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Ojalá y así sea

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Marissa Rivera.

Se cumplió un año de los 30 millones de votos que dieron a Andrés Manuel López Obrador un aplastante triunfo en las elecciones del 1 de julio de 2018.

La elección del castigo para un partido que, durante el último sexenio, subestimó la segunda oportunidad que los mexicanos le dieron, luego de la derrota de Francisco Labastida, frente a Vicente Fox en 1999.

El hartazgo social y la frustración de los electores contra el Partido Revolucionario Institucional, aunado al persistente deseo de Andrés Manuel López Obrador de encabezar al país, llevó a una nueva alternancia en el poder.

Sin embargo, hay un pendiente de justicia ante la grotesca corrupción e impunidad que se dispararon durante la administración de Enrique Peña Nieto.

Parecería que temas como la Casa Blanca, la Estafa Maestra, Odebrecht o las plantas chatarra como Fertinal o Pajaritos, entre otras, quedarán en el anecdotario.

¿Para cuándo la aplicación de la ley a quienes se sirvieron con la cuchara grande en actos de corrupción en el anterior sexenio?

Ojalá y ése sea uno de los 22 compromisos que, como dijo el presidente, en el Zócalo, aún no se cumplen.

Su discurso de campaña fue enfrentar la corrupción y la impunidad. Sí, se han realizado acciones que, gusten o no, incluso hasta polémicas, han sido parte de la lucha anticorrupción. Pero han pasado 7 meses y muchos de los posibles responsables, sin el menor sonrojo, andan entre bailes, viajes y lujos, quitados de la pena.

La Unidad de Inteligencia Financiera anda muy activa, pero no vemos acciones que demuestren que los responsables tendrán castigo. La Fiscalía General de la República prometió resultados que aún no aparecen. Sí, es muy pronto, así que habrá que seguir con la paciencia.

Lamentablemente, estamos acostumbrados a que un error de procedimiento o del debido proceso echen abajo casos que tuvieron un gran impacto mediático.

Ojalá y en esta administración no sea así.

Aún sin una acción que legitime que no habrá intocables en materia de corrupción, el presidente mandó un mensaje el lunes: su inquebrantable popularidad. Celebró su triunfo con un Zócalo lleno (acarreados o no), ahí estaba la imagen, la foto de su recinto fiel, que nunca le falla.

Ahí hubo tres datos, que no hay que perder de vista.

Dijo que, a finales de este año, en diciembre, es decir, en seis meses, se terminará de desterrar al régimen corrupto.

Aceptó que hay pendientes en Salud, Economía y Seguridad.

Y dijo que no se trata de una lucha para construir una dictadura, sino una auténtica democracia.

Pues ojalá y así sea.