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Rey de corazones rojos vs rey de corazones negros 

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Miryam Gomezcésar.

La visita que el Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tiene programada este fin de semana a Yucatán hoy, mañana a Tulum, Playa del Carmen y el lunes a Cancún, desde donde transmitirá su conferencia matutina, tiene a la expectativa a la comunidad, incluida en primer plano a la clase política.

Los temas importantes que corresponden a la Federación como el sargazo, la ruta modificada del Tren Maya (el riesgo para las zonas de reserva, vestigios arqueológicos, las áreas de humedales y manglares y otras que son hábitat natural de especies en peligro de extinción), aparte de la inseguridad es tan sólo una fracción de las inquietudes que animan a especialistas, empresarios, ejidatarios y ciudadanos comunes a presenciar o escuchar las respuestas del presidente ante la cantidad de versiones y opiniones contrastantes que saturan los medios de comunicación.

Pero en este estado tan generoso como atractivo y maltratado, donde delinquir presenta una amplia gama de posibilidades para los atrevidos que esperan la oportunidad divina, es el tráfico humano una parte importante de ese fenómeno delictivo que también en lo local ha causado mucho daño.

Situados en este tema de la migración, sus causas y efectos, así como el nivel de inseguridad que tenemos en el Caribe mexicano, es oportuno recordar la política de Estado Unidos derivada de la Ley de Ajuste Cubano, la llamada “Pies secos – Pies mojados”, ese dichoso programa que otorgaba permiso a los ciudadanos de nacionalidad cubana que pretendían emigrar a Estados Unidos sin tener la documentación o visa reglamentaria, quienes podían permanecer ahí si pisaban suelo estadounidense, entonces se les consideraba pies secos y les otorgaban facilidades para obtener su residencia. Se dice que más de 41 mil cubanos lograron su estadía con esa categoría.

Iniciado por el presidente Bill Clinton, finalizado durante la presidencia de Barack Obama, tuvo hacia Cuba un trato más rudo con Donald Trump, quien decidió endurecer la política hacia el país caribeño al optar por una determinación radicalizada en algo que aún se desconoce cuál será el final.

Pero bajo esas circunstancias se dieron las condiciones que incentivaron el arribo constante que el tráfico de cubanos ocasionó vía Quintana Roo. Los estragos se sintieron principalmente en la inseguridad de los habitantes de Isla Mujeres y Benito Juárez que para entonces ya percibía los efectos brutales de las bandas del crimen organizado que se peleaban el dominio de la zona.

El tráfico de cubanos se dio por las características de una estructura perfectamente articulada de bandas decididas y violentas que contaron con los apoyos locales necesarios.

En este contexto, sin duda el migratorio es un tema importante que debe tratarse  durante la visita de AMLO, para hacer un balance concreto y desprovisto de pasiones. El tráfico de cubanos sirve como referente porque, si bien es cierto que el estado sirvió de tránsito para quienes tenían como destino final llegar a Estados Unidos, también lo es que hay una cantidad considerable de indocumentados que decidieron permanecer en el estado donde se integraron fácilmente a la comunidad, aunque cabe aclarar que no todos los cubanos observan una conducta adecuada, hubo, no pocos, quienes prefirieron dedicarse al jugoso y delicado negocio de los traficantes.

Esta experiencia, amarga como todas las delictivas, dejó sinsabores y enseñanzas de las que se ha escrito mucho y deben servir de ejemplo para cuestionar hasta dónde puede permitirse el ingreso indocumentado de inmigrantes y esperar que el pueblo “bueno” decida mantener sin una mínima exigencia que garantice su conducta y al menos en ese aspecto, lograr una convivencia más sana.

En otro tema sobre la visita presidencial, la política también tendrá presencia durante la estancia de AMLO, aunque sólo sea asunto para el análisis o comentarios de algo que se espera escuchar en  mensajes entrelineados en sus discursos y el de sus anfitriones.

Fueron muchas las voces que presagiaron lo que hoy es un hecho en el estado, la pérdida de confianza a un gobierno que no supo responder a los compromisos contraídos con los habitantes. Si el gobernador falló, la gente lo sabe y ya lo calificó. Del presidente se espera que logre concretar los proyectos que permitan equilibrar un desarrollo tan disparejo. El nivel de aprobación del presidente es abrumador pero no hay algo peor para un liderazgo que destruir la confianza que lo fortaleció.

