4T: le quitan la T

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Ah-Muán Iruegas.

Luego de la firma del acuerdo migratorio México-Estados Unidos, que algunos consideran una capitulación, resulta obligado revisar sus efectos. Ante todo: el acuerdo mella el poder transformador de la 4T, que resulta muy disminuido.

Además de las consecuencias del acuerdo sobre los derechos humanos, que serán negativas para los migrantes, el acuerdo internacional es de tal importancia, que llega a impactar la capacidad general de maniobra del gobierno obradorista.

De inicio, la capacidad transformadora de un gobierno de izquierda, siendo vecinos de los Estados Unidos, resultaba sumamente limitada. Si a eso agregamos que el señor presidente no es un brillante protagonista en el plano internacional, disminuye aún más tal capacidad. Si además, AMLO y su canciller se contratan como “asistentes” de los estadounidenses –lacayos del imperialismo, les dicen los izquierdistas- el fracaso está asegurado.

A partir de hoy, la Cuarta Transformación puede ser sencillamente cosmética. Trump no va a permitir en México ninguna transformación profunda, que no vaya de acuerdo con los intereses generales de los estadounidenses. A esto se agrega que Trump tampoco va a permitir nada que afecte a su campaña electoral. Es decir, la 4T queda herida, hasta noviembre de 2020, cuando se celebren las elecciones presidenciales en los Estados Unidos.

En segundo lugar, el acuerdo causó el primer cisma entre morenistas de relieve. Porfirio Muñoz Ledo, implacable, llamó “colonial” al estado en que Marcelo Ebrard colocó a México.

El actuar irreflexivo de AMLO, por su parte, lo llevó a realizar una concentración en Tijuana, para que el pueblo aplaudiera las negociaciones de Marcelo. Pero hete aquí que Muñoz Ledo le enderezó un varapalo al canciller a medio festejo, y dijo que México le está haciendo un “oscuro favor” a los Estados Unidos.

Antes del acuerdo, Morena estaba relativamente unida –sólo había renunciado el director del IMSS, Germán Martínez y otros personajes menores. Muñoz Ledo, sin necesidad de renunciar a su cargo –ni de cuestionar al señor presidente de manera directa- dio un certero golpe a los impulsos entreguistas o excesivamente débiles del canciller mexicano y su jefe.

Sin embargo, el golpe de Muñoz Ledo evidencia una fisura al interior de Morena o del obradorismo, pues ya hay dos posturas sobre cómo enfrentar a los Estados Unidos. La postura de Muñoz Ledo es claramente nacionalista, frente a los entreguistas o “modernos”, encabezados por Marcelo Ebrard.

De modo que Morena, a pesar de lo que digan los morenistas, también resultó dañada gracias a la política exterior de Don Marcelo. Marcelo, secretario de Obrador, dividió precisamente al obradorismo.

Por su parte, haber fallado en su resistencia al gobierno proto-fascista de Trump, coloca a la 4T como aliados -o en el extremo, vasallos- de un fascista o populista radical. Y por lo tanto, la 4T pierde como dijimos la T de “Transformación”, pero ahora se coloca “otra T”: la T de Trump.

Es relativamente fácil, para cualquier político, articular un discurso nacionalista eficaz. El nacionalismo es una fuerza primaria, que moviliza a la población de casi cualquier país. Pero la ineptitud de la dirigencia de Morena fue tal, que de la convocatoria presidencial se deslindaron varios empresarios y algunos intelectuales. No le creyeron a AMLO ni su “rollo pseudonacionalista”, ni sus puestas en escena como las de Tijuana. Parte del error en esa ciudad, consistió en invitar a grupos religiosos sin fuerza o representtividad nacionales. Por andar en política de la minucia, AMLO no puso en el centro a la religión mayoritaria –la católica- y no logró la unidad nacional alrededor suyo.

De modo que hablaron en Tijuana algunos lidercillos religiosos, sin importancia política alguna. AMLO los quiso “placear”, aparentemente porque está pensando fortalecer a las iglesias allí invitadas; lo cual, inevitablemente, pondrá en guardia a las otras iglesias y generará aún menos unidad nacional.

