Amigo…. primero la casa

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

La convicción de humanitarismo es no sólo loable, como dijo López Obrador, es un mandamiento de Cristo: “amen a sus prójimos”, pero también dice la Escritura que: “es mejor un vecino cerca que un hermano lejos”.

No se nos piden imposibles, aunque parezcan interpretarse de ese modo, los preceptos cristianos. Son claros como ese también de Jesucristo, llamado “la Regla de Oro”: “…todo lo que quisieran que los hombres hagan con ustedes, eso mismo haced vosotros con ellos” de lo que deriva el apotegma juarista, del “respeto al derecho ajeno es la paz”.

De la sabiduría divina emana la sabiduría humana cuando es eso, y no una simulada forma de astucia que envuelve otras intenciones.

Trump y su pueblo están en su derecho de admitir a su país, como nosotros, a quienes nos parezca correcto darles entrada. No podemos forzarles a adoptar la misma escala de valores que tenemos o, mejor dicho, la que nuestros jefes políticos tienen.

En nuestra casa marcamos reglas para los propios y si alguien nos visita, o le dejamos entrar a nuestro hogar, se espera que esas mismas reglas sean respetadas, en tanto están en un lugar que no es el suyo. Así de claro. Si las reglas domésticas, los foráneos las perciben inaceptables, sólo tienen una opción: salir por la puerta que entraron.

Menos puedo yo promover a que terceros se metan a la casa del vecino y lo obliguen a aceptarlos sin su consentimiento expreso, sólo porque éstos tienen problemas afuera, en otro sitio y quieren entrar a esa casa, a como de lugar.

Claro está que hay gente que sufre, de hecho, todo el mundo sufre de una u otra manera, y gente que padece por causas políticas, que a decir del Presidente, son hondureños que tienen problemas en su país.

Por cierto, es destacable que se subraye el origen prioritario de esos problema que también verbalmente hizo extensivo a Guatemala y a El Salvador, otras naciones que no recientemente; sino desde que se zafaron del imperio mexicano de 1821, quedaron a deriva como toda América Central, menos Chiapas que sigue con nosotros; dado que sus élites políticas prefirieron estar bajo la amenaza filibustera angloamericana, que compartir un destino con México. Ya van a cumplirse dos siglos de esa decisión que sumió a las repúblicas del istmo americano, peyorativamente llamadas bananeras, en la inviabilidad nacional.

Porque la historia nos demuestra que con voluntarismos no se hace política, al contrario se pierde en la política.

También ya vamos a cumplir en el 2021 dos siglos los mexicanos de mala dirección, porque en ese tiempo, México era la tercera potencia territorialmente hablando mas grande del mundo, sólo después de Rusia y China, las que siguen siendo desde entonces la primera y ahora tercera, porque se afirma que la segunda es Canadá, con mayores extensiones, mientras que nosotros, en el rasero de los resultados somos la del lugar 14. No se gana perdiendo, y en política menos por menos, da menos, no más.

Y tampoco se trata de ser amigos por la amistad misma. Porque Juárez se hizo “amigo” de los estadounidenses, de Lincoln, en la medida que nunca reclamó que nos quitaron con alevosía la mitad del territorio y no sólo eso, hasta les cedía el istmo de Tehuantepec. Tampoco podemos ser concordistas con pérdida.

¿Y si son los hondureños el problema por qué no se plantea en ese contexto el asunto? Con sus autoridades directamente.

¿Entonces qué hacen africanos, asiáticos y diversas nacionalidades, entre ellas los cubanos, que agarran para el rumbo de México sus anhelos de llegar al american dream, como sea?; porque ellos, obviamente no quieren estar con nosotros, nos desprecian y en realidad no los necesitamos; de hecho con su actitud antimexicana, como se ve en reportajes y videos, nos estorban.

Ellos, los migrantes, quieren estar en el mundo güero, de lava escusados o de sicarios, les da igual, no tienen rieles morales; sólo tienen el aferrarse a adquirir una vida social impuesta, que prefieren a la propia por cierto indefinida; lamentablemente también muchos mexicanos, prefieren quemar naves, antes que cargar con la responsabilidad de transformar nuestra realidad. Por eso lo de buscar asilo es muy relativo. Muy pocos lo necesitan vitalmente; la mayor parte de los casos, son cuentos chinos largos y enredados.

Por esas causas difusas, ¡claro que México no va a perder dinero ni empleos!

Porque ni hablar que en una guerra comercial se pierde. Imagínese si China la piensa con cada golpe que les asesta Trump; y en los noventas decían aquí en México, que Japón les pisaban los talones a los gringos y que pronto serían rebasados, y ¿en dónde está Japón ahora? Me dirán que bien, si bien, pero sin soñar en ese subliderato que se les escapó o que nunca fue.

Así que hay que parar a la gente que no tiene nada que hacer aquí y que tampoco quieren quedarse, repito con nosotros.

Hay que ser congruentes viendo la realidad con quienes nos tocaron de vecinos y no esperar que Santa Claus opere y se caiga Trump, que pierda o que otros, los congresistas estadounidenses, nos defiendan. El país es nuestro de nadie más.

Mientras tanto los empresarios ya deben comportarse como mayorcitos y si se salvan del arancel, a ver si entienden que deben seguir jugando con México, porque es el que les da a ganar, y no su corazón ambiguo que les hace poner en la canasta del vecino las ganancias y no en la casa que las necesita. Que se definan sin medias tintas y que primero piensen todos en la casa, la nuestra, la casa que debe ser primero….

¿Será muy difícil?