Pero vayamos a la comprobación con los datos oficiales: los resultados del Instituto Electoral de Quintana Roo, son claros. De una lista nominal total de 1,247, 995 ciudadanos, votaron sólo 263, 005, una participación de apenas el 22.15 por ciento y de ese número, hay que contabilizar los sufragios obtenidos por los partidos en la alianza oficialista del PAN 47,456, PRD 14,594 y el PES 8,872, son las cifras logradas por la triada del gobernador: 70 mil 922 ciudadanos refrendaron su confianza. ¿Suficiente para reclamar cualquier cosa al presidente? Falta poco para saber.

El PRI obtuvo 32,213, así de alentador fue su resultado. El PVEM 19,747, el  PT 9,633 y MORENA 69,107, tres partidos que en alianza lograron un módico resultado de 98 mil 478, pírrico resultado para presumir, mínima cantidad comparada con el resultado en elecciones anteriores.

El MC tuvo 14,827, el MAS 14,101, el CPQR 10,711 y los candidatos independientes 3,775.

Considerando los resultados de las dos elecciones anteriores, la del 2016 con una participación del 54.04 por ciento de una lista nominal de 926,135 y una votación total de 500,555 sufragios contra los logrados en 2018 que por partido para las diputaciones fue la siguiente: PAN 108,275, PRD 28,302, PES 40,712, PVEM 20,825, PT 34,043, Morena 286,673, PRI 90,677, MC 16,106 y Alianza 16,409.

Considerando lo anterior, el desenlace actual de más a mucho menos, es un techo muy bajo para el gobernador, los líderes  y lo que queda de esas organizaciones a nivel local. La inesperada disminución de sufragios, incluidos los de Morena, es sintomática del hartazgo ciudadano. No se entiende el debilitamiento sino como un castigo al nivel de calidad de los oficios que en el poder han demostrado sus líderes.

El voto también mata la esperanza, de ahí que la anexión a Morena de militantes cuestionados en su partido de origen, no es entendible sino como una acción tan pragmática como abominable, que ha servido de escarnio por la militancia real.

Como ejemplo está el PRI, tras los recientes desprendimientos de importantes figuras como el Dr. José Narro Robles y de la periodista Beatriz Pagés tras muchos años de militancia, su renuncia fue tan criticada que pronto se dijo que les están guardando su espacio en Morena.

Aunque los demás contendientes decidieron continuar en el proceso de “elección” interna del PRI, doblegados al esquema evidenciado pero idéntico a todos los procesos anteriores nacionales y locales, saben que hagan lo que hagan, en esa organización difícilmente cambiará el sistema mientras ese partido sea controlado por el mismo grupo.

El impacto causado a la clase política local tras las renuncias al tricolor mencionadas y la inclusión en las investigaciones de la Fiscalía General de la República a uno de sus ex líderes nacionales presuntamente involucrado en la autorización de venta en el 2015 de la planta Fertinal, por un costo de 635 millones de dólares, siendo titular de la Secretaría de Energía y pertenecer al Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos, el ex gobernador de Quintana Roo, Pedro Joaquín Coldwell, centró la atención en la visita presidencial por las dudas de lo que se puede esperar.

Arrastrado por las elecciones y el escándalo de la venta de los activos de Pemex que involucra a su hermano, el gobernador Carlos Joaquín González queda con poco margen de maniobra en la política.

De los apoyos, visiones y misiones reales, escribiremos después, por ahora basta decir que ni AMLO tiene elementos para hablar con optimismo de sus cuentas alegres, ni Carlos Joaquín puede zafarse de la culpa de la corrupción que impera en su gobierno y en el Poder Legislativo local, que por omisión o comisión le corresponde, cuando del 22.15 % de participación electoral total, de los 263,005 ciudadanos que acudieron a las urnas, tan sólo 70,922 ciudadanos que votaron por cualqueira de los partidos en alianza (PAN/PRD/PES) aprobaron su gestión. Duro, por decir lo menos. ¿Sí o no?