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El problema de la migración indeseada

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Lo “políticamente correcto” es igual a mentir, porque esa fórmula es hacer o decir lo que no queremos decir o hacer en la realidad. Se usa ese recurso en aras de mantener una imagen personal de alivianados, y aparecer como la mayoría de los que profesan la egoísta filosofía de: “no meterse con nadie”, “ni tener una opinión de nada”, sino dejar que el mundo ruede, aunque ese rodar les corte la cabeza a ellos mismos.

Por eso digo que la migración que se mete a la fuerza y no quiere venir a México, sino “agarrar a México como pasillo”, es indeseable. Nadie la desea.

Y no es xenofobia, el odio a los extranjeros. Para nada, es el rechazo a lo absurdo; invitas a tu casa a comer a los de fuera y dejas sin comida a los tuyos. ¿No es malinchismo? ¿Preferencia por los extranjeros?

Porque el principio cristiano de compadecerse de los extranjeros tiene un marco, no es aislado, dice también “el que no provee para los suyos es peor que un incrédulo”. Uno no excluye lo otro, pero lo de dar a los propios primero, no es opcional.

A diferencia con los estadounidenses que no quieren que les boten el trabajo los que tienen todos sus derechos, los afroamericanos o los mexicoamericanos, que les dicen hispanos allá; ellos, los empleadores, prefieren migrantes sin documentos, que se ven forzados a cuidar sus trabajos; los mexicanos, por el contrario, creemos que no los necesitamos. Casi nadie en este país está esperanzado, a que los centroamericanos nos ayuden. Por tanto no entran en las listas de sujetos deseables, son indeseables.

Pero como digo, a ellos mismos, a los migrantes, no les interesa un comino México; sino como una forma de tránsito rápida y de pesadilla, entre su vida de origen y el paraíso que se imaginan que es vivir con los gringos.

Así que menudo problema tenemos como mexicanos.

Tenemos que seguir una política totalmente ajena e innecesaria para México, cuidar que no lleguen -quienes no deberían ni pasar por nuestro país-, al destino donde los necesitan para lavar excusados y limpiar cocinas de llenas de cochambre.

Porque los jefes de donde requieren a los migrantes, no los quieren, ni de esclavos; porque ya le ven a su incorporación consecuencias irreversibles en los sistemas de salud, de educación y del rumbo que se supone tienen como nación de poder.

Así que aunque se meten de pasada, aún con esas adversidades inherentes a esa intromisión, se tienen que tomar decisiones y gastar dinero, de algo que no nos compete en ninguna manera.

Igual que las drogas que esclavizan a los consumidores del otro lado, se les tiene que combatir afuera; porque adentro, ellos, los consumidores, léase viciosos, no tienen frenos reales ni morales, porque esa nación ha ido pateando sus trabillas morales y por el contrario, promueve en los medios y en la cultura, la adicción como sustento de la razón de la existencia gabacha. La libertad de la autodestrucción como derecho propio e inalienable.

Así que Estados Unidos exige, pero no ayuda a explicar, con claridad todo el andamiaje que conocen ellos perfectamente, para que de pronto lleguen a las fronteras del sur: africanos muy bravos, y musulmanes acelerados que no fueron impedidos en todo su trayecto, evitando a tantos aliados inútiles, que tienen los vecinos del norte; y de pronto, se meten a México, con los argumentos falsos y las palabras mágicas, de ser refugiados que buscan asilo político.

¿Porqué no se señalan los regímenes con los cuáles México o Estados Unidos no tienen relaciones para que fueran congruentes con el asilo?, ¿o qué gobiernos son los sancionados reiteradamente por la ONU -que, por cierto, no sirve para nada en la actualidad- como para tener una razón aceptada de ese hipotético asilo?

¿De qué se trata? ¿Es una farsa? ¿O como sucedió con los mexicanos que alegaban asilo político en Canadá? Puro cuento.

Hay que ponderar el interés y lo que quiere la gente de aquí, no los líderes profesionales de las organizaciones civiles que viven de defender lo indefendible y si es ilegal, mejor.

El gobierno mexicano debe ser claro: México, no debe ser pasillo de nadie, y no queremos una migración que tampoco quiere asimilarse a nosotros.

La primera pregunta: ¿ya resolvimos los asuntos propios?

La línea debe ser explícita y sin eufemismos, nadie nos obliga a adoptar lo “políticamente correcto” que va a hacer de nuestro país, un vasto campo de gente que no sabe que hacer con su vida; cuyas únicas coincidencias entre ellos, son: no querer vivir en su tierra, pero tampoco en la nuestra.