levantan la voz? El dinero no es de la 4T. Es de los contribuyentes.

Son pocos los que se atreven a hacer público su descontento. Una es Susana Zabaleta. Sacudió conciencias con un tuit el que confiesa que se equivocó con AMLO y pide disculpas por su “estúpida esperanza”.

Demostró que sí se puede.

Clara Torres es otra. Fue la primera funcionaria que le renunció a López Obrador. Se encargaba del Programa de Estancias Infantiles. No estuvo de acuerdo con la decisión de quitarles los recursos y se fue. Ayer nos hizo llegar copia de un tuit que escribió.

“Creo que yo era un poco rojilla hasta que llegó El Peje. Me impresiona como el gobierno progresista por el que voté para mejorar a los que menos tienen, ahora están peor en salud, seguridad y cuidado infantil. Antes tuve esperanza, hoy tengo miedo“.

Y en otro: “La diferencia es que soy parcialmente culpable y quiero aportar para corregir mi error”.

* * *

Sobra decir que la cultura no es prioridad en la 4T. Lo hacía notar ayer el escritor Juan Villoro: El Presupuesto de Egresos para 2019 preveía un monto de 5,838,059 millones para la Federación y de 12,394 millones para la Secretaría de Cultura. ¡El 0.21% del gasto público!

Las presiones de la comunidad hicieron que el monto aumentara en 500 millones.

Villoro se preguntaba: ¿Tiene sentido eliminar las becas para reducir un presupuesto que no llega ni a una cuarta parte del 1% de los egresos?

En una entrevista con Denise Maerker, el escritor dijo que ir contra las becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) como lo hizo la agencia de gobierno Notimex, es ir contra el talento y la creatividad de los artistas.

No es lo que piensa la senadora Jesusa Rodríguez, más conocida por sus ocurrencias que por su labor legislativa. Esta señora sí cree necesario eliminar las becas del FONCA. “Váyanse a la iniciativa privada. Dejen de vivir del presupuesto”, sugirió la singular directora de teatro a los jóvenes creadores que las reciben.

¿Se le habrán olvidado a doña Jesusa los apoyos institucionales que ha recibido a lo largo de su carrera? Es pregunta.

FIN.