AMLO tuvo la oportunidad de enfrentarse a Donald Trump, el único enemigo claro que tiene México. Y en lugar de resistir o buscar dañarle de alguna forma, AMLO a través de su canciller evadió el enfrentamiento, en una de las actitudes más timoratas de la historia del obradorismo. AMLO y Enrique Peña compiten hoy para determinar cuál de los dos se sometió más a Donald Trump. Creo que estamos ante una cerrada competencia.

Por otra parte, como AMLO estuvo durante meses agrediendo a la mitad de la prensa y de sus adversarios, en el momento en que pidió apoyo de su sociedad, dicho apoyo le fue parcialmente negado. Lo cual es un signo de que AMLO está perdiendo cierto liderazgo, o que éste no está suficientemente cohesionado. El cuestionamiento del liderazgo de AMLO, vino del propio Muñoz Ledo, quien sin mencionar al primero, presenta una postura de crítica frontal a la política del gobierno.

Adicionalmente, la reacción del presidente al llamar ahora “cretinos” a sus adversarios, refleja una incapacidad para argumentar, digna de sus propios epítetos. Esta falta de capacidad de AMLO, tiene consecuencias nacionales: como resultado de sus recurrentes improperios y sus políticas erradas, AMLO falló al convocar a la unidad nacional en Tijuana.

Tales políticas han mermado la legitimidad del Ejecutivo. Los morenistas presumen a cada momento, que tienen una gran legitimidad porque obtuvieron 30 millones de votos. Pero eso sólo habla de la legitimidad de origen. También existe la legitimidad de ejercicio, la cual ha mermado con el citado acuerdo migratorio, debido al cuestionado ejercicio del poder por parte de AMLO, frente a Trump. Críticas aún más serias y deslegitimadoras, por venir desde dentro de Morena.

La principal objeción que tengo a la política migratoria de AMLO-Marcelo, es de orden práctico y es muy sencilla: esa política migratoria mexicana, trabaja en favor de la reelección de Donald Trump.

En otro plano, la pretensión obradorista de que Estados Unidos pague su programa de desarrollo centroamericano, resulta ridícula. Trump, al menos mientras esté en campaña, no va a hacer donaciones a los “ilegales”, como él los llama, porque eso le resta votos. Si acaso los yanquis van a cooperar, lo harán con unos centavos o con una cantidad ridícula, para una propuesta igualmente ridícula -por falta de realismo- del gobierno mexicano. Si México quiere apoyar a Centroamérica, lo debe hacer con sus propios recursos y algunos pocos invitados, como los países europeos.

En el plano jurídico, hay otro problema. Todo lo que está haciendo Marcelo Ebrard en materia migratoria, se puede anular por la vía legal. Pues Marcelo está excediendo el régimen de las “facultades expresas”, que rigen el actuar de toda autoridad. A diferencia de los particulares, que pueden hacer todo lo que la ley no les impide, las autoridades sólo pueden hacer lo que les autoriza o faculta la ley. Y en ninguna ley mexicana se dice que el canciller puede ejecutar la política migratoria.

El entuerto se originó porque, hasta donde ha trascendido, en la Secretaría de Gobernación los obradoristas sí tuvieron inicialmente una postura nacionalista o transformadora, frente al gobierno de los Estados Unidos. El señor Tonatiuh Guillén, ex jefe del instituto de migración, así como la exministra Olga Sánchez Cordero, tuvieron ante el gobierno de Trump una postura de independencia, digna de encomio. Pero eso causó que los yanquis promovieran el veto de Guillén y de Cordero, y por eso ambos fueron ignorados en el acuerdo; ni siquiera participaron en las reuniones de Marcelo, en Washington.

Con lo anterior, vemos que ya hablamos de dos y no una fractura al interior de Morena. Una primera división entre Marcelo y Muñoz Ledo, y otro pleito entre el canciller y el grupo de Olga Sánchez Cordero. Pero detrás de Marcelo, está AMLO, quien lo mantiene en el puesto y por tanto, sostiene sus políticas.

Por ello y a pesar de todo, el canciller de México se ha colocado, así sea momentáneamente, en el centro de la política nacional. Algo que hace muchos años, no ocurría.